La destrucción del sistema de túneles estratégicos en la cordillera de Ali Taher habría abierto una crisis de confianza entre Teherán y la dirección de Hezbolá. El diario libanés Nidaa al-Watan informó que altos cargos de la Guardia Revolucionaria transmitieron a Naim Qassem su descontento por su gestión y decidieron reducir sus atribuciones en asuntos sensibles.
Según las fuentes citadas por el periódico, Hossein Taeb comunicó a Qassem la decisión después de una serie de fallos operativos y de la reciente escalada en el sur del Líbano. El episodio de Ali Taher aparece como uno de los factores centrales de esa evaluación.
El mismo reporte sostiene que parte de las funciones de Qassem pasaron a manos de Ali al-Abbas, un alto cargo de la Guardia Revolucionaria que habría recibido un papel mayor en la conducción de Hezbolá y en la definición de su política de seguridad.
Teherán amplía su control directo sobre la dirección de Hezbolá
Nidaa al-Watan relaciona estos cambios con un nuevo esquema de supervisión que Irán impulsa en el Líbano. El diario afirma que Taeb, exjefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria y actual responsable de las fuerzas Basij, fue quien transmitió personalmente el mensaje a Qassem.

Fuentes diplomáticas occidentales citadas en la publicación aseguran que Taeb no considera a Qassem capaz de ocupar el lugar de Hassan Nasrallah ni de ejercer el mismo nivel de autoridad interna que su predecesor.
Esas fuentes también afirman que, después del alto el fuego de finales de 2024, la Guardia Revolucionaria envió cerca de 100 oficiales al Líbano para supervisar el entrenamiento, acompañar el rearme y reorganizar la estructura de combate de Hezbolá.
El informe sostiene que, desde la perspectiva de Teherán, el arsenal y la infraestructura militar de Hezbolá forman parte de su sistema regional de disuasión. Por eso, la presencia de figuras como al-Abbas en posiciones con poder de decisión apuntaría a un control iraní más directo sobre la organización.
La pérdida de Ali Taher aumentó la presión sobre Qassem
El complejo subterráneo de Ali Taher, cerca de Nabatieh, había sido construido durante años y funcionaba como centro de mando, puesto operativo y depósito de armamento estratégico. El texto señala que la instalación, financiada y orientada por Irán, quedó destruida mediante cientos de toneladas de explosivos.
La pérdida de ese enclave y las dificultades de Qassem para consolidar una dirección fuerte habrían aumentado la impaciencia en Teherán. El periódico presenta la reducción de sus atribuciones y la mayor intervención de Taeb y al-Abbas como parte de una nueva etapa en la que Irán busca asumir un control más directo sobre las decisiones de Hezbolá.










