Las autoridades de Estados Unidos sospechaban que Israel preparaba el asesinato de los principales representantes diplomáticos de Teherán durante las delicadas negociaciones de paz indirectas celebradas esta primavera, informó el jueves The New York Times.
Según el diario, los asesinatos selectivos de dirigentes iraníes continuaron como una pieza central de la estrategia militar israelí desde el inicio de las hostilidades, el 28 de febrero, tras el ataque aéreo en el que murió el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Sin embargo, la preocupación de Washington aumentó de forma considerable en abril.
Washington temía un ataque israelí contra altos representantes iraníes durante las negociaciones indirectas de paz, según informó The New York Times.
Las alertas se concentraban en dos figuras concretas: Abbas Araghchi, ministro iraní de Asuntos Exteriores, y Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento. Ante el temor de que sus muertes frustraran la frágil vía diplomática y reactivaran una guerra a gran escala, la Administración Trump adoptó una medida extraordinaria: pidió a sus socios regionales que advirtieran a Teherán, de acuerdo con el Times.
La tensión evidenció una brecha profunda entre los objetivos bélicos de los aliados. Estados Unidos buscaba alcanzar un acuerdo de paz, mientras Israel mantenía una postura muy crítica frente a las concesiones diplomáticas.
Los riesgos de seguridad para los negociadores eran especialmente altos. Ghalibaf ya había sobrevivido en dos ocasiones tras ser rescatado de entre los escombros: primero durante la guerra de 12 días de junio de 2025 y luego este año, en un ataque contra un búnker.
De acuerdo con el Times, la amenaza se concretó durante el vuelo de regreso de una reunión con el vicepresidente JD Vance en Islamabad. El avión de Ghalibaf, escoltado por cazas pakistaníes hasta la frontera, recibió información de que dos cazas israelíes habían violado el espacio aéreo occidental de Irán, cerca de Irak, con el propósito de interceptarlo.
La aeronave hizo un desvío de emergencia hacia Mashhad, por lo que los diplomáticos tuvieron que completar por tierra un trayecto de ocho horas hasta Teherán. Pese a los riesgos persistentes, la delegación iraní mantuvo sus desplazamientos internacionales y celebró reuniones posteriores en Qatar y Suiza.