Avichai Mandelblit declaró este lunes ante el Tribunal de Distrito de Jerusalén que había dudado de la necesidad de abrir una investigación contra Benjamín Netanyahu por el caso 2000. El exfiscal general de Israel explicó que, desde el inicio, consideraba que el primer ministro no tenía intención de llevar a la práctica el acuerdo discutido con Arnon “Noni” Mozes, editor del diario Yedioth Ahronoth.
La afirmación surgió durante la séptima jornada de su testimonio, en un interrogatorio del abogado Amit Haddad, defensor de Netanyahu. Mandelblit distinguió entre la existencia de sospechas suficientes para investigar y su apreciación personal de lo que Netanyahu pretendía hacer. Esa diferencia, sostuvo, fue precisamente el motivo de sus dudas.

En el caso 2000 se examinan conversaciones grabadas entre Netanyahu y Mozes sobre posibles cambios en la cobertura del primer ministro y su familia por parte de los medios del grupo Yedioth Ahronoth. Esas conversaciones también abarcaron posibles medidas legislativas y regulatorias para restringir la distribución del periódico Israel Hayom. El proceso discute tanto el significado de esos intercambios como las intenciones de quienes participaron en ellos.
Haddad revisó con el testigo documentos, memorandos y actas anteriores al comienzo de la investigación. Entre ellos figuraba el acta de una reunión del 25 de diciembre de 2016, en la que se abordaron los preparativos de las diligencias y la posibilidad de coordinar los interrogatorios de Netanyahu por los casos 1000 y 2000.
Una parte de las preguntas se concentró en la condición procesal que se había previsto para Netanyahu. Haddad quiso saber si, en la fase preliminar, se había contemplado tomarle declaración como testigo, en lugar de interrogarlo bajo advertencia como sospechoso. Mandelblit respondió que no recordaba haber dispuesto que no se le interrogara en esa segunda condición y destacó que ambas actuaciones son diferentes.

El defensor insistió en la posibilidad de que se hubiera estudiado citar a Netanyahu únicamente como testigo. Mandelblit rechazó esa reconstrucción: “No recuerdo nada semejante. Nunca hubo algo así. No recuerdo nada de eso”. Precisó que su vacilación se refería a otra decisión, anterior incluso a la forma del interrogatorio.
“Tenía dudas sobre si siquiera había que investigarlo en este caso”, afirmó. El exfiscal general situó así la discusión en la justificación de iniciar las pesquisas, y no en una supuesta instrucción previa para tratar a Netanyahu exclusivamente como testigo.

Al preguntarle Haddad si aquella incertidumbre provenía de la falta de sospechas razonables, Mandelblit lo descartó. Reconoció que el contenido de las conversaciones permitía sospechar de un delito. Sin embargo, explicó que su valoración de la intención de Netanyahu lo llevó a examinar con detenimiento si correspondía actuar.
“Sí, por supuesto, eso genera una sospecha razonable. La cuestión es qué hacer si se tiene en cuenta que yo pensé todo el tiempo que él no tenía intención de hacerlo”, respondió. Esa convicción sobre las intenciones del primer ministro, indicó, había acompañado su análisis desde el principio.
Mandelblit también expuso por qué terminó por autorizar la investigación pese a esa valoración. Señaló que, en materia de soborno, incluso una tentativa puede constituir por sí misma un delito. “No es sencillo, por eso dudé”, explicó ante el tribunal.

Haddad trató de relacionar la indecisión inicial con la posibilidad de que Netanyahu no fuera considerado sospechoso en esa etapa. El testigo volvió a rechazar esa interpretación y mantuvo que no recordaba haber ordenado recibir su testimonio únicamente en calidad de testigo.
El fiscal Tadmur intervino para precisar el alcance de las respuestas. Argumentó que Mandelblit no había negado la presencia de sospechas de delito, sino que había descrito su creencia de que Netanyahu no pensaba llegar a un acuerdo de soborno efectivo. En opinión de Tadmur, lo que estaba en discusión era la decisión de investigar frente a esa evaluación.

La defensa continuó con el examen de las fechas y de las distintas autorizaciones dadas a la Policía. Haddad buscó reconstruir cómo se pasó de las deliberaciones iniciales a la citación de Netanyahu para un interrogatorio como sospechoso.
La relevancia de este intercambio se relaciona con la tesis defensiva sobre las conversaciones con Mozes. La defensa sostiene que fueron conversaciones políticas y tácticas sobre la prensa, sin intención de consumar un pacto delictivo. La interpretación de esas grabaciones y la intención de los interlocutores forman parte de las cuestiones que el tribunal debe resolver.

Las palabras de Mandelblit ofrecen a la defensa un argumento sobre lo que el propio responsable de autorizar la investigación pensaba en aquella etapa. Su declaración, sin embargo, incluyó dos afirmaciones distintas: a su juicio existía una sospecha razonable y, al mismo tiempo, creía que Netanyahu no pretendía concretar el acuerdo.
La posible incidencia de esa declaración en la valoración de la intención del primer ministro dependerá de cómo la examinen los jueces junto con las demás pruebas. Mandelblit sostuvo durante su testimonio que la ausencia de intención de completar un acuerdo no eliminaba necesariamente la necesidad de investigar, porque también debía considerarse la eventual responsabilidad por una tentativa de soborno.

La discrepancia quedó expuesta en el interrogatorio: Haddad intentó establecer qué consecuencias tuvo aquella convicción para las decisiones iniciales, mientras Mandelblit mantuvo que sus dudas nunca equivalieron a una decisión de interrogar a Netanyahu solamente como testigo. El tribunal deberá evaluar el alcance de esas explicaciones dentro del caso 2000.










