Boaz Levy, presidente de Israel Aerospace Industries (IAI), considera que el campo de batalla de la próxima década dependerá cada vez más del espacio, la inteligencia artificial, los sistemas autónomos, la robótica, los enjambres de drones y los misiles. Su planteamiento exige además una red común que conecte a las FDI con hospitales, servicios de rescate y otros organismos que actúan durante una guerra.
Levy sitúa el origen de la capacidad espacial israelí a finales de la década de 1970. Tras el acuerdo de paz con Egipto y la retirada del Sinaí, Israel buscó compensar una brecha de inteligencia mediante medios tecnológicos. De ese contexto surgió la propuesta de colocar satélites con sensores capaces de observar desde el espacio.
En aquel momento, Estados Unidos y la Unión Soviética eran los principales países con capacidades de ese tipo. Con el tiempo, los satélites Ofek pasaron a ocupar un lugar central en la infraestructura de inteligencia israelí. Levy señaló que durante la guerra suministraron imágenes para la planificación de misiones y la evaluación de ataques.
Israel lanzó tres satélites en un solo año de guerra: el satélite de comunicaciones Dror y dos satélites de reconocimiento Ofek. Para Levy, el aumento del número de plataformas de observación también multiplica el volumen de datos disponible para sistemas de inteligencia artificial.
Más satélites y análisis automatizado
IAI trabaja en un programa para ampliar la cantidad de satélites y mejorar tanto la frecuencia con la que puede observarse una zona como la resolución de las imágenes. Levy afirmó que el plan ya cuenta con aprobación gubernamental y que su financiación combina recursos de investigación y desarrollo de IAI con fondos del Ministerio de Defensa.
El objetivo es que sensores espaciales y algoritmos de inteligencia artificial permitan obtener una imagen actualizada de áreas de interés para Israel. Levy sostuvo que el país debe aspirar a situarse entre las principales potencias espaciales del mundo.
Para el presidente de IAI, el cambio no se limita a nuevas plataformas. También requiere reducir la carga de los soldados mediante sistemas autónomos y robots, junto con sensores más avanzados y grandes bases de datos que permitan identificar cambios y extraer patrones.
Como ejemplo, describió un radar que observa durante años una misma zona. Ante una variación, los datos acumulados pueden compararse con registros anteriores para detectar tendencias y anticipar posibles desarrollos. IAI ya crea bases de datos de ese tipo y unidades especializadas en incorporar herramientas de IA a sistemas operativos.
Una guerra sin una línea de frente definida
Levy considera que las guerras futuras no estarán concentradas en una frontera concreta. Citó a Ucrania e Israel para sostener que las ciudades forman parte directa del espacio de combate y que, por ello, el ejército deja de ser el único organismo que necesita una imagen operacional común.
Su modelo incluye a civiles, fuerzas de seguridad, equipos de rescate, hospitales y bancos dentro de una misma red de datos. Una ambulancia, un helicóptero de rescate y una unidad militar deberían compartir información y operar sobre una base de planificación común.
Levy afirmó que la tecnología necesaria ya existe, pero que su implantación exige inversión adicional. A su juicio, si Israel no destina recursos ahora a esa infraestructura, carecerá de respuestas suficientes en futuras guerras.
También describió un entorno en el que Israel puede enfrentarse de forma simultánea a amenazas procedentes de Yemen, Irán, Siria y Líbano. En ese escenario, sensores, municiones, sistemas autónomos y medios espaciales deberían intercambiar datos y seleccionar la respuesta más adecuada según la amenaza y los recursos disponibles.
Drones, defensa en capas y misiles
La amenaza de los drones ocupa una parte central de esa visión. Levy reconoció que Israel comenzó a atenderla más tarde de lo deseable, entre otras razones por restricciones presupuestarias y cambios de prioridades. Considera que la detección ya dispone de soluciones eficaces, pero que la intercepción necesita varias capas complementarias.
Entre esas capas mencionó medios cinéticos, guerra electrónica y sistemas láser. Frente a ataques numerosos o enjambres procedentes de distintas direcciones, Levy defiende una arquitectura que combine varias tecnologías. La Dirección de Investigación y Desarrollo de Defensa del ministerio de Defensa trabaja en una solución nacional integrada con participación de las industrias del sector.
Levy también se refirió al debate sobre la creación de un cuerpo de misiles independiente. Para él, la cuestión principal no es qué rama militar debe operarlos, sino si Israel necesita misiles capaces de responder en situaciones específicas. Su respuesta es afirmativa.
La experiencia de la guerra reciente, según Levy, mostró que los misiles pueden proporcionar una ventaja inmediata en determinadas circunstancias. La decisión de asignarlos a la Fuerza Aérea, a las fuerzas terrestres o a una estructura separada le parece secundaria frente a la necesidad de definir requisitos y ordenar el desarrollo de esos sistemas.










