El jefe de la administración rusa en la península ocupada, Sergei Aksyonov, impuso el 1 de junio un racionamiento de gasolina en Crimea ante los ataques ucranianos contra la red logística que abastece a civiles, bases militares e infraestructura naval de Moscú.
El racionamiento de gasolina en Crimea refleja el impacto de los drones ucranianos sobre las rutas de suministro rusas, especialmente en el flujo de combustible hacia el frente sur.
La disposición establece el suministro de la variante Ai-95 mediante cupones y generó extensas filas de automóviles en estaciones de servicio de Sebastopol. La región conecta las necesidades de más de dos millones de civiles con las instalaciones militares rusas, que dependen de la misma red de distribución de carburantes.
La restricción responde de forma directa a la iniciativa de “bloqueo logístico” impulsada por el ministro ucraniano de Transformación Digital, Mykhailo Fedorov. El plan, anunciado el 27 de mayo con un fondo de 113 millones de dólares, busca cortar el flujo diario de combustible, municiones y repuestos hacia el frente sur para reducir la capacidad ofensiva rusa.
Ucrania ataca la cadena logística rusa con drones e inteligencia artificial
Un reporte de la BBC divulgado el 31 de mayo de 2026 indicó que la campaña emplea inteligencia artificial a lo largo de un corredor de 500 kilómetros que conecta a Rusia continental con territorios ocupados mediante Rostov del Don, Mariúpol, Berdiansk, Melitópol y Dzhankoy. Esta ruta terrestre ganó relevancia estratégica para el tránsito militar ruso tras la degradación del cruce en el estrecho de Kerch.
Para mantener la presión, el viceministro de Defensa, Mstyslav Banik, afirmó el 2 de junio que Ucrania cuenta con infraestructura para elevar la producción hasta 20 millones de drones al año si recibe financiamiento adicional. La capacidad manufacturera anualizada alcanzó entre siete y ocho millones de unidades a mediados de 2026.
La coordinación de las incursiones utiliza PRISMA, el sistema de gestión del campo de batalla de Palantir, que integra datos de reconocimiento y posiciones de radares enemigos para trazar rutas de aproximación más seguras. En la fase final del ataque, los drones combinan navegación por Starlink con sistemas de visión artificial a bordo para identificar objetivos móviles de forma autónoma.
Drones de mayor alcance golpean la retaguardia rusa
La evolución tecnológica amplió el alcance de las operaciones desde los habituales 10 o 20 kilómetros hasta distancias superiores a los 150 kilómetros mediante drones de ataque unidireccional como los Hornet. Un impacto verificado contra un vehículo ruso UAZ en movimiento a 102 kilómetros de profundidad mostró la viabilidad de atacar la logística de retaguardia sin plataformas portadoras.
Las misiones de medio alcance también sabotean radares P-18 y sistemas de alerta PRV-16 para debilitar la cobertura antiaérea rusa. Ante la pérdida de camiones cisterna y de transporte, el mando ruso fragmentó sus convoyes, aplicó patrones de camuflaje óptico y desvió el tráfico hacia caminos agrícolas, una medida que aumenta el consumo de combustible y acelera el desgaste mecánico de vehículos pesados.
La relación de costo favorece la estrategia de Kiev, ya que los FPV estándar de Sternenko cuestan alrededor de 500 dólares frente al valor millonario de los activos rusos destruidos. Esta ofensiva se complementa con la fuerza de drones de largo alcance del HUR, que opera sistemas como el Sichen y extendió el radio de riesgo hasta instalaciones industriales en los Urales, donde sonaron sirenas de alerta el 29 de mayo.
El impacto combinado de estas operaciones coincide con una reducción notable de los avances terrestres rusos. Durante los primeros cinco meses de 2026, las fuerzas de Moscú capturaron 15,6 veces menos territorio que en el mismo periodo de 2025, con progresos diarios limitados a rangos de entre 15 y 70 metros en sectores clave del frente.