El Ejército de Estados Unidos pretende que las armas láser de alta energía dejen de estar asociadas a un pequeño número de vehículos especializados. Su nuevo programa Enduring-High Energy Laser (E-HEL) contempla equipos modulares que puedan instalarse en distintas plataformas de su parque automotor y utilizarse contra drones. Con esa distribución, la protección no quedaría limitada a las unidades de defensa antiaérea. La institución ya emplea sistemas de este tipo en operaciones concretas, pero todavía debe resolver problemas técnicos que han frenado su adopción generalizada.
La primera compra de producción del programa se adjudicó en septiembre a AeroVironment, que suministrará sistemas LOCUST X3 de la categoría de 30 kilovatios. El Ejército había adquirido versiones anteriores de LOCUST para proyectos de carácter experimental, tanto en vehículos como en configuraciones paletizadas. Parte de esos equipos está desplegada cerca de la frontera con México. La Armada también ha probado al menos una variante de LOCUST alojada en un contenedor para sus propios proyectos de armas láser embarcadas.
El general de brigada Guy Yelverton, responsable ejecutivo de programas de fuegos defensivos dentro de la estructura de adquisiciones del Ejército, explicó esta orientación durante un panel celebrado el lunes en la convención anual de la Asociación del Ejército de Estados Unidos (AUSA). La intención, dijo, es que el mismo armamento pueda trasladarse a vehículos diferentes. El programa utiliza para ello un soporte modular que abre la posibilidad de instalar la tecnología allí donde las unidades necesiten defensa frente a sistemas aéreos no tripulados.

El Ejército quiere que cualquier unidad pueda utilizar sus armas láser
Yelverton también considera necesario que el manejo de esos equipos no dependa exclusivamente de una especialidad militar. Si el Ejército consigue que la capacitación y el funcionamiento sean accesibles para soldados de otras funciones, podrá incorporar los láseres a formaciones que no pertenecen a la defensa antiaérea y antimisiles. El general planteó este enfoque como una manera de ampliar las opciones de despliegue para los mandos: deberían poder decidir qué unidad recibe el sistema, en qué vehículo se instala y quién se encargará de operarlo.
La experiencia con plataformas especializadas explica parte del cambio. En 2022, el Ejército reactivó el 4.º Batallón del 60.º Regimiento de Artillería de defensa antiaérea en Fort Sill, Oklahoma, para participar en la introducción del DE M-SHORAD. Este programa llevaba un arma láser en el vehículo blindado Stryker de ocho ruedas, concebido para defensa antiaérea de corto alcance en unidades de maniobra. Los prototipos presentaron problemas de fiabilidad y otras dificultades que terminaron por alterar los planes iniciales.

Después de esos contratiempos, el 4.º Batallón asumió funciones antiaéreas de carácter más convencional. El DE M-SHORAD no ha sido el único proyecto afectado por las dificultades de desarrollo de los sistemas láser estadounidenses. En los últimos años, otros programas de energía dirigida también sufrieron cancelaciones o reducciones importantes. El Ejército mantiene ahora una distribución más limitada de LOCUST, con instalaciones en distintos vehículos y emplazamientos avanzados, en lugar de un equipamiento uniforme de todas sus unidades.
Qué equipos y vehículos forman parte del programa
- El primer contrato E-HEL comprende sistemas LOCUST X3 de 30 kilovatios.
- Las versiones anteriores de LOCUST se han instalado en vehículos JLTV e ISV.
- También existen configuraciones paletizadas y una variante probada por la Armada en contenedor.
- El Ejército quiere que los módulos puedan pasar de un vehículo a otro sin depender de una plataforma específica.
LOCUST combina un láser de 30 kilovatios con sensores para seguir drones
Las variantes de LOCUST que ya utiliza el Ejército incluyen instalaciones sobre vehículos tácticos ligeros conjuntos JLTV, vehículos de escuadra de infantería ISV y estructuras paletizadas. Esas configuraciones permiten emplear el mismo tipo de armamento en necesidades distintas, desde una posición de defensa puntual hasta una unidad que debe cambiar de ubicación. La estructura modular coincide con los requisitos de E-HEL, cuyo propósito es separar la elección del vehículo de la selección del sistema láser y facilitar su integración en unidades diferentes.

El componente central es una torreta que concentra el emisor del haz láser y cámaras electroópticas e infrarrojas destinadas a detectar y seguir blancos. La torreta también puede recibir indicaciones de otros sensores. Entre las alternativas figuran radares compactos de alta frecuencia, receptores pasivos que captan señales de radiofrecuencia en el propio vehículo y radares o equipos situados fuera de la plataforma. Esta combinación permite que la localización inicial del blanco no dependa únicamente de las cámaras incorporadas al arma.

Con sus 30 kilovatios, el LOCUST X3 ocupa el tramo de menor potencia dentro del conjunto de armas láser que estudian las fuerzas estadounidenses. Las distintas versiones de LOCUST están orientadas de manera expresa contra drones pequeños. El Ejército no descarta incorporar otros sistemas a E-HEL y, junto con otras ramas militares, participa en programas separados que exploran potencias superiores. Por ahora, la posibilidad de desplegar numerosas unidades de menor potencia ofrece una forma de aumentar la cobertura contra aeronaves no tripuladas.
Un láser que cambia de vehículo puede continuar en servicio más tiempo
La arquitectura abierta y modular también responde a un problema de mantenimiento. Kirk Williams, ingeniero jefe de la oficina de proyectos de energía dirigida del Ejército, puso un ejemplo durante el panel: un arma que permanece integrada a un camión queda fuera de servicio cuando el vehículo debe detenerse para una tarea tan corriente como un cambio de aceite. Su planteamiento es que el equipo láser pueda retirarse de una plataforma y montarse en otra. Esa separación también permitiría introducir tecnología nueva en sistemas existentes, mejorar su rendimiento y revisar los costos de suministro.
Williams sostuvo que las armas láser ya pueden destruir objetivos en pruebas y operaciones, pero que la prioridad actual es alcanzar una fiabilidad en la que los soldados confíen. Además de funcionar de forma sostenida, los equipos deben permitir reparaciones y mantenimiento en condiciones de campaña. Su oficina trabaja también en la reducción de tamaño, peso y demanda eléctrica. Estos factores condicionan qué vehículos pueden recibirlos y hasta qué punto el mismo conjunto de componentes sirve para plataformas con diferentes márgenes de carga.
Las diferencias entre el JLTV y el ISV ilustran ese problema. El primero dispone de mayor carga útil, mientras que el segundo obliga a reducir o adaptar el equipamiento para conservar una efectividad comparable. Williams explicó que la modularidad permite escoger componentes y aceptar compromisos de diseño en función del vehículo disponible. Los responsables del programa pretenden introducir cambios técnicos sin que cada modificación exija desarrollar desde el principio una plataforma completa con su propio armamento.
Los vehículos ligeros pueden llevar el sistema incluso bajo un helicóptero
Un LOCUST sobre ruedas puede desplazarse cuando cambia la amenaza y proporcionar protección a posiciones que no cuentan con una unidad antiaérea especializada. Un convoy equipado con varios sistemas tendría la posibilidad de responder a ataques de drones desde distintos puntos de su formación. Si la situación requiere concentrar la defensa, los vehículos pueden reunirse en una misma zona. El Ejército también contempla el transporte de vehículos ligeros suspendidos bajo helicópteros para trasladarlos a emplazamientos avanzados.

Las versiones paletizadas pueden instalarse en emplazamientos terrestres que necesiten protección localizada. Las configuraciones en contenedor añaden otra posibilidad para sitios fijos o instalaciones a bordo de buques. Esta variedad de formatos no elimina las restricciones de potencia, enfriamiento y espacio. Sí ofrece alternativas para distribuir los sistemas de acuerdo con la misión, en vez de obligar a todas las unidades a emplear un mismo vehículo dedicado a la defensa láser.
Una razón para extender los láseres es su relación entre consumo y número de intervenciones posibles. A diferencia de las armas que disparan interceptores antiaéreos convencionales, no necesitan reponer un proyectil por cada blanco destruido. La cantidad de disparos puede ser muy elevada, siempre que exista suficiente electricidad y que la refrigeración controle la temperatura del equipo. Esta característica puede reducir el costo por interceptación ante drones que, aun si son baratos y pequeños, representan amenazas para las fuerzas desplegadas.
Los despliegues en la frontera permiten probar los láseres en servicio
El Ejército ya cuenta con variantes anteriores de LOCUST en la frontera meridional de Estados Unidos, incluidas instalaciones sobre vehículos. Los equipos forman parte de una adopción operativa todavía restringida, pero aportan experiencia fuera de los centros de desarrollo. Una fotografía difundida por la institución muestra un sistema montado en un JLTV cerca de la frontera con México. Otra imagen fue presentada por el Ejército como el registro de una acción contra un dron con un arma de energía dirigida el 25 de agosto de 2026.

La utilidad de estos despliegues también fue abordada por el coronel Charles Kean, comandante adjunto de apoyo de la 7.ª División de Infantería en la Base Conjunta Lewis-McChord, Washington. Kean pidió que los equipos lleguen cuanto antes a manos de los soldados, para que puedan evaluarlos en condiciones reales y continuar sus mejoras. Mencionó el barro y la humedad del Pacífico, la frontera sur, Oriente Medio y Europa como entornos donde conviene comprobar su funcionamiento.

Kean advirtió que los posibles adversarios también modifican sus tecnologías, por lo que considera necesario repetir las pruebas y ajustar los sistemas. Los países que desarrollan armas de este tipo no se limitan a Estados Unidos. China trabaja en plataformas terrestres y embarcadas de energía dirigida, y otros Estados, entre ellos aliados y socios estadounidenses, investigan equipos similares. Para Kean, los láseres deben formar parte de una defensa antiaérea y antimisiles compuesta por varias capas, en lugar de reemplazar el conjunto de los medios existentes.
El clima, la energía disponible y la puntería limitan cada disparo
Las ventajas logísticas de los láseres conviven con restricciones físicas. Un único emisor solo puede atacar un blanco a la vez. Además, el haz pierde eficacia al propagarse por la atmósfera, especialmente cuando aumenta la distancia. La lluvia y otras condiciones meteorológicas, el humo y el polvo pueden afectar su funcionamiento. Para superar parte de esas dificultades, los programas de desarrollo buscan mayor potencia, refrigeración suficiente y mejoras de óptica adaptativa. Pese a estos avances, las armas láser disponibles siguen orientadas en general a distancias cortas.
Yelverton explicó que la rapidez para neutralizar un dron influye directamente en cuántos blancos puede afrontar el arma. La reserva de energía varía entre diseños, con referencias aproximadas de 80 y 120 segundos de empleo según el sistema, y debe recuperarse a medida que se utiliza. Cuanto antes finalice un ataque, antes puede el equipo pasar a otra amenaza y reponer su reserva. Esa necesidad aumenta la importancia del seguimiento y de mantener el haz concentrado sobre un punto del objetivo.
Williams destacó que un sistema de puntería más estable podría reducir el tiempo necesario para neutralizar cada dron. También mencionó las funciones de apoyo mediante inteligencia artificial como una posibilidad para aliviar la carga del operador y mejorar el seguimiento. Si se conectan varios equipos, estos podrían coordinar la clasificación de las amenazas y su asignación a las armas disponibles. Esas mejoras son especialmente pertinentes porque cada láser debe mantener la energía sobre un blanco antes de pasar al siguiente.
El Ejército prevé los primeros LOCUST X3 para principios de 2028
El calendario de E-HEL sitúa la entrada inicial en servicio operativo de los LOCUST X3 adquiridos por el programa a comienzos de 2028. El Ejército participa además en el programa Joint Laser Weapon System (JLWS), para el que se maneja un horizonte parecido. JLWS persigue un arma láser de la categoría de 150 kilovatios y contempla el desarrollo posterior de equipos de 300 y 500 kilovatios. Estos proyectos pertenecen a una línea distinta de la compra actual de sistemas LOCUST X3 de 30 kilovatios.

Scott Keeney, director ejecutivo de nLIGHT, empresa que colabora con AeroVironment en LOCUST y otros proyectos, planteó durante la convención un horizonte aún más ambicioso: sistemas láser de la categoría de un megavatio. Se trata de una aspiración futura y no de la potencia contratada para E-HEL. El Ejército considera que la familia modular permitirá ampliar la presencia de armas láser en sus formaciones, aunque sus propios responsables reconocen que quedan dificultades de fiabilidad, mantenimiento y rendimiento por resolver antes de lograr una distribución extensa.










