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El Ejército de EE. UU. prueba su nuevo mando con IA en Fort Irwin

7 de agosto de 2026
en Zona de guerra

El Ejército prueba en Fort Irwin un sistema que usa IA y datos en tiempo real para ayudar a coordinar tropas y tomar decisiones.

El NGC2 lleva el mando digital al combate simulado militar de Fort Irwin

En el desierto de Fort Irwin, un dron enemigo observó desde el aire una ciudad simulada construida con bloques de hormigón, madera contrachapada y contenedores de transporte. Mientras la aeronave mantenía sus cámaras sobre la posición, soldados del Ejército de los Estados Unidos avanzaron protegidos por densas cortinas de humo, irrumpieron bajo fuego ficticio y ocuparon varios edificios improvisados que representaban una prisión. El Pentágono había levantado esas estructuras para reproducir un entorno urbano austero semejante al de una posible zona de guerra.

Los comandantes que participaron directamente en el combate llevaron pequeñas pantallas, de tamaño similar al de un teléfono móvil, montadas sobre el pecho. En ellas podían consultar su posición en el mapa, identificar el edificio en el que se encontraban, localizar fuerzas aliadas próximas y conocer la ubicación estimada de unidades enemigas. Al mismo tiempo, el desarrollo de la operación podía seguirse en tiempo real desde distintos escalones de mando, lo que permitió observar el combate y compartir información conforme avanzaba el ejercicio.

La escena formó parte de la evaluación más amplia realizada hasta ahora del Mando y Control de Próxima Generación, conocido como NGC2. El sistema, valorado en más de $3 000 000 000, integra comunicaciones digitales e inteligencia artificial. Las pruebas se desarrollaron durante el Proyecto Convergencia Capstone 6, una batalla simulada de gran escala en la que soldados enfrentados entre sí maniobraron sobre más de 1.000 millas cuadradas del desierto de Mojave, con temperaturas que alcanzaron los 110 grados Fahrenheit.

Para la cúpula del Ejército, las maniobras permitieron explorar una forma de guerra en la que la planificación, la inteligencia, la selección de objetivos y la logística puedan transformarse mediante herramientas avanzadas de IA y sistemas modernos de comunicaciones. Un reportero de Threat Status, el equipo de seguridad nacional de The Washington Times, presenció los ensayos y observó cómo incluso pequeñas cantidades de información podían incorporarse al proceso de decisión de los comandantes durante las operaciones.

Cifras y elementos centrales de las pruebas del NGC2

  • Unos 9.700 soldados participaron sobre el terreno durante las maniobras.
  • El Ejército evaluó más de 90 tecnologías durante el ejercicio.
  • Las pruebas abarcaron más de 1.000 millas cuadradas del desierto.
  • Participaron fuerzas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda.
  • Entre las tecnologías hubo drones, aprendizaje automático, inteligencia artificial y herramientas para apoyar decisiones.

Una sola capa de datos reúne información antes separada por sistemas

El NGC2 se concibe como una profunda renovación de la arquitectura de comunicaciones de combate del Ejército. Sustituye equipamiento anterior, incluidos en algunos casos dispositivos convencionales ya obsoletos, mediante una combinación de componentes desarrollados específicamente para el programa y productos comerciales disponibles en el mercado. El general de división Patrick Ellis, comandante de la 4.ª División de Infantería, lo describió como una plataforma flexible, pensada para unas Fuerzas Armadas que buscan actualizarse de manera continua y acompañar la velocidad de los cambios tecnológicos.

Ellis afirmó que el sistema está listo, aunque todavía no terminado. Según explicó, la fuerza está preparada para desplegarlo y combatir con él, pese a que su desarrollo aún no se ha completado. Con el NGC2, el Ejército intenta aprovechar a una escala importante componentes comerciales que pueden utilizarse de inmediato, en lugar de depender únicamente de largos procesos de fabricación personalizada. Durante los meses previos a las pruebas, contratistas del sector trabajaron directamente sobre el terreno y recibieron comentarios de los soldados.

El Proyecto Convergencia Capstone 6 cambió esa dinámica: los contratistas no estuvieron presentes para prestar apoyo durante el ejercicio. Una de las metas era comprobar si la plataforma podía funcionar sin esa asistencia y estaba preparada para extenderse a otras unidades. El teniente general Michael McCurry, jefe del Mando de Futuros y Conceptos, consideró satisfactorio el ensayo. Según los responsables militares, salvo que aparezcan dificultades de ingeniería imposibles de resolver, el Ejército prevé avanzar hacia la adopción definitiva del sistema en toda la fuerza.

Entre los soldados, las aplicaciones de software con inteligencia artificial integradas en la plataforma recibieron el apodo de la “calculadora de Dios”. Ellis explicó que los datos dejan de permanecer repartidos entre sistemas aislados y pasan a concentrarse en un mismo entorno. Esa arquitectura puede reunir información e inteligencia procedente de fuentes públicas, redes clasificadas y aliados internacionales, a las que pueden recurrir tanto los comandantes como las herramientas de IA incluso desde ubicaciones remotas.

Radios, satélites y nube sostienen la nueva arquitectura de combate

La infraestructura combina ordenadores locales y servicios basados en la nube dentro de lo que el Ejército denomina “capa de datos”. Antes de que comenzara el programa de prototipo del NGC2 el año pasado, la fuerza no podía integrar toda esa información de la misma manera. Los datos permanecían habitualmente separados en ordenadores dedicados a funciones concretas: uno para artillería, misiles y otras municiones tierra-tierra, otro para inteligencia y selección de objetivos, y un software diferente para la planificación logística.

Esos procesos especializados forman ahora parte de la denominada “capa de aplicaciones”. McCurry explicó que, en vez de enlazar entre sí sistemas hechos a medida, cada uno se conecta directamente con la capa de datos. El diseño permite compartir la información que se decide distribuir y proteger aquella que debe permanecer resguardada. La estructura se completa con el componente que el Ejército llama “transporte e integración”, encargado de hacer compatible la información y de moverla entre los distintos elementos de la red.

La integración convierte y codifica las diferentes clases de información para que puedan utilizarse dentro del conjunto. De ese modo, unas coordenadas GPS obtenidas mediante imágenes satelitales sobre la ubicación de una fuerza enemiga pueden aparecer correctamente en el mapa de la pequeña pantalla de cada comandante. El transporte, por su parte, agrupa los datos recibidos mediante radios, enlaces por satélite y otras fuentes, incluida la inteligencia obtenida por drones, y los envía posteriormente a una arquitectura segura de computación en la nube.

El NGC2 incorpora además tecnologías antes reservadas a las Fuerzas Especiales estadounidenses o a misiones muy específicas. Entre ellas figura la Unidad Portátil Modular táctica avanzada 5, o MPU5, una radio de red mallada de Persistent Systems que puede reprogramarse completamente de forma remota. También utiliza sistemas de comunicaciones por satélite del tipo Starlink desarrollados por SpaceX. La información transmitida mediante estas herramientas se conecta con programas de modelado en tiempo real sustentados en inteligencia artificial.

Los mapas en tiempo real aceleran la coordinación durante el asalto

La aparición inesperada de drones enemigos durante los ejercicios causó inquietud entre algunos comandantes. La capitán Alex Bayer, responsable de una compañía que participó en el asalto contra la ciudad simulada, recordó que temió que esas aeronaves pudieran utilizarse para dirigir ataques letales mientras ordenaba avanzar a sus tropas. Ante la posibilidad de que la artillería enemiga empleara los drones para observar y abrir fuego, consideró necesario entrar rápidamente en uno de los edificios.

Según Bayer, el NGC2 le permitió preparar su respuesta pese a que su unidad disponía de recursos antidrones muy limitados. El mapa mostraba la ubicación de la aeronave y facilitaba organizar una entrada rápida al recinto aprovechando el terreno para reducir la exposición. La pequeña pantalla abatible que llevaba sobre el pecho también se convirtió en su principal referencia mientras transmitía instrucciones por radio. El sistema actualizaba la información de posición de los jefes de pelotón y mostraba todos los edificios etiquetados.

La capitán podía comprobar en tiempo real dónde estaban sus efectivos y cuándo comunicaban contactos con el enemigo. A medida que las fuerzas aseguraban la ciudad edificio por edificio, coordinaba sus movimientos con las unidades vecinas representadas en el mapa. La misma información ayudaba a los cuarteles generales superiores a determinar qué zonas podían atacarse con artillería o bombas en apoyo de la operación y cuáles debían quedar excluidas debido a la presencia de tropas propias.

El grado de coordinación sorprendió también al capitán Mohamed Elmaola, que desempeñó el papel de comandante enemigo. Según explicó, observó una sincronización mayor de la que esperaba y destacó la rapidez con la que unidades distintas lograron operar conjuntamente. Su intención era desincronizar a una brigada multinacional formada por seis batallones,, pero la fuerza compuesta por tropas británicas, australianas, neozelandesas y estadounidenses utilizó el NGC2 para coordinar el ataque contra la ciudad simulada.

La IA estima resultados y apoya la planificación de los comandantes

Para Ellis, la coordinación observada durante el ejercicio coincide con una de las metas del programa. Con mapas actualizados en tiempo real que muestran posiciones enemigas y aliadas, los comandantes pueden coordinar mejor a sus unidades y utilizar herramientas basadas en inteligencia artificial para reducir el tiempo dedicado a la planificación y a la selección de objetivos. El general señaló que dos años antes su división no podía mantener el mismo tipo de análisis compartido entre distintos responsables para resolver conjuntamente los problemas operativos.

Cuando los mandos analizan decisiones tácticas dentro del NGC2, las pantallas pueden mostrar iconos con la posición y las capacidades atribuidas a las fuerzas enemigas. La representación surge del análisis de sensores distribuidos por el campo de batalla, cuyos datos permiten identificar y valorar amenazas. Al mismo tiempo, el sistema introduce la información en un modelo de aprendizaje automático al que los usuarios pueden pedir que prediga los resultados de determinadas decisiones antes de adoptarlas.

La herramienta ofrece porcentajes de éxito o fracaso y considera variables como las existencias de munición y combustible de las fuerzas aliadas. Ellis reconoció que los modelos no son perfectos,, pero comparó sus limitaciones con las de los antiguos juegos de guerra basados en dados y grandes mapas sobre los que se movían bloques de madera. A su juicio, el sistema ayuda a examinar y resolver problemas sin exigir que todos los participantes se encuentren en el mismo espacio físico.

El desarrollo acerca a soldados y empresas durante las pruebas de campo

Más de 40 compañías privadas del sector de defensa intervienen en el desarrollo del NGC2. La supervisión general corresponde a Joe Welch, ejecutivo de adquisiciones de cartera del Pentágono responsable del sistema. Durante las evaluaciones de Fort Irwin, Welch explicó que la cooperación entre empresas que en otros ámbitos compiten entre sí, junto con el contacto directo de los contratistas tecnológicos con los soldados durante las fases de ensayo, ha reducido de manera considerable los tiempos necesarios para desarrollar la plataforma.

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Representantes de las compañías participantes describieron el proceso como una nueva etapa de cooperación dentro de la industria de defensa. Tara Murphy Dougherty, directora ejecutiva de Air, señaló que una parte importante de los avances del NGC2 procede de un nuevo modelo operativo para los programas de próxima generación del Ejército. Air participó desde las primeras etapas y defendió la incorporación de herramientas de logística predictiva asistidas por inteligencia artificial dentro de la arquitectura.

Esas herramientas buscan anticipar las necesidades de alimentos, combustible y munición antes de que se vuelvan urgentes y evitar demoras burocráticas asociadas a solicitudes repetidas a través de la cadena de mando. Murphy Dougherty explicó que la colaboración parte de problemas o retos planteados por el Ejército, ante los cuales las empresas presentan posibles soluciones. El modelo se asemeja al de la industria tecnológica comercial, donde los productos se modifican con rapidez en respuesta a nuevas necesidades o cambios del mercado.

El calor y el consumo energético exponen límites del nuevo sistema

Las pruebas también mostraron dificultades que el NGC2 todavía debe resolver. Entre los principales problemas detectados por los comandantes durante el combate simulado estuvieron el consumo energético y las altas temperaturas. Elmaola advirtió que la demanda de energía asociada al sistema no puede ignorarse, especialmente cuando las tropas operan en un terreno austero como el desierto. Las condiciones de Fort Irwin afectaron directamente a algunos de los equipos más recientes utilizados durante las maniobras.

Bayer registró fallos en varias radios MPU5. Según relató, unas baterías que antes podían tardar alrededor de dos horas en cargarse llegaron a necesitar seis, mientras que algunas dejaron de cargar por completo debido al calor. Varios soldados transportaban baterías adicionales en sus mochilas y posteriormente descubrían que esas reservas se habían convertido en “peso muerto”. El exceso de temperatura, por tanto, afectó tanto a la autonomía de los equipos como al peso que las tropas debían llevar durante las operaciones.

Algunas soluciones improvisadas dieron resultado. En un caso, los soldados comprobaron que podían reducir rápidamente la temperatura de las antenas Starlink al envolverlas con una camiseta de repuesto mojada con agua fría. Ellis planteó a partir de esa experiencia si todos los componentes comerciales necesitan un refuerzo específico para soportar condiciones extremas, especialmente cuando una solución sencilla puede resolver determinados problemas sin recurrir a sistemas de refrigeración más complejos, reforzados y costosos.

El Ejército prepara la ampliación del NGC2 tras las pruebas del Mojave

Ellis indicó que las conclusiones obtenidas durante las pruebas ya fueron enviadas al 1.er Cuerpo, el próximo cuartel general superior del Ejército previsto para ampliar el despliegue del NGC2. El general considera que buena parte de la tecnología puede seguir evolucionando y adaptándose. Aun así, expresó satisfacción con el estado alcanzado por el producto base y con la posibilidad de proporcionar este prototipo al resto del Ejército para continuar su incorporación y desarrollo.

La evaluación de Fort Irwin mostró así una plataforma capaz de reunir datos antes separados, distribuirlos mediante radios y enlaces por satélite, representarlos en mapas compartidos y utilizarlos en modelos de inteligencia artificial. También dejó expuestos problemas de energía, temperatura y funcionamiento de algunos equipos comerciales. Para los responsables militares, esas dificultades no impiden continuar el programa: el NGC2 está preparado para desplegarse y emplearse en combate, aunque su desarrollo todavía no haya terminado.

Etiquetas: Estados Unidos

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