La tarea de formar el próximo gobierno israelí dará a Gadi Eisenkot una influencia inmediata sobre los trabajos parlamentarios. Una vez que el presidente Isaac Herzog le entregue el mandato, el partido Yashar tendrá derecho a presidir la comisión organizadora de la Knéset. Ese cargo permite intervenir en la agenda de la cámara antes de que se constituya el nuevo Ejecutivo.

La presidencia de esa comisión tiene especial importancia mientras continúa en funciones un gobierno provisional. Desde allí se regulan los procedimientos legislativos, los asuntos que llegan al pleno y la composición de las comisiones parlamentarias. Para Yashar, esta atribución sería más inmediata que la presidencia de la propia Knéset, sobre la cual todavía no hay acuerdo entre los partidos de izquierda.
Ambos cargos se asignan de manera distinta. La elección del presidente de la Knéset necesita una votación del pleno, lo que deja abierta la disputa entre partidos. La comisión organizadora, en cambio, debe quedar presidida por un diputado de la formación a la que pertenece el candidato que recibe el encargo presidencial de formar gobierno. Por esa regla, el puesto correspondería a Yashar al recibir Eisenkot el mandato.
La próxima semana, después de la toma de posesión de la nueva Knéset, la comisión organizadora deberá poner en marcha al menos tres órganos: la Comisión de la Knéset, la de Asuntos Exteriores y Defensa y la de Finanzas. También determinará cómo se distribuirán sus escaños entre las formaciones políticas.

La distribución planteada daría mayorías a diputados de partidos de izquierda en esas tres comisiones, cuyas presidencias también ocuparían representantes de ese sector. Así podrían convocarse debates y promoverse iniciativas legislativas incluso antes de saber si Eisenkot consigue reunir los apoyos necesarios para establecer un gobierno.
La presidencia de la comisión organizadora, sin embargo, no equivale por sí sola a una mayoría parlamentaria. Si el partido del presidente pertenece a un bloque minoritario, no puede alterar a voluntad la composición de los órganos ni conseguir la aprobación de propuestas sin suficientes votos. En esas circunstancias, su principal capacidad sería impedir que determinadas discusiones y votaciones se celebren.
El cambio de titular del mandato puede invertir esa situación. Si las formaciones de izquierda comienzan a tramitar una ley y Eisenkot no consigue formar gobierno, el encargo presidencial podría pasar a Benjamín Netanyahu. En tal caso, un diputado del Likud asumiría la presidencia de la comisión organizadora y tendría capacidad para bloquear la inclusión de esa iniciativa inconclusa en el orden del día del pleno.
Este mecanismo ya fue objeto de una decisión en 2019. Después de que Netanyahu fracasara en su intento de formar gobierno y el mandato pasara a Benny Gantz, el fiscal general estableció que la presidencia de la comisión organizadora también correspondía al partido de Gantz. Esa interpretación sirve de antecedente para el traspaso previsto al partido de Eisenkot.

Por tanto, el poder que obtendría Yashar no depende de haber constituido ya un gabinete, sino de que Eisenkot sea el encargado de intentarlo. Su alcance efectivo estará condicionado por las mayorías parlamentarias y por el tiempo durante el cual conserve el mandato. Si el encargo cambia de manos, también cambiará el partido con derecho a dirigir la comisión.










