Monty Goldstein celebró su 102.º cumpleaños con una merienda familiar, rodeado de sus hijos, nietos y bisnietos; un momento de alegría que constituye un gran regalo para alguien que ha presenciado acontecimientos que muchos de nuestros contemporáneos desconocen.
Pero esa alegría se mezcla con una profunda tristeza. Más de ocho décadas después de vestir el uniforme del ejército británico y defender a su país de los ataques nazis, Goldstein contempla con profunda ansiedad la creciente ola de crímenes de odio y antisemitismo en el Reino Unido.
“¿Qué he hecho para que esto suceda?”, pregunta Goldstein con evidente dolor en una entrevista concedida a la agencia de noticias británica PA. Según él, la Inglaterra actual ya no es el mismo país que conoció de niño en el este de Londres, una zona donde tuvo que afrontar el ambiente tenso provocado por los fascistas liderados por Oswald Mosley durante su juventud.
“Lo que ocurre en el extranjero no es culpa mía y no puedo evitarlo. Pero existe tanto antisemitismo, sobre todo en la zona de Golders Green, que algunas personas tienen miedo de salir a la calle. Por eso digo que Inglaterra ya no es la misma”.
Goldstein, inglés de pura cepa, fue reclutado por el ejército británico en 1943, cuando solo tenía 18 años. Sirvió en una unidad antitanque encargada de defender la capital de los ataques de la fuerza aérea de la Alemania nazi.
Aunque esperaba que lo enviaran a Francia tras el desembarco de Normandía, su compañía permaneció en Gran Bretaña debido a la importancia crucial de defender el frente interno. Desde el final de la guerra, forma parte de la Asociación de Excombatientes Judíos (AJEX) y nunca ha faltado a una sola conmemoración.
Hoy, al observar una realidad en la que algunos miembros de la comunidad tienen miedo de manifestar públicamente su identidad judía o de ondear con orgullo la bandera de su país, considera que esa situación constituye una injusticia histórica.
“Los judíos intentan ser ciudadanos ejemplares, respetar la ley, pagar impuestos y ayudar a los demás y, sin embargo, son tratados como ciudadanos de segunda clase”, afirma. También advierte que, en lugar de avanzar, la sociedad retrocede hasta el punto de que algunos miembros de la comunidad consideran cambiar su forma de vida y abandonar el país.
Según él, el sistema educativo debe asumir su responsabilidad y actuar con firmeza contra el fenómeno del odio en las escuelas, ya que las generaciones más jóvenes asimilan la hostilidad hacia los judíos incluso antes de conocerlos.
A pesar de la profunda decepción que le producen los cambios que experimenta Gran Bretaña, opta por mantenerse fiel a sus valores: “Gran Bretaña es mi país; no conozco otro”.
Respecto al secreto de la longevidad que le permitió alcanzar la asombrosa edad de 102 años, lo resume de forma sencilla: “Cada mañana, al abrir los ojos, uno debería dar gracias a Dios, porque vivir hasta esa edad es un regalo”.






