El primer ministro libanés, Nawaf Salam, visitó este miércoles Zawtar al-Gharbiya, una localidad del sur evacuada por las tropas israelíes, donde izó la bandera nacional junto a un edificio destruido y presentó el repliegue como el primer paso hacia la retirada completa de Israel del territorio libanés.
“Desde el principio hemos insistido en que nuestro objetivo es la retirada israelí completa de todo nuestro territorio”, declaró Salam. “Lo que vemos hoy es solo el comienzo, pero mantenemos nuestra determinación y firmeza, y continuaremos movilizando todos los esfuerzos políticos y diplomáticos para lograr una retirada total de todo el territorio libanés”.
Acompañado por el ministro de Defensa, libanés y altos mandos militares, Salam prometió además que el Gobierno iniciará la reconstrucción de las viviendas y la infraestructura dañadas en la localidad.
La visita se produjo un día después de que el presidente Joseph Aoun mantuviera una reunión histórica con el mandatario estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca. Durante el encuentro, Trump prometió respaldar los esfuerzos del Gobierno libanés para extender la autoridad del Estado a todo el país, aunque no precisó cómo se materializaría ese apoyo.
El repliegue israelí de Zawtar al-Gharbiya forma parte de la aplicación inicial del acuerdo firmado por el Líbano e Israel a finales de junio. El pacto contempla la retirada de Israel de la zona de seguridad establecida tras la ocupación de decenas de localidades y el despliegue del Ejército libanés en áreas del sur donde Hezbolá mantenía presencia e influencia militar.
Ambas partes acordaron posteriormente crear una zona piloto compuesta por varias localidades para evaluar el cumplimiento de esos compromisos. Aunque Israel ha realizado ataques y operaciones terrestres en esos lugares, no los ha ocupado, mientras que el Ejército libanés tampoco ha desplegado allí contingentes numerosos.
La guerra más reciente entre Israel y Hezbolá comenzó el 2 de marzo, después de que el grupo terrorista libanés disparara cohetes contra territorio israelí en apoyo de Irán, su principal aliado. Israel respondió con una campaña aérea y una invasión terrestre del sur del Líbano.
La dirigencia política libanesa acusó entonces a Hezbolá de arrastrar al país a un nuevo conflicto, al tiempo que condenó los ataques israelíes y la incursión terrestre.

Hezbolá ha rechazado el acuerdo y ha criticado al Gobierno por mantener conversaciones directas con Israel, aunque no ha tratado de frustrarlo mediante acciones militares. Sus dirigentes sostienen que la diplomacia por sí sola no permitirá obligar a Israel a retirar sus fuerzas y consideran que el Líbano carece de la capacidad negociadora de Irán.
Trump apenas aludió durante su reunión con Aoun al comienzo de la aplicación de la zona piloto. El presidente libanés y su Gobierno han reclamado a la comunidad internacional inversiones destinadas a reconstruir el país y reforzar sus fuerzas armadas.

Tras el encuentro en Washington, Aoun comunicó a congresistas estadounidenses y funcionarios del Gobierno de Trump que el Líbano está en condiciones de desarmar a Hezbolá, pero que ese proceso exige la retirada del Ejército israelí del sur, según informó la Presidencia libanesa.
Durante una cena ofrecida en su honor por la embajadora del Líbano, Nada Hamadeh Moawad, Aoun afirmó que la seguridad y la unidad del país dependen de que exista “un solo Estado con un solo Ejército que proteja a todos los libaneses”.
“Las armas de Hezbolá pueden ser retiradas si somos honestos sobre lo que eso exige realmente”, añadió. “Esto requiere el fin de la ocupación y que el Ejército asuma el control pleno”.
Israel, sin embargo, duda de que las Fuerzas Armadas Libanesas puedan desarmar por sí solas y mediante la fuerza a Hezbolá. Funcionarios israelíes también defienden que las tropas de las FDI permanezcan en el sur para conservar una zona de amortiguación que impida al grupo terrorista respaldado por Irán aproximarse a la frontera.
Aoun, excomandante del Ejército, describió durante su reunión con Trump a las fuerzas armadas como “la columna vertebral de la seguridad y la estabilidad” y como la institución que inspira mayor confianza en el país.

Cuando se preguntó a Trump si Estados Unidos ayudaría a las Fuerzas Armadas Libanesas a desarmar a Hezbolá, el presidente evitó asumir un compromiso público y respondió que abordaría el asunto en privado con Aoun.
La campaña militar israelí ha desplazado a más de un millón de libaneses desde el inicio de la guerra en marzo. Las autoridades del Líbano cifran en más de 4.300 el número de muertos, sin distinguir entre civiles y combatientes.
Israel afirmó a finales del mes pasado que había matado al menos a 2.500 miembros de Hezbolá, incluidos cientos de integrantes de la fuerza de élite Radwan.
En el sur del Líbano han muerto 38 soldados de las FDI y un contratista civil del Ministerio de Defensa. Los cohetes de Hezbolá causaron además la muerte de dos civiles, mientras que otro civil israelí murió por error en el norte debido a fuego de artillería israelí.





