La exministra Ayelet Shaked recordó el jueves una costumbre que acompañó sus campañas electorales durante quince años: dedicar los fines de semana de shabat a visitar sinagogas y encontrarse con comunidades religiosas de Israel. A dos semanas de las próximas elecciones, señaló que esta será la primera ocasión en ese periodo en que no recorrerá Petah Tikva, Givat Shmuel y otras localidades como solía hacerlo.
En Petah Tikva, especialmente, su agenda reunía numerosos encuentros. Entre una sinagoga y otra, recorría las calles a pie y conversaba con miles de personas de distintas edades y corrientes religiosas. Algunas se sorprendían al verla tomar la palabra en una sinagoga por ser mujer. Shaked recordó, sin embargo, que siempre le permitieron hablar y que la recibieron con generosidad y alegría.
El ritmo de aquellas visitas podía parecer agotador. De hecho, le preguntaban con frecuencia cómo soportaba tantas actividades y caminatas. Para ella, la experiencia era agradable. Disfrutaba del shabat, del trato con las personas, de su compañía y de los desplazamientos entre los lugares de reunión.
La reflexión no se limitó a los recuerdos de sus recorridos. Shaked también comparó el ambiente de aquellas campañas con la situación pública y política actual. A su juicio, entonces era posible discutir durante unas elecciones sin odio y con respeto entre quienes discrepaban, mientras que hoy observa una polarización social que describió como aguda y venenosa.
Al finalizar, expresó su deseo de que la sociedad israelí recupere una forma de debatir en la que las diferencias se traten con respeto mutuo. Manifestó también su confianza en que esos días volverán.










