“Eso es entre él y yo”. Así respondió Jonatan Urich cuando los investigadores le presentaron una declaración de Benjamín Netanyahu sobre el caso Qatargate. El primer ministro había asegurado que desconocía el trabajo de su asesor para partes qataríes y que “no había ninguna posibilidad” de que hubiera recibido dinero de Qatar. Sin embargo, Urich, uno de sus asesores cercanos, había reconocido durante el interrogatorio que cobró cientos de miles de séqueles por actividades destinadas a mejorar la imagen de ese país.
El proyecto para Qatar no era la única ocupación de Urich. Como asesor vinculado a Netanyahu, también participaba en la elaboración de mensajes críticos hacia Qatar. Los investigadores le plantearon cómo podía desarrollar ambas actividades. Urich sostuvo que no existía contradicción porque, desde su perspectiva, correspondían a dos trabajos independientes. Negó que hubiera un conflicto de intereses y aseguró que no encontraba ninguna objeción moral ni profesional a su conducta.
Urich tampoco había informado a Netanyahu de su actividad relacionada con Qatar. A su vez, las partes para las que trabajaba en el proyecto qatarí desconocían sus tareas al servicio del primer ministro. Al ser interrogado sobre esta falta de conocimiento mutuo, alegó que era un asesor externo y que no tenía obligación de comunicar a sus clientes sus otros compromisos profesionales.
La duración de esa relación profesional dio lugar a respuestas difíciles de conciliar. Los investigadores querían establecer si Urich había seguido vinculado al proyecto tras el ataque del 7 de octubre de 2023. Cuando le preguntaron expresamente si mantuvo su actividad para las partes qataríes después de la masacre, contestó: “Por supuesto, no en Israel”. Después afirmó que no recordaba si el proyecto había terminado antes o después del ataque. Calculó que podía haber una diferencia aproximada de dos meses, tanto antes como después de esa fecha.
Esa estimación cambió cuando surgieron preguntas sobre 2024. Urich no pudo recordar si había terminado el trabajo a comienzos de ese año. Ante la posibilidad de que hubiera continuado hasta mediados de 2024, respondió: “Me inclino a pensar que fue entre mediados y finales de 2024”. Esa fecha situaría el final del proyecto muchos meses después del 7 de octubre, en plena guerra.
Para explicar cómo supo que el proyecto había concluido, Urich mencionó a Srulik Einhorn, con quien había estado relacionado a través de ese trabajo. Afirmó que Einhorn fue quien le comunicó su finalización. No obstante, no logró establecer una fecha precisa y mantuvo estimaciones distintas a lo largo del interrogatorio.
Los investigadores también le pidieron que explicara por qué no había interrumpido el proyecto después del ataque del 7 de octubre o, al menos, advertido a Netanyahu de esa relación profesional. Urich insistió en que no había hecho nada indebido y descartó la necesidad de haber comunicado el acuerdo al primer ministro.
Al final, le expusieron la acusación de que los materiales de la investigación acreditaban que recibió pagos por promover intereses de Qatar después del ataque. Pese a haber admitido los cobros por el proyecto y haber situado su posible final en 2024, rechazó esa acusación con las palabras: “No es cierto”.










