Los incendios forestales que afectan a distintas zonas de Europa han dejado al descubierto bombas, minas y otras municiones sin detonar de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Algunas han explotado por efecto del calor, mientras los equipos de emergencia adaptan sus operaciones ante el riesgo de encontrar artefactos enterrados en áreas alcanzadas por las llamas.
Se han registrado detonaciones en Francia, Bélgica, Alemania y los Países Bajos. En este último país, las autoridades enviaron a un equipo de desactivación de explosivos para inspeccionar un bosque amenazado por el fuego en la provincia de Limburgo, escenario de intensos combates en 1944.
En Francia, un gran incendio forestal en las afueras de Burdeos dejó expuesto un conjunto de municiones que se cree que data de la Segunda Guerra Mundial. En la provincia belga de Lieja, el gobernador Hervé Jamar informó de “algunas detonaciones esporádicas” y señaló que los servicios de emergencia habían adaptado sus operaciones ante la presencia de explosivos enterrados.
Municiones de la Segunda Guerra Mundial siguen apareciendo décadas después

Uno de los focos de preocupación es High Fens, una zona boscosa y pantanosa que se extiende entre Bélgica y Alemania y que fue escenario de combates durante la Segunda Guerra Mundial. Trampas explosivas, bombas y minas quedaron dispersas por el área y continúan apareciendo décadas después.
Bernard Collard, historiador local y responsable del Museo Truschbaum, explicó que seis civiles murieron en los cuatro años posteriores a la rendición alemana de 1945 por explosiones de municiones abandonadas en la región. “Al adentrarse en un bosque de estas características, nadie tiene la certeza de dónde se encuentran los explosivos”, afirmó.
Collard cuenta con autorización para recorrer antiguos campos de batalla con un detector de metales y ha encontrado proyectiles de mortero, ametralladoras, cascos, pitilleras y restos humanos. “Nunca se sabe qué es posible encontrar, y es un asunto que no debe tomarse a la ligera”, señaló. También colabora habitualmente con el escuadrón belga de desminado.
El riesgo aumenta cuando los incendios alcanzan terrenos con municiones sin detonar. Jonas Tepe, portavoz de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania, explicó que el calor puede activar las cargas explosivas.

El ministerio de Defensa de Bélgica recibe casi todas las semanas solicitudes de intervención en esa región, aunque considera que otras zonas del país concentran una mayor cantidad de restos bélicos. En el oeste, especialmente en los alrededores de Ypres, los agricultores llaman “la cosecha de hierro” a la aparición anual de proyectiles y otros artefactos de la Primera Guerra Mundial al trabajar la tierra.
El Servicio de Eliminación y Destrucción de Artefactos Explosivos de Bélgica atiende cada año más de 3.000 avisos y neutraliza entre 200 y 250 toneladas de municiones procedentes de las dos guerras mundiales.
El calor, los incendios y la sequía hacen reaparecer los explosivos
Sarah Njeri, especialista en paz y conflictos de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, relacionó la reaparición de estos artefactos con las condiciones meteorológicas extremas. “En la actualidad, el cambio climático se encarga de desenterrar y reactivar aquello que antes se mantenía estable”, afirmó. Los incendios pueden detonar municiones y, al mismo tiempo, eliminar la vegetación que las ocultaba.
La actual temporada de incendios estuvo precedida por fuertes lluvias en enero, que favorecieron el crecimiento de vegetación posteriormente seca por las altas temperaturas. Un estudio de World Weather Attribution señaló además la combinación de sequía, baja humedad y fuertes vientos como condiciones favorables para la propagación del fuego.

La sequía también ha hecho aparecer armamento en ríos y lagos. En Eslovaquia, el descenso del nivel del Danubio dejó al descubierto dos minas navales que fueron retiradas por la policía y destruidas de forma controlada.
En Budapest, las autoridades cerraron el puente Margarita después de que el retroceso de las aguas revelara una bomba de la Segunda Guerra Mundial junto a su base. En Alemania, el descenso del nivel del Rin permitió localizar otro artefacto de la misma época.
Christina Greene, investigadora de la Universidad de Arizona y coautora con Njeri de un estudio sobre incendios forestales y municiones sin detonar en Europa, afirmó que “el legado de la guerra resurge de manera continua” a medida que cambian las condiciones ambientales.










