Cientos de camiones forman filas de varios kilómetros en el cruce de Gurbulak, en la frontera oriental de Turquía con Irán. El paso terrestre ha adquirido mayor importancia para Teherán desde que la Marina de Estados Unidos bloquea sus puertos y limita gran parte de las importaciones y las ventas de petróleo y gas.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha pedido acelerar el comercio por tierra. Irán sostiene que la presión estadounidense no modificará su posición en las conversaciones con Washington y exige que termine el bloqueo antes de permitir que el transporte marítimo comercial vuelva a circular por el estrecho de Ormuz.
Antes de la guerra, más del 80% del comercio iraní dependía del Golfo, de acuerdo con el economista Mohammad Farzanegan. Con esa vía restringida, los cruces con Turquía y Pakistán se han vuelto esenciales para enlazar a Irán con Europa y Asia. Por esas rutas llegan mercancías necesarias para la industria petroquímica y otros sectores manufactureros afectados por ataques estadounidenses e israelíes.
La capacidad terrestre, sin embargo, es limitada. Farzanegan señaló que la infraestructura, los controles, las regulaciones y la corrupción hacen que el tránsito sea más lento y difícil, por lo que estas rutas no pueden sustituir el volumen perdido por el bloqueo marítimo.
En Gurbulak, el tiempo de espera de los camiones se ha multiplicado por más de cuatro desde el inicio de la guerra, de acuerdo con datos de la Asociación Internacional de Transportistas de Turquía. Amir Roshanbakhsh Ghanbari, subdirector de una agencia iraní de promoción comercial, afirmó que la frontera recibe ahora unos 1.200 camiones en lugar de 200 y que el país de destino carece de capacidad para procesar ese volumen.
Un reportero de AP vio trabajos para añadir carriles en el lado turco. Dos empleados de una autoridad vial local dijeron que las mejoras forman parte de un plan de infraestructura de tres años. Ersin Simsek, representante de la Asociación Internacional de Transportistas en Gurbulak, indicó que la aduana turca redujo de 30 a 22 días la espera de los vehículos que llegan desde Irán tras aumentar los carriles en las estaciones de medición de combustible y duplicar los equipos de rayos X.
Los camioneros describen esperas que afectan directamente sus ingresos. Muhammed Rıza Shiri, de 55 años, llevaba cuatro días detenido con una carga de caucho y dijo que antes el máximo habitual era de tres días. Akbar Sadigi, de 42 años, afirmó que las demoras redujeron sus viajes de dos al mes a uno y que ahora gana la mitad. También dijo que el combustible para su camión cuesta un 25% más que en su viaje anterior.
Los conductores señalaron que las colas son todavía mayores en el lado iraní, con esperas de entre 12 y 25 días durante el último mes. Akbar Yahyai, que transporta desde piezas de maquinaria hasta componentes químicos, llevaba cuatro días detenido y denunció la falta de baños y duchas para quienes esperan en la zona.
Un canal de Telegram vinculado a asociaciones de camioneros iraníes contiene numerosas quejas por el aumento de los costos de combustible, mantenimiento, neumáticos y repuestos, además de la caída de las cargas disponibles y de los ingresos.
La presión sobre el transporte coincide con un deterioro de la economía iraní. La agencia de estadísticas del país registró una contracción superior al 10% en los tres meses posteriores al 20 de marzo frente al mismo periodo del año anterior. La economía no petrolera cayó 4,6%, mientras el rial perdió valor y la inflación aumentó desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
Irán y Pakistán también buscan ampliar el tránsito terrestre. El ministro del Interior iraní, Eskandar Momeni, dijo que ambos países planean mantener abiertos los pasos fronterizos las 24 horas y que existe un acuerdo para abrir un nuevo cruce en Kuhak.










