Rusia podría intentar ampliar su control territorial en el Donbás antes de unas negociaciones de paz que parecen inevitables en los próximos meses. Sin embargo, el avance tendría un costo elevado: según el director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, Moscú pierde efectivos a un ritmo acelerado.
John Ratcliffe, director de la CIA, aseguró el miércoles 16 de julio que un soldado ruso sobrevive, en promedio, entre 20 y 30 minutos en el campo de batalla antes de morir o resultar herido.
La esperanza media de vida de un recluta ruso en el frente ucraniano es de entre 20 y 30 minutos, según el director de la CIA, quien atribuyó esta situación al uso de drones de bajo costo dotados de inteligencia artificial.
Ratcliffe hizo estas declaraciones durante la Cumbre de Defensa e Innovación, celebrada en Pensilvania, donde indicó que las bajas de Rusia han marcado niveles récord durante varios meses consecutivos.
“Nuestra información de inteligencia coincide con algunos de los informes de fuentes abiertas que quizá hayan visto sobre Ucrania”, señaló Ratcliffe. “La esperanza media de vida de un recluta ruso que llega ahora al campo de batalla en Ucrania se calcula entre 20 y 30 minutos”.
“Esto se debe a que los drones dotados de inteligencia artificial se han convertido en máquinas de matar especializadas y de bajo costo”, añadió.
Sus palabras apuntan a dos dificultades centrales para Rusia: la falta de personal y la creciente complejidad de alcanzar la victoria frente a unas fuerzas armadas de menor tamaño.
Rusia pierde más soldados de los que logra incorporar
Moscú pierde soldados con rapidez y tampoco consigue sustituirlos al mismo ritmo. Rusia mantiene el reclutamiento mensual de decenas de miles de militares por contrato mediante generosas primas de incorporación y programas regionales de incentivos, pero cada vez resulta más claro que esos efectivos se consumen casi tan pronto como llegan al frente.
Para sustentar esta conclusión, Ratcliffe se refirió a distintos informes de fuentes abiertas y a datos recopilados por los servicios de inteligencia.
Una de las evaluaciones más exhaustivas disponibles fue publicada a comienzos de este mes por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). El informe se elaboró a partir del análisis de más de 20.000 ataques ucranianos documentados.
Sus autores, los investigadores Seth Jones y Riley McCabe, calcularon que Rusia registra actualmente unas 30.000 bajas al mes, entre muertos y heridos, mientras suma alrededor de 27.000 nuevos efectivos en ese mismo periodo.
Por tanto, el número de soldados que Rusia pierde supera al de los que logra incorporar.
El estudio también concluyó que la relación de bajas se ha desplazado de manera drástica a favor de Ucrania. En el primer semestre de este año, la proporción llegó a casi ocho bajas rusas por cada baja ucraniana. Durante buena parte del resto de la guerra, la diferencia había sido de aproximadamente dos o tres a una.
Estas cifras ayudan a explicar por qué las fuerzas rusas recurren principalmente a pequeños ataques de infantería, en lugar de emprender grandes ofensivas mecanizadas.
Moscú depende de tropas de reemplazo con poca preparación, que son enviadas al combate casi inmediatamente después de llegar al teatro de operaciones.
Informes anteriores describieron a esos reclutas como hombres destinados a la “picadora de carne”, en vez de soldados entrenados para participar en ofensivas mecanizadas y operaciones de alcance estratégico.
Los drones cambian la dinámica del campo de batalla
La incapacidad rusa para ejecutar ese tipo de ofensivas también se relaciona con otro aspecto mencionado por Ratcliffe: el empleo de drones y otros sistemas ha permitido a Ucrania modificar la dinámica de la guerra.
La conversación en la cumbre giró en torno al liderazgo de Estados Unidos y la inteligencia artificial. En ese contexto, Ratcliffe expuso cómo las tecnologías emergentes están transformando la guerra moderna y pueden reducir la diferencia entre fuerzas armadas grandes y pequeñas.
“Por eso ya llevamos cuatro años y medio de conflicto. La conclusión es que el dominio de la tecnología y de estos sistemas emergentes tiene tanta importancia como la fuerza militar.
“Por eso una fuerza inferior ha logrado contener, cuatro años y medio después, a la fuerza superior de Rusia en Ucrania. Y hay otro dato aún más revelador, si se observan los avances iniciales de Rusia dentro de Ucrania.
“En este momento, Rusia ocupa el 20 % del territorio ucraniano”, afirmó.
“Cuando asumí el cargo de director de la CIA hace 18 meses, Rusia ocupaba el 19 % de Ucrania. El ritmo de avance se ha detenido porque Ucrania domina tecnologías emergentes, en este caso la guerra con drones y la guerra asimétrica. Eso actúa como un gran factor de equilibrio y demuestra por qué debemos ocupar una posición de liderazgo en todos estos ámbitos para conservar nuestro lugar en el mercado mundial”.
La guerra en Ucrania funciona, en la práctica, como una muestra de cómo podrían desarrollarse los conflictos futuros. Kiev ha comprobado que drones baratos, asistidos por inteligencia artificial y cuyo precio oscila entre cientos y miles de dólares, pueden destruir tanques y vehículos blindados.
Esos sistemas también han dejado fuera de servicio piezas de artillería y han destruido defensas antiaéreas y aeronaves valoradas en millones de dólares.
La transformación tiene consecuencias profundas para todas las fuerzas armadas y, por extensión, para las guerras que puedan librarse en el futuro.
Estados Unidos afronta una nueva carrera tecnológica
En el caso de Estados Unidos, una de las principales lecciones es que la superioridad tecnológica ya no depende únicamente del número de costosos aviones de combate o portaaviones disponibles.
Esos medios continúan siendo relevantes y pueden contribuir a la victoria en un conflicto futuro, siempre que se integren con drones y nuevos sistemas asistidos por inteligencia artificial.
China y otras potencias rivales destinan grandes recursos al desarrollo de sistemas autónomos diseñados para saturar a fuerzas más sofisticadas mediante drones fabricados en masa. A su vez, los Estados de menor tamaño cuentan ahora con tecnología comercial capaz de provocar daños desproporcionados.
Estados Unidos deberá acelerar el desarrollo de estas capacidades para mantener su ventaja. A largo plazo, conforme el resto del mundo se adapte a la nueva realidad tecnológica, incluso el problema de personal que Rusia afronta actualmente podría perder relevancia.





