Más de ocho familias israelíes pasaron su primera noche en viviendas recién compradas en Jericó después de trasladarse a la ciudad el miércoles. Varias familias comparten una misma casa. La convivencia comenzó entre equipajes por ordenar, tareas domésticas y comidas preparadas para todos, aunque algunos de los recién llegados no se conocían antes. “Hicimos pasta en una de las casas y avisamos a todos que podían venir a comer”, contó Sarah Boyarsky, una de las participantes.
La llegada estuvo organizada bajo una reserva estricta. Las familias habían aceptado participar en una iniciativa de asentamiento, pero desconocían su ubicación. Los organizadores les habían anunciado que recibirían instrucciones uno o dos días antes. Aproximadamente un día y medio antes del traslado les comunicaron que sería el miércoles, sin revelar todavía el destino. Esa mañana enviaron un punto de encuentro y, una vez reunidos, les dijeron que entrarían en Jericó. Boyarsky recordó la emoción que se produjo en ese momento.
Para los Boyarsky, la estancia tiene carácter provisional. Sarah llegó con su esposo y sus cinco hijos, pero la familia permanecerá en la casa solo hasta que la ocupe otra familia de forma permanente. No saben si el relevo ocurrirá dentro de una semana, dos semanas o un mes. “Nos quedaremos el tiempo que haga falta y nos organizaremos en función de eso”, explicó.
Proceden de Merom Yehuda, cerca de Kiryat Arba. El menor de sus hijos tiene un año y el mayor cursa cuarto grado de primaria. Están habituados a vivir en tiendas de campaña, por lo que el alojamiento en casas de piedra supone un cambio favorable para ellos. La educación, en cambio, sigue sin resolverse: actualmente no hay una escuela local disponible para los niños. Boyarsky indicó que buscarán dónde enviarlos si es necesario.
La familia espera que aparezcan pronto quienes se instalarán de manera definitiva. Boyarsky aseguró que numerosas familias han manifestado su interés por ocupar las viviendas y expresó su confianza en que encontrarán candidatos adecuados en poco tiempo. Mientras tanto, el grupo continúa con la organización de las casas y las tareas compartidas de la primera etapa.
También han recibido visitas de israelíes procedentes de distintas partes del país. Algunos acudieron para conocer la iniciativa y otros ofrecieron ayuda, incluso con la preparación de pasteles. Boyarsky describió la llegada como “un acontecimiento histórico” y dijo que los visitantes querían participar en lo que ella considera un “milagro histórico”. Al preguntársele por la relación con quienes ya vivían en Jericó, respondió: “Todavía no lo hemos comprobado”.
Respecto de la seguridad, Boyarsky afirmó que las familias cuentan con protección del ejército y con personas armadas dentro de su propio grupo. “Estamos preparados aquí. El ejército está con nosotros y nos protege. Tenemos a nuestros propios hombres armados”, declaró. Añadió que, a su juicio, Jericó no es una ciudad especialmente hostil.
Cuando otra familia se instale de forma permanente en su vivienda, los Boyarsky regresarán a Merom Yehuda. Sarah explicó que permanecerán allí hasta participar en una nueva iniciativa. Al hablar de posibles destinos futuros mencionó Halhul, Nablús, Líbano y Siria, sin identificar una próxima mudanza concreta. Sus hijos, afirmó, ya preguntan cuándo llegará la siguiente ocasión.
Por ahora, la primera noche ha estado dedicada a instalarse y colaborar entre las familias. Aunque queda trabajo por hacer, Boyarsky resumió así la sensación de haber llegado a la ciudad: “Y, gracias a Dios, estamos aquí”.










