La Fuerza Aérea de Estados Unidos busca una nueva familia de blancos aéreos. El objetivo es replicar una amplia variedad de amenazas, desde pequeños enjambres de drones hasta cazas furtivos, grandes aviones no tripulados, bombarderos estratégicos y aviones de alerta temprana.
El servicio militar necesita que estos blancos sean muy realistas para poner a prueba los sensores y armas modernas. A su vez, deben ser lo bastante baratos y sencillos para poder arriesgarlos o destruirlos en las pruebas rutinarias.
Los requisitos aparecen en una nueva Solicitud de Información (RFI) de la Fuerza Aérea. El documento pide sistemas capaces de representar todo el espectro de amenazas aéreas, desde drones comerciales hasta cazas avanzados y aeronaves de gran tamaño. Las respuestas se esperan para el 28 de septiembre.
La institución señala que los sistemas de próxima generación deben ser fáciles de fabricar. Esta característica permitirá tratarlos como material prescindible cuando la situación lo requiera.
La Fuerza Aérea descarta el uso exclusivo de cazas reales convertidos en blancos

Esta estrategia supone un cambio radical respecto a la economía de algunos blancos aéreos actuales. El blanco a escala real QF-16 de la Fuerza Aérea parte de un avión de combate modificado y permite llevar tripulación a bordo. Este modelo resuelve el problema de poner en el aire un objetivo de alto rendimiento y tamaño real. Sin embargo, sacrificar un F-16 en una prueba difiere mucho de perder un blanco diseñado específicamente para producirse en masa y ser destruido.
El nuevo proyecto abre la puerta a enfoques fuera de la base industrial de defensa tradicional. La solicitud pide a la industria propuestas que incluyan soluciones comerciales, comerciales modificadas o de doble uso. El gobierno muestra interés por opciones no tradicionales que ofrezcan ventajas de coste, escalabilidad y simplicidad frente a los sistemas antiguos.
El lenguaje del documento indica que la Fuerza Aérea no busca necesariamente un programa de aviones diseñado desde cero. La intención es aprovechar tecnologías comerciales existentes, métodos de fabricación y sistemas de propulsión para producir blancos en grandes cantidades a menor precio.
Los sistemas propuestos cubrirían varias categorías de amenazas distintas. Los requisitos cambian de forma sustancial según lo que el blanco deba representar en el aire.
Los requisitos varían desde velocidades supersónicas hasta el vuelo en enjambre
Para simular aviones de combate avanzados, la Fuerza Aérea exige blancos capaces de alcanzar velocidades supersónicas por encima de Mach 1.6 a 40.000 pies de altura. Además, deben poder realizar maniobras de combate de alta agilidad y altas fuerzas G.
Para imitar amenazas más avanzadas, incluidos los aviones furtivos, los nuevos blancos deben ofrecer perfiles precisos de sección transversal de radar de baja observabilidad. También necesitan firmas infrarrojas multiespectrales, emisiones de radiofrecuencia activas y capacidades de ataque electrónico integrado.

Estas características resultan vitales para probar armas y sensores contra amenazas de quinta generación. Un blanco convencional a escala reducida reproduce aspectos del comportamiento de vuelo, pero no siempre logra recrear el entorno de guerra electromagnética de un avión de combate sofisticado.
La Fuerza Aérea lleva años intentando adquirir nuevos drones diana de tamaño real o modelos capaces de imitar a los veloces cazas tácticos. Al igual que en la nueva solicitud, el objetivo ha sido que estos drones tengan características de sigilo o la capacidad de simularlas con gran fidelidad. Hasta ahora, el progreso en este ámbito ha sido muy limitado a pesar del lanzamiento de programas como el 5th Generation Aerial Target (5GAT).
Para los blancos que representan aviones multimotor del tamaño de un C-130, las reglas cambian. La solicitud exige igualar la escala física, el vuelo subsónico lento y las características de propulsión de aeronaves grandes. Estos blancos necesitan un volumen físico representativo y retornos de radar realistas para verificar el guiado de los misiles y evaluar la letalidad de las ojivas.
Para aeronaves aún más grandes, como los bombarderos estratégicos y las plataformas de alerta temprana, el énfasis recae en la escala física. El servicio quiere blancos capaces de reproducir las enormes dimensiones físicas, las firmas térmicas multiespectrales y las amenazas de radar asociadas a estos aviones.
Los drones pequeños deberán operar de forma coordinada para representar amenazas masivas

La familia propuesta abarcaría también múltiples clases de aeronaves no tripuladas. Para los drones del Grupo 5, los blancos deben poder operar a altitudes de hasta 50.000 pies. Los del Grupo 3 y 4 necesitan volar a velocidades entre Mach 0.5 y 0.8 y maniobrar entre 3 y 6 Gs.
En el otro extremo, los blancos de los Grupos 1 y 2 deben volar por debajo de los 150 nudos y contar con capacidad para operar en enjambres. Esto refleja el interés de la Fuerza Aérea por reproducir la amenaza masiva en el aire que suponen los sistemas pequeños. Las pruebas podrían evaluar armas y sensores contra escenarios con numerosos blancos baratos en lugar de un único avión aislado.
La Fuerza Aérea ha operado blancos aéreos por control remoto durante décadas. El BQM-167A, introducido en 2007, es un blanco subsónico a escala reducida de unos 20 pies de largo. Resulta asequible en comparación con un caza, pero sus dimensiones físicas están muy lejos de las aeronaves que la Fuerza Aérea necesita replicar.
En el otro extremo de la escala, los QF-16 convertidos proporcionan un blanco a escala real con el rendimiento de un caza auténtico. Sin embargo, un F-16 convertido es costoso de operar y no se puede destruir en grandes cantidades.

El nuevo esfuerzo pone en primer plano la necesidad de que los blancos reproduzcan las características que las armas modernas usan para encontrar y derrotar aviones. Esto sugiere que los blancos apoyarán las pruebas en toda la cadena de eliminación, desde la detección inicial hasta el combate final.
Si la industria logra este objetivo, la flota de blancos del futuro podría verse muy diferente a la actual. La Fuerza Aérea contaría con una familia de sistemas asequibles que pueden configurarse para representar casi cualquier aeronave de ala fija.
Además del entrenamiento, la misma familia de drones podría apoyar el desarrollo y evaluación de radares, sensores infrarrojos y redes de defensa antiaérea. La amplitud del requisito permitiría a la Fuerza Aérea replicar grandes cantidades de futuros Aviones de Combate Colaborativos (CCA).
El nuevo requerimiento exige blancos que puedan reproducir la velocidad, maniobrabilidad, tamaño, firma de radar, emisiones electromagnéticas y capacidades de guerra electrónica de una gama cada vez más diversa de aeronaves, al tiempo que son lo bastante baratos para que perderlos sea un coste aceptable del entrenamiento y las pruebas.










