El Gobierno jordano condenó la visita del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y de miles de judíos al Monte del Templo, donde participaron hoy en las oraciones de Tishá BeAv.
Un portavoz del Ministerio de Exteriores calificó lo ocurrido como “una violación flagrante del statu quo histórico y jurídico” que rige este lugar especialmente sensible. La Cancillería también rechazó “las continuas e inaceptables incursiones de ministros, miembros de la Knéset y colonos extremistas” y acusó a la policía israelí de “facilitar estas acciones”.
En su declaración, el ministerio sostuvo que el recinto es “un lugar de culto reservado exclusivamente a los musulmanes” y pidió a la comunidad internacional “adoptar una postura firme” para obligar a Israel a poner fin a estas actividades.
La oficina del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abás, expresó una condena similar.
La policía israelí ha autorizado hasta el momento la entrada de unos 3.000 fieles judíos, muchos de ellos con materiales litúrgicos de Tishá BeAv. Entre los visitantes estuvo Ben Gvir, dirigente , quien fue visto con un libro de oraciones mientras rezaba abiertamente junto con cientos de personas. El ministro ya había hecho lo mismo durante la jornada de ayuno del año pasado.
El Monte del Templo, donde se levantaron los dos templos bíblicos, es el lugar más sagrado del judaísmo. En el mismo recinto se encuentra la mezquita de Al Aqsa, considerada el tercer lugar más sagrado del islam, una condición que lo mantiene como uno de los principales focos de la guerra israelí-palestino.
Israel tomó el control del Monte del Templo y de la Ciudad Vieja de Jerusalén, que hasta entonces permanecían bajo dominio jordano, durante la Guerra de los Seis Días de 1967. No obstante, permitió que el Waqf jordano conservara la autoridad religiosa sobre el recinto. El tratado de paz de 1994 reconoció además el “papel especial” de Amán “en los lugares santos musulmanes de Jerusalén”.






