Canadá inició negociaciones con la empresa sueca Saab para adquirir el avión de alerta temprana y control aerotransportado GlobalEye, una plataforma destinada a reforzar la vigilancia del Ártico y la defensa aeroespacial de América del Norte. La iniciativa fue anunciada el 27 de mayo de 2026 por el primer ministro Mark Carney durante la feria de defensa CANSEC, en Ottawa.
Canadá negocia con Saab la compra del GlobalEye para aumentar la vigilancia del Ártico, reforzar su papel en el NORAD y mejorar la detección de amenazas aéreas, marítimas y terrestres en grandes distancias.
La operación forma parte de los planes canadienses para modernizar su contribución al NORAD y ampliar la capacidad de detección frente a amenazas aéreas, marítimas y terrestres en las zonas septentrionales del país. Para las Fuerzas Armadas Canadienses, el GlobalEye permitiría incorporar una plataforma móvil de vigilancia, mando y control capaz de operar sobre áreas extensas y transmitir información en tiempo real a unidades propias y aliadas.
GlobalEye ampliaría la cobertura canadiense en el Ártico
La necesidad operativa se concentra en el Ártico, una región marcada por enormes distancias, infraestructura limitada y condiciones meteorológicas severas. En esas zonas, los radares terrestres no siempre ofrecen cobertura continua, por lo que una plataforma aerotransportada puede aportar flexibilidad, profundidad y persistencia a la red de sensores de defensa continental.

El GlobalEye puede detectar objetivos a distancias de hasta 650 kilómetros, lo que permitiría extender la vigilancia más allá del alcance de sensores fijos. Esa capacidad resulta relevante para anticipar la aproximación de misiles de crucero, drones de largo alcance, bombarderos estratégicos u otras amenazas dirigidas al espacio aéreo norteamericano.
Para el NORAD, una aeronave de este tipo reforzaría una arquitectura de defensa por capas. Su empleo daría más tiempo de reacción ante amenazas que operen a baja altura o intenten aprovechar las brechas de cobertura existentes en áreas remotas del norte canadiense.
Radar Erieye ER y sensores multidominio
El avión está basado en la familia Bombardier Global 6000/6500 e integra el radar Erieye Extended Range de Saab, un sistema de barrido electrónico activo diseñado para rastrear amenazas aéreas en grandes áreas. Frente a radares mecánicos convencionales, ofrece mejores prestaciones contra interferencias, blancos de baja visibilidad y vuelos a baja altura.

Además de vigilancia aérea, el GlobalEye incorpora radar marítimo, sensores electroópticos, medidas de apoyo electrónico y sistemas de mando y control. Esa combinación permite seguir aeronaves, buques, misiles de crucero, vehículos terrestres y emisiones electrónicas desde una sola plataforma, lo que convierte al sistema en una capacidad de vigilancia multidominio.
El interés canadiense también responde a la evolución militar del Ártico. Rusia ha reconstruido durante más de una década instalaciones militares en sus territorios septentrionales, incluidos aeródromos, radares, defensas con misiles e infraestructura naval. China, aunque mantiene una presencia militar mucho más limitada, ha aumentado su actividad política, científica y económica en la región bajo su definición de “Estado cercano al Ártico”.
Componente industrial y valor estratégico para Canadá
La posible compra tendría también un componente industrial relevante para Canadá. Al estar basado en una plataforma de Bombardier, el programa podría abrir oportunidades nacionales en mantenimiento, soporte, integración de sistemas y sostenimiento durante el ciclo de vida de la aeronave.

El GlobalEye ya es operado por Emiratos Árabes Unidos y fue seleccionado por Suecia para su propia modernización militar. Su atractivo frente a sistemas más antiguos, como el Boeing E-3 Sentry AWACS, reside en su diseño multidominio y en menores exigencias de operación frente a plataformas concebidas durante la Guerra Fría.
Si las negociaciones concluyen en un contrato, Canadá incorporaría una capacidad estratégica para vigilar sus accesos septentrionales, apoyar operaciones del NORAD y aumentar su interoperabilidad con aliados de la OTAN. La decisión apuntaría a cubrir una brecha concreta: disponer de alerta temprana móvil y persistente en una región donde la defensa continental depende cada vez más de sensores capaces de operar sobre grandes distancias.