El Ejército de Estados Unidos prevé adjudicar a finales de agosto un acuerdo de prototipo para desarrollar un lanzador no tripulado capaz de emplear diversos tipos de misiles. El contrato se tramitará mediante la Autoridad para Otras Transacciones, según informó un funcionario.
El sistema, denominado Lanzador Autónomo Común Multidominio (CAML, por sus siglas en inglés), tendrá dos versiones principales. La variante pesada se instalará sobre un chasis de la clase de 15 toneladas y podrá transportar y disparar municiones de gran tamaño, entre ellas el misil de ataque terrestre Tomahawk y los interceptores Patriot.
El Ejército de EE. UU. busca un lanzador común capaz de emplear misiles ofensivos y defensivos, con versiones pesada y mediana para distintas municiones.
La configuración mediana, en cambio, empleará una plataforma de la Familia de Vehículos Tácticos Medianos. Desde ella podrá lanzar municiones del Sistema de Lanzacohetes Múltiples o interceptores AIM-9X pertenecientes al sistema de Capacidad de Protección contra Fuegos Indirectos, de acuerdo con un comunicado del Ejército.
El teniente general Frank Lozano, ejecutivo de adquisiciones de la cartera de fuegos del Ejército, señaló que el programa se encuentra en la etapa final de “varias demostraciones” realizadas por las empresas participantes. Las propuestas incluyen una plataforma móvil autónoma, un sistema de palés para municiones y una capacidad de integración de sistemas de armas.
Durante un acto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales celebrado el 14 de julio, Lozano explicó que el Ejército buscó evitar que el programa quedara concentrado en una sola compañía.
El Ejército evita depender de un solo proveedor
“Lo que no quería hacer era recurrir a un solo proveedor para que suministrara todo”, declaró. “Esa opción siempre está sobre la mesa, pero en ocasiones trae consigo prácticas y condicionamientos perjudiciales”, como la dependencia de un proveedor y las restricciones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual.
Por ese motivo, el Ejército solicitó a cada competidor que acreditara sus capacidades en los tres componentes del programa. “Pedimos a todos los proveedores que compiten en este ámbito que demostraran sus capacidades en cuanto a la plataforma, el palé de municiones y la integración de sistemas de armas. Ahora examinamos esas demostraciones junto con las propuestas y probablemente adjudicaremos el acuerdo hacia finales de agosto”, señaló.
Lozano sostuvo que CAML es relevante por dos motivos. El primero está relacionado con el costo de mantener sistemas de lanzamiento diferentes para cada munición.
“La primera es muy sencilla: cada misil tiene su propio lanzador. Mantener, modernizar y sostener todos esos sistemas resulta muy costoso”, explicó. “Desde el comienzo afirmamos que debíamos converger, en la mayor medida posible, en una plataforma común de lanzamiento”.
El Ejército dedicó un periodo prolongado a definir cómo alcanzar ese objetivo sin adoptar una solución excesivamente grande para todas las municiones. Según Lozano, un enfoque basado en el mínimo común denominador habría llevado a diseñar el sistema alrededor del arma de mayores dimensiones de la cartera.
“Porque, si no se actúa con cuidado, se puede recurrir al mínimo común denominador y decir: ‘Es evidente que el misil más grande de nuestra cartera es el Arma Hipersónica de Largo Alcance. Por ello, necesitamos una plataforma de lanzamiento gigantesca, enorme y extremadamente pesada, capaz de transportar todo lo que sea más pequeño y ligero que el LRHW’”.
La institución rechazó esa alternativa y optó por identificar las municiones que debía manejar la primera configuración. La selección se centró especialmente en el misil de crucero Tomahawk, el Patriot Advanced Capability-3 y los interceptores de la Capacidad de Protección contra Fuegos Indirectos.
“Adoptamos como parámetro de diseño la capacidad de lanzar cinco misiles o municiones diferentes”, afirmó Lozano.
Un sistema para fuegos multidominio
El segundo motivo responde al papel que desempeñará el sistema en las operaciones de fuegos multidominio. Lozano mencionó como ejemplo una estructura en la que el Ejército dispone de una batería de fuegos y otra de defensa antiaérea. “También podríamos tener una batería de cohetes o de artillería junto con una batería de defensa antiaérea”.
El general planteó que una batería de soldados podría operar desde un centro de operaciones de combate dotado de una versión virtualizada del Sistema Integrado de Mando de Batalla, una capacidad de mando y control de nueva generación o la plataforma de armas Aegis. Esa estructura también contaría con un radar común de fuegos, apto tanto para misiones de defensa antiaérea como para la adquisición de blancos destinados al fuego de contrabatería.
A esos elementos se añadiría un grupo de lanzadores con capacidad para utilizar armamento ofensivo y defensivo.
“Y después tendríamos un conjunto de lanzadores capaces de disparar misiles ofensivos y defensivos”, explicó Lozano. “El comandante de esa batería podría ejecutar una misión de protección un día y, al siguiente, si el comandante de la fuerza de maniobra decidiera iniciar operaciones ofensivas, esa misma batería podría disparar misiles y municiones de ataque”.
De acuerdo con Lozano, esa versatilidad dificultaría que el adversario pudiera anticipar el empleo de la potencia de combate en el futuro campo de batalla.
“En ese momento, uno entra en su ciclo de decisión”, afirmó. “Eso es precisamente lo que buscamos como Ejército. Queremos superar al enemigo mediante la maniobra y mantenerlo en la incertidumbre sobre la forma en que aplicaremos nuestras capacidades de combate, porque ahora una misma plataforma puede cumplir más de una función. Ahí es donde CAML encaja en toda esta dinámica”.





