El J-35A de China afronta una entrada limitada al mercado global de cazas, con Pakistán como primer cliente potencial y con una estrategia comercial dirigida a países que no pueden acceder al F-35 estadounidense o que buscan reducir su dependencia tecnológica y política de Estados Unidos.
La presentación pública del caza en la feria de Zhuhai, en noviembre de 2024, mostró un programa con un grado avanzado de desarrollo, aunque sin datos certificados sobre motores, rendimiento aerodinámico, baja detectabilidad, sensores y sistemas de comunicación. Esa falta de información verificable condiciona su posicionamiento internacional frente a modelos ya integrados en redes militares occidentales.
El mercado inicial del J-35A dependerá de Pakistán. Una venta a Islamabad daría a China un primer caso de exportación para su caza furtivo y serviría como referencia para gobiernos excluidos del F-35 o interesados en comprar sistemas militares chinos integrados.
Pakistán concentra la primera oportunidad de exportación del J-35A

Los indicios más relevantes sobre la comercialización del J-35A apuntan a Pakistán. Según la información disponible, China habría ofrecido a Islamabad cuarenta unidades del caza, junto con aviones de alerta temprana KJ-500 y sistemas de defensa antiaérea HQ-19. Esa combinación sugiere una propuesta de paquete militar amplio, no una venta aislada de aeronaves.
En mayo de 2026, medios chinos difundieron imágenes de un J-35 identificado con el número “0001” y el logotipo de AVIC, sin insignias visibles de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación. Esa configuración fue interpretada por medios como Global Times y South China Morning Post como una posible señal de una variante de exportación, mencionada en reportes técnicos como J-35AE.
El South China Morning Post también señaló que la Fuerza Aérea de Pakistán confirmó la existencia de un documento preliminar de adquisición conjunta del J-35, aunque sin revelar cantidades definitivas ni plazos de entrega. Esa reserva mantiene abiertas las dudas sobre el alcance real del acuerdo y sobre la fecha en que Islamabad podría recibir los primeros aparatos.
El F-35 mantiene una ventaja logística difícil de igualar

El J-35A no compite en las mismas condiciones que el F-35. El programa estadounidense cuenta con producción masiva, una cadena de suministro consolidada y plena compatibilidad con fuerzas de la OTAN y otros aliados de Washington. Según los datos atribuidos a Lockheed Martin, en 2025 se entregaron 191 unidades del F-35 y la flota global alcanzó casi 1.300 aeronaves activas.
La diferencia no se limita al número de aviones. El F-35 opera dentro de una red de mantenimiento, entrenamiento, software, armamento y cooperación militar ya establecida en Estados Unidos y en diecinueve países aliados. Por eso, el J-35A carece por ahora de una base logística comparable para disputar contratos en Europa, Japón, Corea del Sur, Israel, Australia o Singapur.
En ese contexto, el espacio comercial del caza chino se concentra en países con vínculos de defensa previos con Pekín, gobiernos sometidos a restricciones para adquirir tecnología estadounidense o compradores interesados en financiación flexible. También puede atraer a clientes que busquen contratos integrales con cazas, misiles, radares y sistemas antiaéreos bajo un mismo proveedor.
China busca compradores fuera del circuito militar occidental

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo situó a China en el cuarto puesto de las exportaciones mundiales de armas durante el periodo 2020-2024, con una cuota del 5,9 %. Esa cifra queda lejos del 43 % adjudicado a Estados Unidos y muestra los límites de Pekín como proveedor global de armamento frente a Washington.
Dentro de ese mercado reducido, Pakistán ocupa una posición central. Los datos citados por South China Morning Post indican que fabricantes chinos suministraron el 81 % del material militar importado por Islamabad en el quinquenio anterior a 2025. Esa dependencia convierte a Pakistán en el candidato más probable para abrir la etapa internacional del J-35A.
El atractivo comercial del avión se basa en ofrecer tecnología de baja detectabilidad radar a gobiernos que no pueden comprar el F-35. Sin embargo, ese factor se enfrenta a dudas sobre la fiabilidad del código informático, los sensores chinos, el mantenimiento preventivo a largo plazo y la integración con equipos militares de otros orígenes.
La credibilidad exportadora dependerá del primer operador

La recepción material y el uso operativo del J-35A por parte de Pakistán serían decisivos para la industria militar china. Un primer contrato permitiría demostrar capacidades, validar procesos de mantenimiento y ofrecer a otros compradores un historial de operación fuera de China.
Sin esa referencia inicial, el J-35A quedaría como un programa avanzado pero sin evaluación operativa internacional. Esa situación limitaría el interés de ministerios de defensa que ya deben considerar riesgos técnicos, posibles sanciones diplomáticas y la compatibilidad con acuerdos vigentes con Estados Unidos o Europa.
Por ahora, el futuro global del J-35A no depende solo de su diseño furtivo o de su comparación técnica con el F-35. Su avance comercial estará condicionado por la capacidad de China para convertir el interés de Pakistán en una adquisición concreta, sostener el mantenimiento a largo plazo y convencer a otros gobiernos de que el avión puede operar con fiabilidad fuera del ecosistema militar chino.