El Ejército de Estados Unidos ha dispuesto la creación de nuevas formaciones dedicadas a experimentar con sistemas autónomos. Las unidades ensayarán equipos y tácticas antes de recomendar cómo incorporar estas capacidades a misiones que hoy dependen de soldados y plataformas convencionales.
Las pruebas abarcarán el reconocimiento, los fuegos de largo alcance, la protección de fuerzas, las operaciones con vehículos blindados, el transporte de suministros y la apertura de brechas. Cada cuerpo del Ejército examinará aplicaciones diferentes y sus resultados servirán para definir las posibilidades de empleo de drones y robots.
En el I Cuerpo se establecerán una batería de fuegos y una compañía de embarcaciones. El III Cuerpo contará con una compañía de reconocimiento blindado y el V Cuerpo con una unidad destinada a la apertura de brechas. El XVIII Cuerpo Aerotransportado incorporará compañías de reconocimiento aéreo y transporte.
Estas formaciones dependerán del Comando de Futuros y Sistemas Autónomos (FASCOM), encargado de las operaciones cotidianas con drones del Ejército en distintas partes del mundo. El organismo nació en febrero como Comando de Futuros y Conceptos y recibió su nueva denominación el martes, en consonancia con el Comando de Guerra Autónoma que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, propuso crear en septiembre como mando combatiente funcional del Pentágono.
El general Christopher LaNeve, vicejefe del Estado Mayor y jefe interino del Ejército, defendió inversiones deliberadas en tecnologías modernas que puedan ampliarse y contribuir a las operaciones de la fuerza conjunta. También anticipó que la estructura militar tendrá que cambiar conforme se extiendan los sistemas autónomos y no tripulados.
La prioridad del nuevo mando no será incorporar robots sin una misión definida. Su responsable, el teniente general Mac McCurry, explicó durante la conferencia anual de la Asociación del Ejército de Estados Unidos en Washington que primero deben identificarse las tareas para las que la autonomía aporta una ventaja. Su equipo estudiará, además, cómo introducir esas tecnologías con rapidez sin quedar limitado por los procedimientos habituales de adopción de equipos y doctrinas.
McCurry señaló como primeros candidatos los trabajos repetitivos, peligrosos o realizados en condiciones difíciles, junto con las funciones que permiten a las personas tomar decisiones con mayor rapidez. Entre los ejemplos figuran el reconocimiento del terreno y las tareas preliminares con explosivos antes de abrir paso a través de una construcción fortificada. Otra posibilidad es emplear enjambres de drones en misiones que de otro modo expondrían aeronaves de mayor coste y a sus tripulantes.
El mando considera que los soldados seguirán en el centro de las operaciones. Según McCurry, podrán trabajar con sistemas de distintos grados de autonomía para recibir información, contar con protección adicional y ejecutar sus misiones con mayor eficacia.
Alex Miller, director de Tecnología del Ejército, defendió la utilidad de retirar a las personas de determinadas tareas de riesgo. Afirmó que una operación autónoma para abrir una brecha puede adoptar procedimientos muy distintos de los necesarios cuando participan directamente militares, porque ya no exige las mismas medidas para proteger su integridad física.
La tecnología, sin embargo, todavía presenta dificultades prácticas. El general de brigada Tony Gibbs, responsable del programa de autonomía del Ejército, recordó ensayos recientes en los que algunos robots calcularon mal sus movimientos, volcaron o quedaron atrapados en el barro. Una de cada cinco misiones terminó con una parada de emergencia.
Gibbs insistió en que los sistemas desplegados deben intercambiar datos entre sí y no añadir cargas de trabajo a los soldados. A su juicio, las unidades necesitan emplear las capacidades que ya funcionan, pero también conocer sus límites antes de asignarles tareas operativas.
El cambio afectará a la planificación de las misiones, al mantenimiento y a la preparación del personal. Como parte de esa transición, el Ejército designó a Fort Rucker, en Alabama, donde se encuentra su centro de formación de aviación, como Centro de Excelencia de Autonomía de Sistemas Aéreos No Tripulados.
Una próxima prueba organizada desde Fort Rucker permitirá que pilotos de helicópteros de ataque manejen sensores instalados en drones para localizar objetivos distantes y coordinar ataques. Algunos de los primeros militares formados como técnicos en robótica también serán destinados a las nuevas unidades experimentales.
Los responsables militares esperan resolver con estos ensayos cuestiones de organización y empleo real sin alterar las funciones esenciales de las unidades existentes. Miller ilustró el desafío con un pequeño robot Coco de reparto que vio desplazarse entre peatones, automóviles y conductores en Maryland. Si una máquina comercial puede efectuar entregas en un entorno tan complejo, sostuvo, el Ejército debería poder desarrollar capacidades comparables para sus propias misiones.










