Un caza italiano desplegado en la misión de defensa antiaérea de la OTAN derribó poco después de la medianoche del 15 de septiembre un dron no identificado sobre Lituania. La aeronave habría ingresado al espacio aéreo aliado desde la dirección de Bielorrusia y fue destruida cerca de Pratkūnai, en el sur del país.
Las autoridades habían emitido antes una alerta por drones para Vilna y sus alrededores. El origen y el tipo de aparato aún no habían sido establecidos. En la zona del impacto se localizaron restos dispersos sobre el terreno, con componentes de madera y otras piezas carbonizadas.
El incidente constituye un caso poco habitual en el que la defensa antiaérea de la OTAN pasó de la detección de una aeronave desconocida a su destrucción dentro del territorio de un país miembro. La decisión se produjo antes de conocer la procedencia del dron, en un entorno donde los sistemas no tripulados, la guerra electrónica y las alteraciones de navegación complican la identificación rápida de amenazas.
La aeronave italiana empleada en la interceptación no fue identificada. La opción considerada más probable es un Eurofighter F-2000 Typhoon, ya que Italia asumió el 31 de julio su actual rotación de Policía Aérea del Báltico en Šiauliai con ese modelo. Tampoco se informó qué arma se utilizó para derribar el dron.
Los cazas italianos forman parte de la alerta de reacción rápida de la OTAN, que mantiene aeronaves y tripulaciones disponibles de forma permanente para responder a incursiones o contactos aéreos sin identificar. Las operaciones desde Šiauliai se coordinan con el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Uedem, en Alemania, dentro de la estructura de mando aéreo de la Alianza.
El episodio ocurre dos días después de otra alerta en Lituania. En ese caso, el aeropuerto de Vilna cerró de forma temporal y un caza despegó desde Šiauliai, pero la investigación visual determinó que el contacto detectado por radar correspondía a aves. También se habían registrado intercepciones de drones errantes sobre Estonia en mayo y Letonia en junio y agosto.
La sucesión de incidentes ha ampliado las exigencias de la defensa antiaérea del Báltico. Las misiones de policía aérea, orientadas durante años a interceptar aeronaves militares sin plan de vuelo, transpondedor o comunicaciones, afrontan ahora blancos no tripulados de menor tamaño y más difíciles de clasificar con rapidez.










