El Ejército de Estados Unidos modifica la manera en que adquiere interceptores antiaéreos. La intención es que sus sistemas de defensa puedan emplear distintas municiones, en lugar de quedar vinculados a un solo misil y a un único proveedor. La iniciativa comprende al menos cinco programas con misiones que van desde interceptar pequeños drones armados hasta afrontar misiles hipersónicos. El teniente general Frank Lozano, responsable de adquisiciones de armamento del Ejército, expuso esta orientación durante la convención anual de la Asociación del Ejército de Estados Unidos (AUSA).
La guerra con Irán ha reforzado la preocupación por la cantidad de interceptores disponibles, la velocidad con que pueden fabricarse y la necesidad de contar con diferentes fabricantes. La demanda no se limita a disponer de municiones al comienzo de una guerra. También importa la posibilidad de sustituir las utilizadas durante un conflicto prolongado. Lozano sostuvo que el Ejército debe conservar las capacidades necesarias para combatir en escenarios cambiantes, pero también garantizar que puedan mantenerse en el futuro y que su costo sea asumible.
El Patriot ya admite varios misiles, pero sus compras eran más limitadas
El Patriot es una excepción entre los principales sistemas terrestres de defensa antiaérea estadounidenses, que normalmente operan con un solo tipo de interceptor. Aunque Patriot admite varias municiones, las adquisiciones recientes del Ejército se habían concentrado cada vez más en el PAC-3 Missile Segment Enhancement (MSE). La fabricación del PAC-3 Cost Reduction Initiative (CRI) terminó en 2023. Este año, el servicio volvió a solicitar misiles PAC-2 Guidance Enhanced Missile-Tactical (GEM-T), después de décadas sin comprar nuevas unidades de ese modelo.

El GEM-T es un interceptor anterior del Patriot que continuó en producción principalmente para países aliados y socios de Estados Unidos. Lozano destacó que las brigadas de defensa antiaérea de distintos países ya lo utilizan y consideró conveniente aprovechar esa línea de fabricación. La decisión permite sumar una opción disponible sin depender exclusivamente de los PAC-3 MSE. El Ejército también quiere aumentar la producción de estos últimos hasta alcanzar 2.000 unidades anuales, una meta que Lozano mantuvo al explicar la combinación de programas en curso.

Otro sistema concebido para aceptar distintas municiones es Enduring Shield, destinado a la defensa antiaérea de alcance intermedio. Por ahora, el Ejército solo adquiere misiles AIM-9X Sidewinder para sus lanzadores, pese a que el diseño admite más de un interceptor. La búsqueda de una segunda opción responde, entre otras necesidades, a la intención de mejorar la respuesta frente a misiles de crucero. Esta diferencia entre lo que un lanzador puede utilizar y lo que efectivamente se compra es uno de los problemas que la nueva política de adquisiciones intenta resolver.

Los programas de nuevos interceptores antiaéreos
- LCI: un interceptor Patriot de menor costo, con precio unitario máximo de $1 000 000.
- NGSRI: reemplazo del Stinger, compatible con los lanzadores portátiles y vehiculares existentes.
- NGCM: misil contra drones destinado a los lanzadores que ya emplean el Coyote.
- Second Interceptor: nueva munición para Enduring Shield con mejores prestaciones contra misiles de crucero.
- Future Interceptor: nuevo interceptor Patriot destinado a amenazas avanzadas, incluidos misiles hipersónicos.
El Ejército quiere combinar misiles avanzados con otros más baratos
El Low-Cost Interceptor (LCI) debe ofrecer a Patriot un misil de nivel inferior que no supere el millón de dólares por unidad. En comparación, el costo medio de un PAC-3 MSE ha rondado los $4 000 000 en los últimos años. Los nuevos interceptores económicos no están concebidos para sustituir todas las prestaciones de las armas más avanzadas. Su función es ampliar las alternativas del sistema y permitir un empleo de municiones que guarde relación con las distintas amenazas y con el volumen de reservas requerido.

El programa Next-Generation Short-Range Interceptor (NGSRI) busca reemplazar al Stinger sin obligar a retirar sus lanzadores actuales, tanto los portátiles como los instalados en vehículos. La compatibilidad es una condición del nuevo misil. En paralelo, el Next-Generation C-UAS Missile (NGCM) está dirigido a interceptar drones mediante los lanzadores que hoy utilizan el Coyote. Son proyectos con cometidos diferentes, pero forman parte de la misma intención de ampliar la oferta de interceptores en diversos niveles de defensa antiaérea.

En el segmento de protección contra drones, el Ejército ya seleccionó a AeroVironment para suministrar el Freedom Eagle-1 (FE-1) dentro del programa NGCM. Sin embargo, esa selección no implica que el servicio renuncie a evaluar otros proveedores. La cartera de adquisiciones incluye la posibilidad de incorporar nuevas municiones compatibles con plataformas existentes. Esta modalidad también permite distinguir entre la compra de un interceptor determinado y la elección permanente de un fabricante para cubrir todas las necesidades futuras de un sistema.

El programa Second Interceptor corresponde a Enduring Shield, denominado también Indirect Fire Protection Capability Increment 2 (IFPC Inc 2). Su prioridad es conseguir una respuesta más eficaz contra misiles de crucero que la ofrecida por el AIM-9X. En otro nivel aparece Future Interceptor, pensado para el Patriot y orientado a mayores prestaciones frente a amenazas de gama alta, entre ellas los misiles hipersónicos. Este último proyecto se diferencia del LCI: uno busca mejorar las prestaciones y el otro aportar municiones considerablemente más económicas.
Las empresas tendrán nuevas oportunidades para competir con sus misiles
El Ejército solía resolver este tipo de programas mediante una competición que terminaba con la elección de un solo diseño. Lozano describió un procedimiento diferente, que mantiene abierta la posibilidad de incorporar otras propuestas incluso después de las primeras selecciones. En Second Interceptor, Lockheed Martin compite contra un equipo formado por Boeing y Anduril. El programa ya avanzó a su segunda fase, pero los responsables de adquisiciones quieren acelerar las pruebas y evitar que el calendario de financiación convierta automáticamente cada desarrollo en un proceso de cinco años.

Lozano planteó alternativas de desarrollo de 24 o 36 meses y anunció una prueba competitiva de disparo para el cuarto trimestre del año fiscal 2027. Las dos empresas actuales continuarán su evaluación, pero otros fabricantes que mantuvieron sus inversiones en el interceptor podrán presentar sus diseños. El Ejército ofreció acceso a instalaciones de prueba y objetivos para que esas propuestas vuelvan a competir por un lugar en el programa. El propósito es obtener antes una munición que el servicio considera necesaria en el presente.
NGSRI seguirá una vía semejante. Lockheed Martin y Raytheon ya compiten para suministrar el reemplazo del Stinger y está prevista otra competición de disparos, abierta también a nuevos participantes, durante el cuarto trimestre del año fiscal 2027. Lockheed Martin ha presentado su diseño QuadStar. La participación de Raytheon tiene especial relevancia porque la compañía también es la principal contratista del Stinger. La nueva evaluación permitirá al Ejército examinar opciones adicionales sin limitar el proceso a las dos firmas que se enfrentan actualmente.


En NGCM también aparecen señales de una apertura a más candidatos. A pesar de haber elegido previamente el Freedom Eagle-1 de AeroVironment, el Ejército solicitó información sobre otras alternativas en agosto. La intención es efectuar una primera evaluación en el último trimestre del año fiscal 2027. Si el programa avanza según lo previsto, podrá realizarse una evaluación operativa más amplia durante el año fiscal 2028. De esta forma, la selección inicial de un interceptor y la evaluación de posibles sustitutos o complementos pueden desarrollarse en momentos distintos.

El costo y la producción condicionan la compra de interceptores
Lozano explicó que la producción de PAC-3 MSE debe crecer, pero advirtió que las necesidades de municiones de la fuerza pueden llegar a cifras de 4.000, 6.000 u 8.000 unidades cuando se consideran distintos sistemas. El Ejército, por tanto, examina una combinación de interceptores y no una compra masiva de un único modelo. Los misiles de mayores prestaciones pueden requerir meses o años de fabricación. La disponibilidad de alternativas más baratas solo será útil si también pueden producirse en cantidades suficientes y dentro de plazos adecuados.
La guerra con Irán, las demás crisis en Oriente Medio y la guerra de Ucrania han mostrado los riesgos de mantener reservas insuficientes o depender de un solo contratista. El Ejército considera necesario diversificar tanto las municiones como sus proveedores. En mayo, el Pentágono anunció acuerdos marco asociados a la compra prevista de miles de misiles de crucero más baratos. Esa búsqueda de otros fabricantes también incluye empresas menos tradicionales y alianzas como la formada por Boeing y Anduril para el programa Second Interceptor.
El programa LCI incorpora una modalidad adicional. Además de aceptar ofertas de empresas que presenten un misil completo, el Ejército quiere recibir propuestas de componentes y trabajar con integradores de sistemas de armas. Lozano reconoció que combinar piezas de distintos proveedores introduce riesgos de coordinación y desarrollo, pero pretende formar dos o tres equipos capaces de competir con los fabricantes de soluciones completas. El propósito es aumentar el inventario con municiones asequibles y no quedar restringido a una sola cadena industrial.
La Marina estadounidense explora una idea relacionada mediante el programa Naval Modular Missile (NMM). Este contempla una familia de misiles superficie-aire navales con prestaciones diferentes, pero con componentes compartidos. La coincidencia no significa que los programas de ambos servicios sean idénticos: en la Marina, la modularidad de los componentes forma parte de la familia prevista, mientras que el Ejército también está interesado en introducir nuevos proveedores e interceptores que puedan emplearse desde lanzadores existentes.

El Ejército estudia además una familia de vehículos lanzadores y opciones instaladas en contenedores, capaces de disparar diferentes municiones superficie-aire y superficie-superficie. La autonomía es otra característica central del programa Common Autonomous Multi-Domain Launcher (CAML). Lozano subrayó que, antes de ampliar todavía más estas iniciativas, el servicio debe completar los programas que ya tiene en marcha. La perspectiva general no es prescindir de los misiles más avanzados, sino combinarlos con alternativas complementarias, más asequibles y disponibles en mayores cantidades.










