Varios gobiernos europeos han acelerado medidas de preparación militar y civil ante el temor de que Rusia amplíe la guerra más allá de Ucrania y llegue a enfrentarse de forma directa con países de la OTAN.
Uno de los focos de preocupación es el corredor de Suwałki, una franja de unos 105 kilómetros entre Polonia y Lituania que conecta por tierra a los países bálticos con el resto de la alianza. La inquietud aumentó después de un amplio ejercicio militar de Bielorrusia cerca de esa zona.
En el Reino Unido, las autoridades pidieron a la población que considere preparativos básicos para una situación de guerra, entre ellos reservas de alimentos enlatados y agua potable. El jefe del Estado Mayor de la Defensa británico advirtió que el país atraviesa su periodo de mayor peligro en varias décadas.
Alemania comenzó a adaptar su sistema sanitario y sus hospitales para una eventual llegada masiva de heridos. El canciller Friedrich Merz advirtió sobre decisiones críticas para la seguridad del continente. En Polonia, el primer ministro Donald Tusk planteó el riesgo de ataques rusos con drones y misiles presentados como accidentes.
Francia convocó una sesión de inteligencia para revisar nuevas medidas de protección de infraestructura crítica. Suiza, pese a su tradición de neutralidad, adoptó una nueva estrategia de seguridad nacional destinada a reforzar su capacidad de resistencia y defensa ante un ataque armado.
Estados Unidos también ha reforzado su atención sobre Europa oriental. El presidente Donald Trump anunció avances hacia una base permanente del ejército estadounidense en Polonia. Dos semanas antes, el director de la CIA había viajado a Moscú en una misión secreta para advertir al Kremlin sobre cualquier acción contra territorio de la OTAN.
La preocupación estadounidense también incluye actividades atribuidas a redes de inteligencia rusas. Esta semana, fiscales de Estados Unidos acusaron a cinco personas de participar en una red que preparaba asesinatos y ataques contra infraestructura civil y militar en Europa y América. El caso se suma a otros episodios asociados con operaciones en la llamada zona gris, entre ellas ciberataques, sabotajes, incendios y penetraciones de drones.
El corredor de Suwałki concentra una parte importante de los escenarios de defensa de la OTAN. Un control ruso o bielorruso sobre esa franja podría cortar la conexión terrestre de Lituania, Letonia y Estonia con el resto de la alianza. Entre los escenarios que preocupan a los responsables de seguridad figura una incursión limitada acompañada de amenazas de escalada nuclear para dificultar una respuesta colectiva.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha sostenido que un ataque contra la alianza recibiría una respuesta contundente. Al mismo tiempo, los gobiernos europeos revisan si sus sistemas civiles podrían soportar un conflicto prolongado, con especial atención a redes eléctricas, hospitales, comunicaciones alternativas y capacidad de respuesta social.
La OTAN actualizó sus requisitos de resiliencia nacional a partir de las lecciones extraídas de la guerra en Ucrania. El esfuerzo coincide con una mayor presión sobre las fuerzas estadounidenses por sus compromisos frente a Irán en Oriente Medio y frente a China en el Pacífico.
Durante las tres décadas posteriores al final de la Guerra Fría, muchos países europeos redujeron presupuestos de defensa, disminuyeron el tamaño de sus ejércitos y relegaron capacidades de defensa civil. La invasión rusa de Ucrania y el aumento de las operaciones híbridas atribuidas a Moscú han impulsado un cambio de enfoque.
En ese contexto, el corredor de Suwałki sigue como uno de los puntos más sensibles para la defensa europea porque su interrupción aislaría por tierra a los tres Estados bálticos y pondría a prueba el sistema de defensa colectiva de la OTAN.










