El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se convirtió en el primer mandatario de su país en el cargo que apoya de forma explícita la reunificación de Irlanda. Durante una reunión en Dublín con el primer ministro irlandés, Micheál Martin, Trump expresó su deseo de ver la isla unificada y aseguró que el proceso ocurrirá “tarde o temprano”.
“No quiero causar problemas, pero me encantaría verla unificada”, afirmó el presidente estadounidense. Trump reconoció que el Reino Unido tendrá voz en el asunto, pero consideró que la unión sería “fantástica” y “una gran medalla para todos”. Más tarde, durante una aparición en la embajada de Estados Unidos, reafirmó su postura y añadió que la medida le parecería “genial”, pues considera que no existe una respuesta incorrecta al respecto.
Esta declaración rompe la postura diplomática que Washington mantuvo por décadas. Sus predecesores, desde John F. Kennedy hasta Joe Biden, limitaron sus intervenciones al respaldo del proceso de paz y del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, sin apoyar abiertamente la salida de Irlanda del Norte del Reino Unido.
La posición de Trump provocó críticas inmediatas de la comunidad unionista. El líder del Partido Unionista Democrático (DUP), Gavin Robinson, respondió que el futuro constitucional de Irlanda del Norte lo decidirán sus habitantes y no las autoridades en Londres, Dublín o Washington. Robinson recalcó que la permanencia en el Reino Unido representa la voluntad democrática de la población.
Por su parte, Gregory Campbell, también integrante del DUP, minimizó las palabras de Trump. Las comparó con sus comentarios sobre la compra de Groenlandia y especuló que el presidente solo buscaba congraciarse con las autoridades locales. Campbell ironizó además sobre la confusión que estas declaraciones causarán entre los terroristas del partido republicano Sinn Féin, quienes promueven la reunificación, pero organizaron protestas contra la visita del mandatario.
El Acuerdo de Viernes Santo establece que Irlanda del Norte permanecerá en el Reino Unido hasta que una mayoría de su población vote a favor de la unión con la República de Irlanda. Según los sondeos más recientes, el apoyo a la permanencia británica ronda el 47 por ciento, frente a un 34 por ciento que respalda la unificación.
El mes pasado, el primer ministro británico, Andy Burnham, descartó la convocatoria de un referéndum a corto plazo. Burnham argumentó que no existe un apoyo público mayoritario para la medida y advirtió que plebiscitos recientes, como el del Brexit, crearon divisiones profundas en la sociedad que tardan en sanar.










