La aparente intención del presidente Trump de vender aviones F-35 a Turquía constituye un hecho muy preocupante para Israel. De hecho, el regreso de esta opción resulta ahora mucho más inquietante que la última vez que Trump habló de ella, por varias razones.
Erdogan ha endurecido aún más en los últimos tiempos su retórica contra Israel, como consecuencia de lo que percibe como una debilidad política israelí, debido al desvanecimiento del respaldo que le había brindado el presidente Trump.
La posible venta de F-35 a Turquía preocupa a Israel porque podría erosionar su superioridad aérea, aumentar la fricción en el Mediterráneo oriental y elevar el riesgo de filtración de tecnología sensible.
Una mejora significativa de la fuerza aérea turca en este clima es una mala noticia para Israel, y no menos para Grecia y Chipre, por razones que se explican a continuación.
El F-35 turco y la superioridad aérea israelí
Desde el punto de vista técnico, los estadounidenses pueden limitar de forma significativa las capacidades del F-35 que se venda a Turquía. Sin embargo, con la nueva actitud de Trump, esta vez parece bastante probable que los turcos reciban una versión con menos restricciones críticas.
La Marina turca, construida como una fuerza estratégica, es mayor y más potente que la compacta Marina israelí, concebida principalmente como una fuerza defensiva. Israel compensa esa brecha mediante la superioridad aérea en el Mediterráneo oriental, un elemento que no desaparecerá, pero que sin duda se verá erosionado y reducido si Turquía recibe cazas furtivos de quinta generación.
Erdogan promueve actualmente una iniciativa para consagrar en la ley la doctrina de la “Patria Azul” (Mavi Vatan). Esta doctrina sostiene que Turquía posee derechos nacionales y económicos sobre una enorme superficie de 462.000 km² en el sur del mar Negro y en el Mediterráneo oriental.
Esa zona incluye unas 152 islas e islotes griegos, así como el área por la que Israel prevé tender un cable eléctrico submarino que lo conecte con la red eléctrica europea. En resumen, esta iniciativa de Erdogan aumenta de forma considerable el potencial de fricción en el futuro previsible.
Incluso si se neutralizan capacidades avanzadas de aviónica en la versión del F-35 que se entregue a Turquía, sus capacidades furtivas permanecerán intactas, ya que derivan principalmente de la forma del avión y de los materiales con los que está fabricado su fuselaje.
Riesgos operativos y tecnológicos para Israel
Esto significa una amenaza real para los aviones de la fuerza aérea israelí y también, en teoría, una capacidad turca para aproximarse sin ser detectada hasta quedar a varias decenas de kilómetros de la costa de Israel.
Ese es, de forma aproximada y según distintas variables, el rango en el que radares convencionales comienzan a detectar al F-35 de un modo que permite también el enganche de un misil antiaéreo, aunque esto depende del tipo de radar, de su calidad y de otros factores. Desde ese alcance puede emplearse una amplia gama de municiones potentes y muy precisas contra diversos objetivos estratégicos terrestres en territorio israelí.
Desde Turquía, las tecnologías sensibles del F-35 podrían filtrarse a Qatar, Rusia y quizá incluso China. El riesgo de filtración hacia China es un punto que Israel debe aprovechar para intentar frustrar la venta o, como mínimo, degradar todo lo posible las capacidades del avión que se entregue a los turcos.
El riesgo de filtración hacia Rusia es especialmente alto mientras Turquía mantenga en su poder el avanzado sistema antiaéreo ruso S-400, ya que podría “enseñar” al sistema, que Irán también codicia, a enfrentar mejor al F-35.
Sin embargo, incluso si Estados Unidos condiciona la entrega del avión a una renuncia turca al S-400, un escenario razonable, cualquier filtración de información de Turquía a Rusia llegaría con alta probabilidad a Irán, dadas las relaciones actuales entre ambos países.
Si Turquía recibe F-35, ¿por qué no Arabia Saudita o incluso Qatar, cuyo ministro de Exteriores planteó ayer la posibilidad de firmar un acuerdo de defensa con Irán?
En definitiva, la incorporación del F-35 a la fuerza aérea turca, cuya columna vertebral se basa actualmente en aviones F-16 que no pertenecen a los modelos más avanzados, no sería solo una mejora, sino un salto cualitativo considerable. Incluso después de ello, es probable que la fuerza aérea israelí siga siendo la más fuerte y dominante de Oriente Medio, pero la superioridad aérea casi total de la que disfruta hoy se verá erosionada.