El cazabombardero Su-34 combina gran carga, autonomía y armas planeadoras, pero Rusia ha perdido decenas de aparatos mientras mantiene su producción durante la guerra.
El Su-34 nació del Su-27 para atacar lejos y cargar más armamento
El Su-34 debía sustituir al Su-24 con un avión capaz de atacar objetivos terrestres a gran distancia, transportar una carga de combate elevada, operar de día y de noche y conservar autonomía para misiones prolongadas sin renunciar por completo a las prestaciones de un caza. Sukhoi tomó la familia Su-27 como punto de partida, pero el resultado dejó de ser una simple adaptación: el fuselaje delantero debía alojar al piloto y al navegante lado a lado, una cabina protegida, más combustible y una aviónica orientada al ataque.
Esa combinación produjo un aparato considerablemente más pesado que el Su-27, con planos canard, tren de aterrizaje reforzado y un morro ensanchado que terminó definiendo su aspecto. El prototipo Su-27IB voló por primera vez en abril de 1990, pero la crisis industrial posterior a la disolución soviética prolongó el desarrollo durante más de dos décadas. La Fuerza Aérea rusa adoptó formalmente el Su-34 en 2014, después de un proceso que mantuvo la arquitectura aerodinámica básica de la familia Flanker.
Con dos motores AL-31F, el Su-34 está optimizado para transportar combustible y armamento antes que para alcanzar las prestaciones máximas de un caza dedicado. Según las especificaciones publicadas por United Aircraft Corporation para la versión de exportación, mide 23,4 metros de longitud y 15,2 de envergadura, tiene una masa normal de despegue de 39.500 kilogramos y admite hasta 8.500 kilogramos de carga de combate. Cada AL-31F proporciona alrededor de 12.500 kilogramos-fuerza con poscombustión.
El piloto ocupa el asiento izquierdo y el navegante-operador de sistemas, el derecho, dentro de una sección delantera protegida por una cápsula de titanio de hasta 17 milímetros en determinadas áreas. El acceso se realiza desde el compartimento del tren delantero, una disposición poco habitual en un avión táctico. El volumen interno permite que la tripulación cambie parcialmente de postura durante vuelos largos y reduce la carga de trabajo al repartir entre ambos operadores la navegación, los sensores y el empleo de armamento.

La cabina y su protección contribuyen al aumento de masa respecto del Su-27 y responden al concepto original, que todavía contemplaba penetraciones a baja cota y exposición al fuego antiaéreo. El radar de ataque y navegación, los medios electroópticos, los enlaces de comunicaciones y los equipos de autoprotección electrónica forman el núcleo de los sistemas de misión. Las distintas configuraciones incorporan sistemas de la familia Khibiny, capaces de detectar emisiones de radar y generar interferencias para dificultar la adquisición y el seguimiento del avión.
Estas contramedidas reducen determinadas vulnerabilidades, pero el Su-34 no es una plataforma de baja observabilidad y puede ser detectado por un radar situado en una geometría favorable. Su célula pertenece a una generación diseñada antes de que la reducción sistemática de la sección equivalente radar condicionara toda la forma exterior del avión. Para compensarlo, depende del alcance, la carga de combate, las contramedidas y, cada vez más, de armas que pueden liberarse sin aproximarse al objetivo. En Ucrania, su supervivencia depende mucho más de la distancia que del blindaje de la cabina.
Datos técnicos principales del Su-34 en su versión de exportación
- Mide 23,4 metros de longitud y 15,2 metros de envergadura.
- Su masa normal de despegue es de 39.500 kilogramos y admite hasta 8.500 kilogramos de carga de combate.
- Alcanza unos 1.500 kilómetros por hora a gran altitud y tiene un techo práctico de 15 kilómetros.
- Su radio máximo con depósitos externos llega a 1.700 kilómetros y la autonomía de traslado declarada es de 4.250 kilómetros.
- Cada motor AL-31F proporciona alrededor de 12.500 kilogramos-fuerza con poscombustión.
Las bombas UMPK alejaron al Su-34 de las defensas de primera línea
En la fase inicial de la guerra, durante 2022, la aviación táctica rusa intentó operar mucho más cerca de las defensas ucranianas. Los sistemas móviles de defensa antiaérea, la supervivencia de radares y baterías que Rusia no consiguió suprimir de manera sostenida y la necesidad de volar a cotas que redujeran la exposición a sistemas de mayor alcance obligaron a las tripulaciones a entrar en zonas donde aumentaba el riesgo procedente de misiles de corto y medio alcance.
El Su-34 podía transportar bombas guiadas y misiles aire-superficie, pero la disponibilidad, el coste y el volumen de las armas de precisión no bastaban para sostener por sí solos una campaña intensiva de apoyo aéreo desde gran distancia. La penetración tripulada continuada, prevista entre las funciones de la plataforma, imponía en ese entorno un coste difícil de sostener. Desde 2023, y de forma mucho más extensa a partir de 2024, las bombas convencionales FAB recibieron módulos UMPK con superficies desplegables y sistemas de navegación y corrección.

Una FAB-500 o FAB-1500 que antes exigía sobrevolar el objetivo o aproximarse bastante a él puede liberarse ahora desde varias decenas de kilómetros. La distancia depende de la altura, la velocidad, la trayectoria de lanzamiento y la configuración de la bomba. En operaciones reales se han documentado alcances aproximados de entre 30 y 90 kilómetros, mientras que las configuraciones habituales proporcionan alrededor de 50 a 70 kilómetros. Con esta modificación, el Su-34 actúa como plataforma de lanzamiento de bombas planeadoras desde el lado ruso de la línea de combate.
Una bomba FAB equipada con UMPK conserva una carga explosiva mucho mayor que la de numerosos misiles tácticos y resulta comparativamente sencilla de producir a gran escala. Antes de liberarla, el Su-34 puede ascender para proporcionar energía potencial y velocidad inicial a la bomba y abandonar después la zona sin atravesar necesariamente la cobertura antiaérea de primera línea. Durante 2025 se registraron miles de ataques mensuales con UMPK, principalmente contra fortificaciones, posiciones de tropas, centros de mando y otros objetivos donde la masa explosiva resulta determinante.
En 2026, el Su-34 seguía siendo la principal plataforma rusa para esta misión, con empleo de FAB-500, FAB-1500 y municiones de mayor masa en configuraciones compatibles. El avión concentra así su empleo en el lanzamiento de bombas planeadoras desde decenas de kilómetros detrás de la línea de contacto y evita atravesar necesariamente la cobertura antiaérea de primera línea. La distancia, sin embargo, no elimina la exposición cuando las defensas ucranianas consiguen crear oportunidades de interceptación o cuando los aparatos permanecen en sus bases.
Las pérdidas muestran el riesgo tanto en el aire como en las bases
La evidencia visual acumulada desde 2022 documenta 38 Su-34 y Su-34M destruidos y otros cinco dañados en hechos vinculados a la guerra. Ese total incluye aparatos perdidos en incidentes no directamente relacionados con el combate y aeronaves alcanzadas en bases, por lo que no equivale a 38 derribos sobre Ucrania. Los sistemas Patriot ucranianos han demostrado capacidad para alcanzar Su-34 cuando una batería consigue crear una oportunidad de interceptación, mientras que los drones de largo alcance han trasladado parte del riesgo hasta los aeródromos rusos.
En junio de 2025, cuatro Su-34 fueron alcanzados durante un ataque contra Marinovka. En abril de 2026, otro Su-34 fue alcanzado en Shagol, a unos 1.700 kilómetros de la frontera ucraniana, aunque el grado final de daño del aparato no quedó establecido en la comunicación inicial. Al comienzo de la invasión a gran escala, la flota de primera línea contaba con unos 130 Su-34, de modo que perder cerca de cuarenta células representa una fracción considerable de esa fuerza inicial.
Rusia mantiene la producción para compensar las pérdidas y el desgaste

Esa cifra no significa que Rusia disponga hoy de cuarenta aviones menos. La línea de producción de Novosibirsk continuó funcionando durante toda la guerra y los aparatos nuevos han compensado gran parte de las pérdidas. El aumento de la producción, sin embargo, ha sido limitado frente al registrado en otros sectores de la economía de guerra. Fabricar un avión de combate exige motores, radares, equipos electrónicos, titanio, mecanizado de precisión y una red de miles de proveedores cuya producción no puede aumentar al mismo ritmo que la de una munición más sencilla.
A ello se suma la acumulación de horas de vuelo en las células que permanecen operativas. Los Su-34 que regresan a fábrica para trabajos mayores reciben modificaciones de aviónica y comunicaciones, y algunas configuraciones admiten contenedores externos de reconocimiento radar. United Aircraft Corporation mantiene la producción en la planta V. P. Chkalov de Novosibirsk y durante 2025 entregó sucesivos lotes de aparatos nuevos. En julio de 2026 volvió a entregar Su-34 junto con Su-30SM2 después de completar las pruebas de fábrica.
La célula concebida en la última etapa soviética mantiene sus dos tripulantes, la elevada capacidad de combustible y carga y la autoprotección Khibiny, junto con equipos de misión actualizados y un empleo concentrado en el lanzamiento de bombas planeadoras desde decenas de kilómetros detrás de la línea de contacto. La producción de Novosibirsk, entretanto, continúa reemplazando las células perdidas y las consumidas por el ritmo de las operaciones.










