Pese a los avances logrados por Israel contra el programa nuclear de Irán durante la denominada Guerra de los 12 Días de 2025 y las operaciones realizadas a comienzos de 2026, diversas fuentes señalaron a The Jerusalem Post que el riesgo nuclear iraní sigue siendo real, aunque no consideran que represente una amenaza inmediata.
Según la información, Irán no está operando actualmente centrifugadoras para enriquecer uranio, mientras que sus reservas de uranio enriquecido al 60 % y al 20 % permanecen fuera de un acceso sencillo. Además, la mayoría de las instalaciones nucleares resultaron inutilizadas tras las dos campañas de bombardeos.
Las fuentes indicaron que estos resultados representan un retroceso mayor para el programa nuclear iraní que las etapas de suspensión registradas entre 2003 y 2007 y entre 2015 y 2018. Sin embargo, advirtieron que aún persisten elementos que generan preocupación.
Aunque la mayor parte de las aproximadamente 20.000 centrifugadoras de Irán habría sido destruida, un número importante sobrevivió en instalaciones subterráneas. De acuerdo con las fuentes, si varios cientos de centrifugadoras avanzadas IR-6 pudieran recuperarse y volver a funcionar, Teherán podría retomar en el futuro la producción clandestina de material apto para un arma nuclear.
Las mismas fuentes señalaron que Irán también podría intentar extraer de forma secreta las reservas de uranio enriquecido que permanecen bajo los escombros mediante excavaciones subterráneas destinadas a evitar la vigilancia internacional. Incluso recuperar una fracción limitada de ese material podría ser suficiente para un futuro programa armamentístico.
El informe añade que imágenes satelitales muestran nuevas construcciones alrededor de algunas instalaciones nucleares, lo que, según analistas, podría estar relacionado con trabajos de excavación para ocultar determinadas actividades.
La situación se complica por la falta de supervisión internacional. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, afirmó que desde junio de 2025 el organismo no ha recibido información de Irán sobre el estado de sus instalaciones nucleares ni ha podido realizar inspecciones sobre el terreno, por lo que no puede cumplir plenamente sus funciones de verificación.
Las fuentes consultadas señalaron que el principal desafío ya no se limita al enriquecimiento de uranio, sino también a impedir que Irán reconstruya las instalaciones necesarias para convertir ese material en componentes utilizables para un arma nuclear. Entre ellas figuran las plantas destinadas a producir uranio metálico y fabricar las piezas necesarias para una ojiva.
Según el reporte, impedir la reconstrucción de esas capacidades constituye una de las principales misiones actuales de la inteligencia israelí. Las fuentes afirmaron que, hasta ahora, Teherán no ha logrado avances significativos en ese ámbito.
En conjunto, el artículo concluye que el programa nuclear iraní ha sufrido daños mucho mayores de lo que sostienen algunos de sus críticos. No obstante, las capacidades que aún conserva y la posibilidad de reconstrucción hacen que Israel continúe considerando el programa como una amenaza, aunque menos inmediata que en el pasado.










