El Ejército de Estados Unidos solicitó fondos para comprar 1.134 Misiles de Ataque de Precisión PrSM y elevar de forma sustancial la adquisición de lanzadores M142 HIMARS en el presupuesto del año fiscal 2027, dentro de su plan para reforzar los fuegos de largo alcance.
El pedido presupuestario prioriza misiles PrSM y lanzadores HIMARS para ampliar la capacidad de ataque profundo del Ejército estadounidense contra objetivos críticos a mayor distancia.
La partida destinada al programa PrSM incluye 1.200 millones de dólares en fondos discrecionales y otros 692 millones en fondos obligatorios. Ese financiamiento cubriría la compra de misiles y contenedores de lanzamiento, componentes necesarios para sostener la modernización de las capacidades de precisión terrestre.
El PrSM está destinado a reemplazar al ATACMS, un misil táctico más antiguo empleado por el Ejército estadounidense. Su ventaja operativa principal consiste en permitir la carga de dos misiles en el espacio que antes ocupaba un solo ATACMS, lo que duplica la cantidad de proyectiles disponibles por vaina en los lanzadores HIMARS y M270 MLRS.
La solicitud también contempla un fuerte incremento para nuevos HIMARS. La financiación pasaría de 62 millones de dólares en el año fiscal 2026 a 746 millones en 2027, una subida que apunta a ampliar la capacidad de fuego de precisión en distintos teatros y no solo a engrosar inventarios de municiones.
PrSM y HIMARS amplían el ataque profundo estadounidense
El objetivo militar es disponer de más medios para atacar puestos de mando, centros logísticos, depósitos de municiones, defensas antiaéreas y otros nodos críticos a mayor distancia. Esta combinación de misiles y lanzadores móviles busca dar a las unidades terrestres mayor capacidad para degradar la retaguardia enemiga.

La experiencia de la guerra en Ucrania mostró el valor de la artillería cohete guiada para golpear líneas de abastecimiento, centros de mando y concentraciones de material. En ese marco, los HIMARS se consolidaron como plataformas relevantes para ataques precisos contra objetivos situados más allá del frente inmediato.
El PrSM ocupa un lugar central en esa planificación porque ofrece mayor alcance y mejor capacidad de supervivencia frente a defensas modernas que los sistemas tácticos heredados. Además, futuras variantes podrían incorporar buscadores mejorados y ampliar el tipo de blancos disponibles.
Entre esas posibilidades figura la capacidad de atacar objetivos marítimos, lo que permitiría a unidades terrestres participar en operaciones antibuque. Esa evolución reforzaría el papel de los fuegos terrestres en campañas conjuntas, especialmente en zonas donde las fuerzas navales y aéreas operen bajo amenazas de largo alcance.
El presupuesto refuerza fuegos de largo alcance e industria de defensa
La compra forma parte de una inversión más amplia en fuegos de largo alcance. El presupuesto fiscal 2027 también incluye fondos para el sistema de Capacidad de Alcance Medio, el desarrollo del Arma Hipersónica de Largo Alcance y la adquisición de 4.824 cohetes guiados GMLRS.
Con esos programas, el Ejército busca cubrir objetivos a distintas profundidades: táctica, operativa y estratégica. La combinación de GMLRS, PrSM, sistemas de alcance medio y armas hipersónicas permite construir una arquitectura de ataque escalonada contra blancos de diferente valor militar.
La expansión tiene especial relevancia para el Indo-Pacífico, donde las grandes distancias y la dispersión de fuerzas elevan la importancia de lanzadores móviles con misiles de precisión. Formaciones equipadas con HIMARS y PrSM podrían operar desde posiciones distribuidas y amenazar centros de mando, bases aéreas, nodos logísticos y fuerzas navales adversarias.
El plan también supone más presión sobre la base industrial de defensa estadounidense. La producción de municiones aparece como una prioridad de modernización, con inversiones dirigidas a ampliar capacidad fabril y sostener una producción elevada de misiles en caso de conflicto prolongado.
La solicitud aún debe ser aprobada por el Congreso. De avanzar, el Ejército estadounidense daría un salto relevante en su capacidad de ataque profundo, con más lanzadores disponibles y arsenales de precisión más grandes para operaciones de alta intensidad.