La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha incluido una posible reactivación de la producción del C-17 Globemaster III entre las opciones que examina para definir su próxima generación de transporte aéreo. El análisis forma parte de un proceso más amplio que también abarca el futuro de los aviones cisterna y de las capacidades de reabastecimiento en vuelo.
El plan conocido hasta ahora prevé sustituir tanto al C-17A como al C-5M Galaxy mediante una nueva plataforma de transporte, denominada Next Generation Airlift, a partir de mediados de la década de 2040. En paralelo, la Fuerza Aérea estudia una familia de soluciones para reabastecimiento aéreo dentro del programa Advanced Tanker Systems.
El teniente general Daniel Tulley, jefe del Comando de Movilidad Aérea, explicó que el próximo Análisis de Alternativas para reemplazar los C-17 y C-5 mantiene abiertas distintas posibilidades. Entre ellas figura prolongar la vida útil del C-17 o estudiar si la antigua línea de producción puede recuperarse.
Boeing cerró la fabricación del C-17 en 2015. Tulley señaló que una de las cuestiones básicas es determinar si la maquinaria, los troqueles y otros equipos necesarios todavía existen y pueden volver a utilizarse. A esa evaluación se suma el costo de reactivar la cadena industrial.

El jefe del Comando de Movilidad Aérea también planteó otra cuestión: incluso si fuera posible fabricar nuevos C-17, la Fuerza Aérea tendría que decidir si conviene invertir en una versión modernizada del diseño existente o en tecnologías nuevas. Entre las capacidades que citó están la autoprotección, la conectividad y la integración en redes de combate.
El Congreso también ha mostrado interés en el asunto. En junio, el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes pidió a la Fuerza Aérea que preparara una sesión informativa sobre una posible nueva producción del C-17 como parte del proyecto de la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2027.
Un estudio de RAND Corporation realizado hace más de una década evaluó distintas posibilidades para fabricar más C-17A y desarrollar variantes derivadas. Ese trabajo concluyó que cualquiera de esas opciones exigiría miles de millones de dólares en nuevas inversiones y supondría riesgos industriales y financieros.
La participación de operadores extranjeros podría reducir parte del costo de una eventual reapertura de la línea. Australia, Canadá, India, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y el Reino Unido utilizan el Globemaster III. La iniciativa multinacional Strategic Airlift Capability también opera tres aeronaves de este tipo.

Boeing indicó en junio que algunos operadores de C-17 habían consultado a la empresa sobre la posibilidad de reactivar la producción. La compañía manifestó interés en esas conversaciones, aunque no existe todavía una decisión sobre un nuevo programa.
La Fuerza Aérea mantiene una fuerte dependencia de su flota de C-17 para el transporte estratégico. Esa demanda ha aumentado con las necesidades operativas actuales, incluido la guerra con Irán. Al mismo tiempo, el servicio estudia si una sola plataforma futura puede sustituir tanto al C-17 como al C-5, dos aviones con dimensiones y funciones distintas.
Entre las propuestas externas aparece el Windrunner de Radia, un diseño nuevo de mayor tamaño físico que el C-17 y el C-5. La empresa pretende realizar su primer vuelo antes del final de la década, aunque el proyecto todavía se encuentra en una fase temprana.
La Fuerza Aérea también define qué sucederá después con sus aviones cisterna. El programa Advanced Tanker Systems analiza alternativas para el periodo posterior al KC-135, mientras el servicio amplía la flota de KC-46A. Este último modelo todavía presenta problemas técnicos y operativos.
Tulley indicó que el próximo sistema de reabastecimiento deberá contar con conectividad y capacidad de supervivencia. También dejó abierta la posibilidad de que futuros aviones cisterna sean tripulados, opcionalmente tripulados, autónomos o parte de una familia que combine varias soluciones.

El MQ-25 Stingray de la Armada ofrece un referente para este tipo de tecnologías. La Marina anunció esta semana su primer contrato de producción inicial de baja tasa para ese dron cisterna. Boeing ha mostrado en el pasado un concepto terrestre de mayor tamaño basado en la misma idea, mientras Skunk Works de Lockheed Martin ha presentado otros diseños avanzados de aviones cisterna, incluidos conceptos furtivos y sin tripulación.
William Bailey, responsable interino de las funciones del secretario adjunto de la Fuerza Aérea para Adquisiciones, Tecnología y Logística, explicó que el servicio no quiere limitar el problema a la creación de un avión cisterna furtivo. La cuestión principal es garantizar el acceso operativo del avión y estudiar qué sistemas pueden protegerlo durante una misión.
La presión sobre la flota de cisternas también ha aumentado por las operaciones actuales. La Fuerza Aérea y la Armada han ampliado el uso de aeronaves cisterna operadas por contratistas para determinadas misiones no combatientes, con el fin de reducir la carga sobre las flotas militares.
Las mejoras de los aviones existentes se concentran en dos áreas: conectividad y autoprotección. Tulley destacó el valor de las comunicaciones en red durante la Operación Furia Épica contra Irán, donde las tripulaciones pudieron coordinar órbitas de reabastecimiento, encuentros y avisos de amenazas.

El programa MAF NEXUS busca extender ese tipo de conectividad a todos los aviones de movilidad. El sistema contempla capacidad de computación en el propio avión, uso de inteligencia artificial y conexión con el resto de la fuerza conjunta y con los sistemas de gestión de batalla de la Fuerza Aérea.
Para la defensa de los aviones cisterna, el Comando de Movilidad Aérea estudia medidas en el espectro electromagnético, sistemas cinéticos de autoprotección y combinaciones por capas. El criterio señalado por Tulley es que cualquier solución debe ser asequible y aplicable tanto a las aeronaves actuales como a las futuras.
Otra posibilidad es emplear aviones de combate colaborativos u otros drones como escolta y defensa localizada para transportes y cisternas. La Fuerza Aérea ya ha realizado ensayos relacionados con esa idea.
La posible vuelta del C-17 a producción no es, por tanto, una decisión adoptada. Forma parte del conjunto de alternativas que la Fuerza Aérea estudia mientras define cómo sustituirá sus grandes transportes y cómo configurará la siguiente generación de aviones cisterna.










