La Armada retiró esta semana del servicio al USS Fort Worth, un buque de combate litoral que solo había completado la mitad de la vida útil proyectada.
La embarcación, cuya construcción costó cuatrocientos millones de dólares, comenzó a operar en 2012 y debía permanecer activa hasta finales de la década de 2030. Sin embargo, los problemas crónicos de reparación, los gastos derivados de esas averías y las persistentes dudas sobre la viabilidad general del buque precipitaron su retiro.
Una de las principales dificultades estuvo relacionada con el engranaje de combinación, el mecanismo que conecta la turbina de gas y los motores con los ejes de propulsión por chorro de agua. En 2016, este sistema sufrió daños críticos después de que miembros de la tripulación incumplieran los procedimientos correspondientes durante unas pruebas de motores. El incidente dejó al USS Fort Worth prácticamente inutilizable.
La Armada había previsto retirarlo en 2022, cuando apenas acumulaba diez años de servicio. En lugar de hacerlo, decidió asignarle una nueva función y lo destinó a la evaluación de tecnologías emergentes en un puerto de San Diego.
“Al retirar las plataformas de prueba de los primeros cascos como el Fort Worth, la Armada redirige las inversiones hacia la modernización del inventario restante de buques de combate litoral con el objetivo de mejorar sus capacidades”, señaló la institución en un comunicado difundido esta semana. Según el mismo texto, la medida contribuye a garantizar que “los buques activos se mantengan relevantes, conserven su credibilidad en combate y resulten fiables a lo largo de su vida útil”.
Dan Grazier, director del programa de reforma de la Seguridad Nacional del Centro Stimson, ofreció a la publicación RS una valoración más crítica: “Todo el concepto del buque de combate litoral ha fracasado”.
“Se trata de un barco con un diseño deficiente que acarrea una carga de mantenimiento excesiva”, añadió Grazier. Esa apreciación coincide con las conclusiones de un informe publicado en 2022 por la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés). El documento determinó que la Armada “no ha demostrado que este tipo de buque pueda llevar a cabo las misiones para las que se concibió” y advirtió que tenía menos probabilidades de resistir en combate que otras embarcaciones equivalentes.
El retiro anticipado del USS Fort Worth refleja una crisis de adquisiciones de mayor alcance, marcada por los reiterados problemas de la Armada para desplegar buques fiables que puedan cumplir las funciones previstas.
Según explicó Grazier a RS, la institución ha apostado con frecuencia por embarcaciones de diseño complejo equipadas con tecnologías que no habían sido probadas y que, en numerosos casos, no funcionaron conforme a lo planeado.
“La Armada padece ahora las verdaderas consecuencias de años de malas políticas”, afirmó Grazier. “El tamaño de la flota se reduce de manera paulatina”.
El plan inicial contemplaba la compra de cincuenta y cinco buques de combate litoral. En 2014, mientras aumentaban las dudas sobre la viabilidad del programa, la Armada redujo el objetivo a treinta y dos unidades. En la actualidad, el inventario está compuesto por veintisiete.






