Japón evalúa una posible transferencia de destructores de las clases Murasame, Takanami o Akizuki a Chile para mantener en ocho unidades la fuerza de combate de superficie de la Armada chilena mientras avanza su programa de fragatas de construcción nacional.
La opción japonesa cubriría el intervalo entre la retirada prevista de algunos buques actuales y la llegada de los reemplazos contemplados en la Política de Construcción Naval 2025-2040. Chile prevé construir en Talcahuano una serie común de fragatas a partir de la década de 2030, pero el diseño definitivo, los socios industriales y el calendario de producción todavía no están cerrados. La construcción de cada unidad requeriría entre cuatro y cinco años.
La Armada chilena opera actualmente ocho combatientes principales: una fragata Tipo 22, tres Tipo 23, dos clase M y dos clase Adelaide. La baja de una sola unidad sin reemplazo reduciría la flota por debajo del mínimo previsto, lo que convierte a los buques japoneses de segunda mano en una alternativa de transición antes de que madure el programa nacional.
Japón dispone de 18 destructores en las tres clases consideradas: nueve Murasame, cinco Takanami y cuatro Akizuki. Las diferencias principales están en la edad de los cascos, la dotación, los sensores y la capacidad de defensa antiaérea, además del coste de sostener una nueva cadena logística dentro de una flota chilena que ya reúne buques de varios orígenes.
Los Murasame, incorporados entre 1996 y 2002, son la opción más numerosa, pero también la de mayor edad. Cada buque desplaza unas 6.200 toneladas a plena carga, requiere alrededor de 165 tripulantes y combina 16 celdas Mk 48 para ESSM con 16 Mk 41 para VL-ASROC, además de ocho misiles antibuque Type 90, un cañón de 76 mm, dos sistemas Phalanx y capacidad antisubmarina con sonar de casco, sonar remolcado y helicóptero SH-60J/K.
La clase Takanami, con cinco unidades entregadas entre 2003 y 2006, conserva una arquitectura de propulsión similar, pero utiliza una batería única de 32 celdas Mk 41 y un cañón de 127 mm. Cada destructor desplaza unas 6.400 toneladas y necesita cerca de 175 tripulantes. Su menor edad frente a los Murasame ofrece más margen de servicio sin obligar a Japón a desprenderse de unidades tan recientes como las Akizuki.
Las cuatro Akizuki, incorporadas entre 2012 y 2014, son las más jóvenes y disponen de la mayor capacidad de defensa antiaérea local de las tres alternativas. Equipan 32 celdas Mk 41, radar multifunción AESA FCS-3A, un cañón Mk 45 Mod 4 de 127 mm y sistemas antisubmarinos más recientes. Cada unidad requiere alrededor de 200 tripulantes. La transferencia de dos buques supondría entregar la mitad de una clase que sigue activa en primera línea en Japón.
Un lote de dos barcos exigiría aproximadamente 330 tripulantes si fueran Murasame, 350 si fueran Takanami y 400 si fueran Akizuki, sin contar personal de apoyo, instructores y relevos. La cantidad total de celdas de lanzamiento sería similar entre las alternativas, por lo que la decisión dependería principalmente de la vida remanente del casco, los sensores, la capacidad antisubmarina, la defensa antiaérea y la sostenibilidad logística.
Chile tendría además que incorporar entrenamiento de tripulaciones, repuestos japoneses, mantenimiento de sistemas, compatibilidad de municiones y una revisión previa a la entrega. La experiencia chilena con turbinas LM2500 en las fragatas clase Adelaide podría facilitar parte del soporte de los Murasame y Takanami, pero cualquiera de las opciones introduciría nuevos radares, sonares, sistemas de combate y equipos de guerra electrónica.
La cooperación naval entre ambos países se ha ampliado desde 2025 y Chile abrió una agregaduría de Defensa en Tokio en enero de 2026. Japón también modificó en abril de 2026 su política de exportación de material de defensa, lo que amplió el marco para transferencias de equipos armados.
No se ha definido todavía una clase, un número de buques, un precio, una fecha de entrega, una configuración de armamento ni un paquete de reacondicionamiento. Antes de cualquier acuerdo sería necesario seleccionar e inspeccionar cascos concretos, ya que el estado del acero, la corrosión, los ciclos de las turbinas, las horas de los generadores, los ejes, las tuberías, el cableado y la fiabilidad de los sensores determinarán el coste real de mantenerlos en servicio hasta la entrada de las futuras fragatas chilenas.










