En julio de 2016, los indicios relacionados con el caso 1000 no alcanzaban, a juicio de Avichai Mandelblit, el umbral necesario para abrir una investigación penal completa contra Benjamín Netanyahu. El exfiscal general del Gobierno israelí volvió sobre esa fecha este jueves, durante su declaración en el Tribunal de Distrito de Jerusalén.
Ante una pregunta sobre la naturaleza de aquellos indicios, respondió: “Correcto, hay sospecha, no sospecha razonable”. La respuesta formó parte de la quinta jornada de su testimonio en el juicio contra el primer ministro, durante la cual la defensa cuestionó las verificaciones realizadas antes de que existiera una sospecha razonable.

El abogado defensor Amit Hadad quiso establecer por qué se examinaron determinadas alegaciones contra Netanyahu cuando un ciudadano común quizá no habría sido objeto de las mismas actuaciones. Para abordar esa diferencia, presentó un fragmento de un artículo de la periodista Dana Weiss que recogía unas declaraciones atribuidas a Mandelblit.
En ese fragmento se planteaba que algunos asuntos tenían un carácter dudoso y que, si no hubieran afectado al primer ministro, probablemente no habrían provocado aquellas comprobaciones. Mandelblit explicó que no estaba seguro de haber usado exactamente esas palabras, pero reconoció que la idea reflejaba su posición.

Su argumento se basó en distinguir una comprobación preliminar de una investigación penal completa. Precisó que, para abrir una investigación de este último tipo contra una persona corriente, las autoridades deben contar con indicios que alcancen el nivel de sospecha razonable.
En el caso de representantes electos y personas que ocupan cargos públicos de máxima responsabilidad, sostuvo que puede existir una razón jurídica y de interés público para examinar las alegaciones antes de alcanzar ese nivel. Una comprobación de esa naturaleza, añadió, puede tener por objeto descartar acusaciones carentes de fundamento y evitar que persistan dudas sobre el funcionario.

La defensa objetó que la denominación “comprobación” no resolvía la cuestión de las medidas concretas. Hadad sostuvo que se habían practicado procedimientos específicos e intrusivos contra Netanyahu que no se aplicarían a otra persona en circunstancias idénticas. Desde esa perspectiva, afirmó que existía una discriminación prohibida.
El abogado también cuestionó que ciertas actuaciones fueran clasificadas como verificaciones previas si, en la práctica, tenían las características de una investigación penal, pese a que, según la defensa, todavía no se cumplían los requisitos legales para abrirla.

Mandelblit rechazó esa acusación. Insistió en que el examen de información relativa a funcionarios de alto rango puede estar justificado aun sin una base probatoria suficiente para una investigación penal. A su entender, las autoridades deben poder comprobar si las afirmaciones son fundadas y decidir si corresponde desecharlas o continuar el procedimiento ante la aparición de nuevas pruebas.
Cuando Hadad volvió a preguntarle por el caso 1000 y la situación existente en julio de 2016, Mandelblit reiteró que había sospechas, pero no una sospecha razonable que, a su juicio, permitiera iniciar entonces una investigación penal completa.

La discrepancia persistió en la interpretación de ese trato diferenciado. Hadad lo presentó como prueba de una aplicación selectiva de las facultades de investigación, mientras que Mandelblit defendió las comprobaciones preliminares como un mecanismo para verificar denuncias relativas a altos cargos y, cuando procediera, descartar las sospechas.










