Mientras buena parte de la atención estratégica de Israel permanece centrada en las amenazas procedentes del este, en el Mediterráneo oriental avanza otra dinámica con implicaciones de seguridad, energía y logística. Israel, Grecia y Chipre aparecen como el núcleo de una red regional que también podría incorporar de forma más estrecha a Egipto.
El trasfondo es el interés europeo por consolidar una ruta marítima y terrestre entre Oriente y Europa. En ese esquema, el Mediterráneo oriental puede convertirse en la salida occidental del corredor IMEC y en un punto de tránsito para mercancías, energía e infraestructura. Israel y sus socios helénicos ocuparían una posición central dentro de esa conexión.
Egipto mantiene una política de equilibrio. El Cairo aprobó una cooperación industrial y militar amplia con Turquía que incluye producción conjunta de drones, municiones y sistemas navales en territorio egipcio. El objetivo es ampliar su autonomía tecnológica.
Al mismo tiempo, Egipto marcó límites frente a Ankara. La cumbre trilateral celebrada en El Alamein con Grecia y Chipre, junto con la decisión de enviar una fuerza militar egipcia al desfile por el Día de la Independencia de Chipre el 1 de octubre, refuerzan el vínculo de El Cairo con el bloque grecochipriota. El mensaje es que la cooperación industrial con Turquía no sustituirá las alianzas marítimas y energéticas de Egipto con Grecia y Chipre.
Israel también busca consolidar su posición en esta estructura. El presidente Isaac Herzog realizó esta semana una visita rápida a Nicosia, pocos días antes de Rosh Hashaná y en medio de la tensión con Irán. El viaje tuvo como objetivo fortalecer la relación con Chipre y reducir sus temores ante posibles movimientos diplomáticos o marítimos de Turquía.
Durante las conversaciones en Nicosia también apareció la posibilidad de que empresas israelíes de defensa examinen la apertura de centros de producción y operaciones en Chipre. Una presencia de ese tipo daría a la industria israelí acceso directo al territorio de la Unión Europea y una plataforma logística adicional. A ello se suma el intenso tránsito civil entre ambos países, con más de 200 vuelos semanales.
Herzog también habló de la posibilidad de un encuentro con el presidente del Líbano, dentro de una visión más amplia sobre el papel de Chipre en la etapa posterior a los combates.
El texto contrasta esta cooperación con la llamada “alianza de La Meca” entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán. Según el análisis, ese acuerdo no ofrece a Arabia Saudita ni a los Estados del Golfo una respuesta militar suficiente frente a las amenazas de misiles y drones procedentes de los hutíes e Irán.
Frente a ese modelo, la cooperación entre Israel, Grecia y Chipre aparece como una estructura práctica con componentes militares, energéticos e industriales y con respaldo de Estados Unidos. El argumento central es que este eje puede ofrecer continuidad logística y capacidad operativa en el Mediterráneo oriental.
Desde esta perspectiva, la transformación más duradera de la región no depende solo de la guerra con Irán y sus aliados. También se apoya en las relaciones diplomáticas, militares, energéticas e industriales que Israel, Grecia, Chipre y Egipto desarrollan alrededor del Mediterráneo oriental y de las rutas que conectan Oriente con Europa.
El autor del análisis es Amit Yagur, teniente coronel en la reserva, exsubjefe del área palestina en la División de Planificación de las FDI y exalto funcionario de inteligencia de la Marina.










