Las reservas de misiles interceptores Patriot de Ucrania se han agotado después de los ataques rusos de mediados de octubre. Las existencias ya eran mínimas al comenzar el mes: funcionarios ucranianos confirmaron que apenas quedaban unos pocos proyectiles, que se utilizaron en las últimas operaciones de interceptación. CNN y The Washington Post también sitúan el inventario disponible en cero.
La consecuencia más inmediata se observa en la defensa frente a los misiles balísticos rusos. Durante las ofensivas recientes, casi ninguno de esos proyectiles fue interceptado. Tres grandes centrales eléctricas de Kiev recibieron impactos directos, al igual que instalaciones energéticas esenciales de Járkov. Los daños causados a la red eléctrica coinciden con la llegada de las bajas temperaturas invernales.
La ausencia de interceptores también afecta a la protección de la población. En las grandes ciudades, la pérdida de capacidad antiaérea aumenta el peligro para los civiles ante ataques con numerosos misiles. Kiev y Járkov figuran entre las zonas expuestas, con un incremento inmediato de víctimas civiles vinculado al deterioro de sus defensas.
El Patriot ocupa una posición particular en el arsenal ucraniano porque es el único sistema occidental del que dispone Kiev con capacidad eficaz para interceptar misiles balísticos rusos pesados y armas hipersónicas como el Kinzhal y el Zircon. La escasez de sus interceptores deja sin esa protección a los centros urbanos y a las instalaciones estratégicas atacadas.
El problema de suministro no se limita a Ucrania. La demanda internacional de interceptores Patriot, especialmente de las variantes PAC-2 y PAC-3, ha aumentado por los enfrentamientos en Oriente Medio y, en particular, por la guerra contra Irán. Durante los primeros meses de ese conflicto se consumieron más de 1.000 interceptores Patriot y THAAD de fabricación estadounidense. La producción en Estados Unidos no alcanza para satisfacer las necesidades globales. El plazo de fabricación señalado para un solo misil puede llegar a 36 meses.
La situación se complica por la guerra político entre Volodímir Zelenski y Donald Trump. La disputa incluye un acuerdo, descrito como controvertido, que firmó el Gobierno estadounidense para importar diésel de Rusia con el objetivo de reducir los precios del combustible antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Zelenski lo calificó de “traición” y afirmó que Ucrania no respetaría el alto el fuego relativo a los ataques contra instalaciones energéticas: continuaría sus ofensivas contra refinerías rusas.
Tras esa declaración, Washington amenazó con detener las compras europeas de armamento destinado a Ucrania a través del programa PURL. Al mismo tiempo, se produjeron graves interrupciones en los sistemas de comunicaciones militares que funcionan como alternativa a Starlink. Estas dificultades se suman a las restricciones sobre el suministro de interceptores.
Kiev también buscó autorización para fabricar misiles Patriot dentro del país, pero no consiguió las licencias. La administración Trump y contratistas estadounidenses de defensa, entre ellos Raytheon y Lockheed Martin, se opusieron por consideraciones comerciales y de seguridad.
Ante la falta de existencias, Ucrania solicita ayuda urgente a países europeos de la OTAN, como Alemania, para obtener parte de sus reservas. Esos arsenales también son reducidos y los gobiernos europeos temen que nuevas transferencias debiliten su propia seguridad. Por ahora, la búsqueda de esas entregas constituye un intento de sostener temporalmente la defensa antiaérea ucraniana.










