La producción que mantienen las compañías israelíes fuera de su territorio explica buena parte del crecimiento previsto por el Banco de Israel. Aunque esa actividad se incluye en el producto de la economía israelí, no depende necesariamente de trabajadores ni de capital establecidos en el país. Por ello, las tasas generales pueden ofrecer una impresión más favorable que la situación de la actividad económica local.
La nueva previsión de la división de investigación del banco, publicada el miércoles, sitúa el crecimiento de 2026 en el 5,6 % y el de 2027 en el 7,5 %. En julio, la institución había calculado un 4 % para este año y un 5,5 % para el próximo. La revisión eleva ambas estimaciones de manera considerable, pese a la guerra y a las dificultades económicas y de seguridad que enfrenta Israel.

Para distinguir el crecimiento total del que corresponde a la producción desarrollada dentro del país, el Banco de Israel difundió un cálculo adicional que excluye la producción de empresas israelíes en el extranjero. Bajo ese criterio, las tasas previstas se reducen al 3,4 % en 2026 y al 5,1 % en 2027. Ambas son positivas, pero quedan por debajo de los porcentajes de la previsión general.
El gobernador del banco, Amir Yaron, explicó que las empresas israelíes con fábricas en otros países incrementaron rápidamente esa actividad durante los dos últimos años. Sus operaciones aportan ingresos tributarios al Estado, pero la mayor parte de sus beneficios no llega directamente a los hogares de Israel. Esa diferencia entre el producto contabilizado y sus efectos internos explica por qué el banco presentó dos mediciones del crecimiento.

Las cifras se elaboraron bajo el supuesto de que la intensidad de los combates permanecerá baja. Tampoco incorporan las medidas económicas que pueda adoptar el gobierno que se forme después de las elecciones. Por tanto, las proyecciones no contemplan aún las decisiones de esa futura administración.
Entre los factores de riesgo identificados por Yaron figuran la situación de seguridad, la incertidumbre sobre los ingresos y los gastos públicos y el tamaño del presupuesto de defensa. También mencionó los cambios que puedan producirse en los ámbitos tecnológico y de inteligencia artificial.
Las previsiones del Banco de Israel coinciden en señalar un crecimiento elevado con las del Fondo Monetario Internacional, aunque las cifras son distintas. Para 2026, el FMI calcula una expansión del 4,5 % del producto israelí y sitúa al país por delante de las demás economías de la OCDE. En esa comparación, Dinamarca registra una previsión del 3,7 % y Polonia del 3,4 %.










