Estados Unidos busca adquirir más de 200.000 drones pequeños y letales de fabricación nacional para 2027 mediante el programa Dominio de Drones, una iniciativa de entre $1 000 000 000 y $1 100 000 000 que también pretende ampliar la producción estadounidense de motores, baterías, microelectrónica y otros componentes actualmente dependientes de proveedores extranjeros.
La Casa Blanca reunió el 20 de agosto a cerca de 100 representantes del Gobierno y la industria, incluidos miembros de unas 40 empresas, para discutir el programa. La iniciativa está administrada conjuntamente por el Centro de Gestión de Recursos de Pruebas (TRMC) y la Unidad de Innovación de Defensa (DIU), con el Centro de Guerra de Superficie Naval de Crane como autoridad de contratación.
El esquema utiliza competiciones denominadas Gauntlet para vincular las pruebas realizadas por militares, el desempeño de los sistemas y la capacidad de producción de cada fabricante con los pedidos posteriores. La primera fase contempla alrededor de 30.000 drones y la segunda, unas 60.000 unidades adicionales, aunque los planes iniciales habían considerado cerca de 300.000 sistemas de ataque unidireccional a lo largo de varias etapas.
Gauntlet reparte los primeros pedidos entre los fabricantes mejor clasificados
La fase Gauntlet I comenzó en Fort Benning, Georgia, el 17 de febrero con 25 empresas invitadas. Once proveedores terminaron clasificados para recibir pedidos. Skycutter obtuvo la mayor puntuación, con 99,3 puntos y una asignación de 2.560 drones, seguida por Neros, con 2.400; Napatree, con 2.320; ModalAI, con 2.240, y Auterion, con 2.160. También avanzaron Ukrainian Defense Drones, Griffon Aerospace, Nokturnal AI, Halo Aeronautics, Ascent Aerosystems y Farage Precision.
Otros 7.680 aparatos quedaron reservados como incentivo para adjudicaciones posteriores en función del cumplimiento de las entregas. Para el 5 de junio, Neros había enviado las 2.400 unidades asignadas inicialmente, de las cuales el Gobierno había aceptado 1.040. Nokturnal AI había remitido 480 y Ascent Aerosystems, 80.
Gauntlet II amplió las pruebas operativas y los requisitos industriales. La clasificación en Camp Grayling, Michigan, reunió a 49 empresas y 79 diseños. Diecinueve compañías avanzaron posteriormente a Fort Carson, Colorado, donde los ensayos de agosto incluyeron cargas letales, operaciones nocturnas, terreno urbano, espacios confinados y ataques a distintas distancias.
Cada empresa clasificada debe proporcionar 120 drones para las pruebas, antes de que el Pentágono distribuya pedidos de aproximadamente 60.000 unidades entre los mejores participantes. Las estimaciones iniciales situaban el precio en unos $5 000 por aparato, con el objetivo de reducirlo a entre $2 300 y $3 000 en fases posteriores mediante compras de componentes a mayor escala, automatización y ciclos de producción más largos.
El Pentágono quiere reducir el uso de componentes chinos
La capacidad de fabricación y la procedencia de los componentes forman parte de la evaluación. El Pentágono endureció el 23 de julio las condiciones de abastecimiento del programa y prohibió a los participantes de Gauntlet II utilizar determinados artículos de origen chino, incluidos motores sin escobillas y paquetes de baterías.
Travis Metz, responsable del programa en la DIU, estimó que la mayoría de los drones adquiridos durante la fase anterior probablemente utilizaban motores chinos. La dependencia se extiende también a la microelectrónica: el 88 % de la producción mundial y el 98 % de las tareas de ensamblaje, empaquetado y pruebas se realizan fuera de Estados Unidos, principalmente en Asia.
El volumen previsto obliga además a multiplicar la producción de componentes. Un cuadricóptero FPV utiliza cuatro motores, por lo que 200.000 unidades requieren unos 800.000 motores, sin contar repuestos ni pérdidas de fabricación. Una producción anual de seis millones de drones exigiría al menos 24 millones de motores, además de seis millones de controladores de vuelo y otros tantos paquetes de baterías.
El programa incorpora financiación de la Oficina de Capital Estratégico (OSC), que dispone de más de $200 000 000 000 en capacidad crediticia para ampliar instalaciones y proveedores. El 31 de julio, Performance Drone Works recibió un compromiso condicional de préstamo de hasta $820 000 000 para aumentar en Estados Unidos la fabricación de tecnologías y componentes destinados a drones, robótica y sistemas autónomos.
James Slider, director ejecutivo de PDW, calculó en agosto que la industria estadounidense produce actualmente unos 100.000 drones al año, mientras que posibles adversarios fabrican millones. La empresa ya opera una planta de unos 90.000 pies cuadrados en Huntsville, Alabama, y prevé ampliar capacidades relacionadas con propulsión, control de potencia y sistemas de visión.
Estados Unidos toma como referencia el volumen de producción de Ucrania
El programa estadounidense toma como referencia la producción alcanzada por Ucrania, que, según las estimaciones incluidas en la iniciativa, fabricará entre seis y siete millones de pequeños drones FPV de ataque en 2026. Esa cifra equivale a entre 500.000 y 583.000 aparatos mensuales.
Ucrania también ha desarrollado mecanismos de adquisición descentralizados. Para el 26 de mayo, las unidades militares habían recibido 485.000 drones y otros equipos por valor de 31.400 millones de grivnas mediante DOT-Chain Defence, una plataforma que ofrecía cerca de 800 productos de más de 200 fabricantes nacionales y registraba un plazo medio de nueve días entre el pedido y la entrega.
El sistema Brave1/ePoints permite además que las unidades asignen demanda a equipos disponibles en el mercado en función de resultados comprobados en combate. Para julio, se habían encargado más de 500.000 drones mediante ese mecanismo y los plazos de entrega habían descendido a unos ocho días.
Washington, sin embargo, pretende aumentar el volumen al mismo tiempo que sustituye componentes chinos. Seis empresas ucranianas invitadas a Gauntlet II deben establecer o avanzar hacia acuerdos de fabricación en Estados Unidos para poder competir por futuros pedidos. F-Drones se asoció con Ukrainian Defense Drones, con producción cerca de Toledo, Ohio, mientras que general Cherry creó una empresa conjunta con Wilcox Industries en New Hampshire.
La política industrial se extendió además a los aranceles. Las medidas adoptadas el 13 de agosto bajo la Sección 232 impusieron un gravamen del 100 % a determinados UAV de más de 25 kilos, drones de imagen térmica, estaciones de acoplamiento y algunos componentes críticos, así como un arancel del 25 % a los UAV de menor tamaño. Otro gravamen del 25 % sobre determinados componentes está previsto para el 9 de febrero de 2027.
El Ejército también prueba cómo integrar los drones en sus unidades
El Ejército también evalúa cómo integrar estas aeronaves en sus unidades. El 19 de agosto se informó que el 3.er Batallón del 504.º Regimiento de Infantería Paracaidista, de unos 600 soldados, dejaría después del ejercicio Saber Junction 2026 su misión experimental como Batallón de Sistemas Tácticos No Tripulados y regresaría a funciones de infantería aerotransportada.
El experimento había comenzado después de que mandos estadounidenses decidieran en noviembre de 2025 estudiar si una unidad de tamaño batallón podía proporcionar drones y sistemas terrestres no tripulados a toda una brigada. Durante ese periodo, la formación trabajó con drones de ataque unidireccional, vehículos terrestres no tripulados y operadores ucranianos en áreas de entrenamiento de la OTAN.
Las siguientes etapas del programa incluyen Gauntlet 2.5, prevista para octubre de 2026, y las fases III y IV, separadas aproximadamente por seis meses. Además de aumentar el número de aparatos adquiridos, esas competiciones seguirán evaluando la capacidad de las empresas para mantener la producción y cumplir las nuevas exigencias de abastecimiento nacional.










