Las FDI rechazan la afirmación de que hayan delegado en sistemas de inteligencia artificial la decisión final sobre qué objetivos atacar. Su posición es que operadores de la Fuerza Aérea con formación especializada y oficiales jurídicos militares participan en esas decisiones y conservan la responsabilidad sobre ellas.
El ejército también cuestiona que la película NAZA se difundiera sin que sus responsables le permitieran responder de forma paralela a acusaciones concretas. Parte de esa crítica fue expresada públicamente por el portavoz militar, general de brigada Effie Defrin.
Las FDI no niegan las muertes de civiles en Gaza. Las describen como una consecuencia trágica de la guerra y atribuyen parte del riesgo a la práctica de Hamás de situar a combatientes y medios militares entre la población civil. También sostienen que la película deja fuera los esfuerzos de evacuación y los ataques que fueron cancelados para reducir daños a civiles.
Cómo explican las FDI la proporcionalidad de los ataques
El derecho de los conflictos armados no exige que un ataque cause cero muertes civiles ni establece que deba morir un número de civiles inferior al de combatientes. El análisis de proporcionalidad depende de las circunstancias de cada operación, del valor militar del objetivo, del daño previsto para la población civil y de la posibilidad real de advertir a quienes se encuentran en la zona.
Según la posición militar descrita en el texto original, hubo casos en los que la Fuerza Aérea desvió misiles después del lanzamiento cuando civiles aparecieron de forma inesperada cerca del objetivo. Las FDI presentan esas decisiones como prueba de que los operadores humanos mantienen capacidad de intervención incluso después de iniciado un ataque.
El ejército admite que las operaciones de alta complejidad dejan menos tiempo para evaluar todo el entorno. El rescate de Noa Argamani en junio de 2024 aparece como uno de esos casos. El vehículo que transportaba a Argamani, a otros rehenes y a soldados quedó inmovilizado dentro de un área controlada por Hamás, lo que obligó a tomar decisiones en cuestión de minutos para impedir que el grupo fuera rodeado.
Fuentes militares reconocieron después que durante esa operación se cometieron más errores respecto de civiles cercanos de los que probablemente habrían ocurrido si el plan se hubiera desarrollado sin esa emergencia. Aun así, la posición de las FDI es que los oficiales de la Fuerza Aérea conservaron margen para limitar ataques y evitar daños adicionales.
El debate sobre el llamado “daño colateral”
Las FDI también objetan el uso que hace NAZA del concepto de “daño colateral”. A juicio del ejército, la película lo presenta como una expresión deshumanizante, mientras que los procedimientos militares lo incorporan precisamente como una variable que debe reducirse antes de autorizar un ataque.
Cuando se fija un umbral mínimo sobre el número de civiles que podría resultar afectado por un ataque contra un miembro de Hamás, ese cálculo no equivale a una autorización automática. La postura militar es que se trata de un límite inicial y que los responsables deben intentar reducir todavía más el riesgo para los civiles.
Las FDI niegan además que proporciones de 100 o 500 civiles muertos por cada integrante de Hamás reflejen la realidad general de sus operaciones. Admiten que hubo episodios con cifras mucho mayores, pero los atribuyen sobre todo a errores o a circunstancias no conocidas de antemano.
Uno de los ejemplos citados es un ataque contra una vivienda en la que se encontraba un miembro de Hamás. Debajo del edificio había un túnel que las FDI desconocían. El colapso de la casa y del tramo subterráneo provocó después la caída no prevista de otras viviendas del mismo bloque.
Desacuerdos internos sobre algunos ataques
Después de marzo de 2025 surgieron desacuerdos entre oficiales de la Fuerza Aérea y del Comando Sur sobre el grado de agresividad de determinadas órdenes de ataque. Las FDI no presentan esas diferencias como una confirmación de las tesis de NAZA, sino como disputas profesionales entre mandos con funciones y perspectivas distintas.
El ejército también cuestiona que los 24 presuntos soldados entrevistados para la película no hubieran consultado a niveles superiores de mando que, desde su perspectiva, podían aportar contexto sobre las decisiones que describieron. Para las FDI, esa ausencia limita la forma en que la película presenta los dilemas operativos y jurídicos de la guerra.










