Un documento oficial, cuya publicación acaba de autorizarse, deja al descubierto cómo Ronen Bar, exdirector del Shin Bet, pretendió intervenir en la definición de la política nacional israelí desde un organismo de inteligencia subordinado al Gobierno. Las anotaciones manuscritas de Benjamín Netanyahu muestran los reiterados reproches del primer ministro ante las pretensiones de Bar de asumir atribuciones que no le correspondían.
El material corresponde a una reunión celebrada el 3 y 4 de julio de 2023, aproximadamente medio año antes de la masacre del 7 de octubre. Durante esas dos jornadas, Bar convocó a los principales responsables del Shin Bet para establecer la orientación institucional del organismo de cara a 2024. Sin embargo, las discusiones excedieron las competencias propias del servicio de seguridad y llegaron a cuestiones de estrategia nacional, política interna y relaciones con los palestinos.
La documentación llegó a Netanyahu a través del entonces secretario militar, el general Avi Gil, quien incluyó una nota escrita de su puño y letra: “primer ministro, este es el taller que el director del Shin Bet celebró con sus hombres. Dejamos solamente los puntos principales. Es un poco largo, pero importante. Avi”.
La reacción del primer ministro quedó registrada sobre el propio documento. Netanyahu encontró una serie de planteamientos que atribuían al Shin Bet responsabilidades ajenas a su función y respondió con una advertencia: “En una democracia, el Shin Bet no es responsable de crear una estrategia nacional para el Estado de Israel”.
Las pretensiones de Bar alcanzaban directamente la definición de las prioridades de seguridad del país. Entre sus propuestas figuraban el desarrollo de una capacidad de defensa de múltiples niveles frente a la amenaza nuclear, la recuperación de la disuasión sobre el terreno y una campaña contra la imagen de debilidad de Israel.
También pretendía impulsar el fortalecimiento de la Autoridad Palestina, Fatah y sus organismos para modificar la tendencia existente, además de promover inversiones en proyectos civiles y económicos.
Se trataba de orientaciones políticas y estratégicas que el director del Shin Bet pretendía establecer desde su posición al frente de un servicio de inteligencia. Netanyahu volvió a intervenir y escribió junto a esas recomendaciones: “No es una directiva del Shin Bet”.
El documento expone además hasta qué punto Bar había incorporado la situación política interna a sus preocupaciones institucionales. En aquellos meses, Israel atravesaba una etapa de protestas por la reforma judicial, con manifestaciones que habían provocado una intensa confrontación política.
Bar abordó esa crisis desde una perspectiva que iba mucho más allá de las tareas habituales del organismo. En su evaluación escribió: “El Estado de Israel entra en una profunda crisis conceptual, cuya base es la definición precisa de la distribución de poderes entre las autoridades, pero que descansa sobre tensiones históricas de carácter religioso, árabe, político y económico”.
Su análisis no terminó allí. También advirtió sobre las consecuencias de los conflictos identitarios y afirmó: “La política de identidades ha provocado la fractura de sociedades y Estados, por lo que no propongo restar importancia a esta amenaza”.
El director del Shin Bet había pasado de examinar amenazas de seguridad a formular consideraciones sobre las disputas políticas y la organización del poder dentro del Estado. Para Netanyahu, esa intromisión exigía una respuesta.
En el margen de una de las páginas, el primer ministro escribió: “¿Y qué ocurre con la subordinación del Shin Bet al Gobierno? Sin eso no hay nada. Si alguien piensa de otra manera, que entre en política para sustituir al Gobierno”.
La reprimenda establecía una distinción que Bar parecía haber ignorado: dirigir el servicio de seguridad interior no otorgaba autoridad para definir la conducción política del país ni para sustituir las decisiones del Gobierno.
Las observaciones manuscritas de Netanyahu, distribuidas entre las primeras páginas y otros apartados del documento, reflejan la gravedad del enfrentamiento institucional. Bar no se limitaba a presentar evaluaciones de inteligencia. Pretendía establecer orientaciones nacionales en materias que correspondían a la autoridad política.
La conducta del exdirector adquiere especial gravedad a la luz de lo ocurrido el 7 de octubre de 2023. Apenas unos meses después de aquellas reuniones, Israel sufrió la masacre que puso al descubierto un fracaso de seguridad de enormes proporciones.
Bar tardó más de un año y medio en asumir su responsabilidad por aquel fracaso. Su renuncia tampoco llegó por iniciativa propia, sino después de recibir un ultimátum de Netanyahu. Incluso entonces, su conducta mostró una resistencia a abandonar el cargo y una determinación por conservar el poder que resulta difícil de explicar.
El documento permite conocer cuáles eran algunas de las preocupaciones del responsable del Shin Bet durante los meses anteriores a la masacre. Mientras debía dirigir un organismo encargado de identificar amenazas contra la seguridad israelí, dedicaba parte de su actividad a elaborar propuestas políticas, intervenir en debates sobre el funcionamiento del Estado y definir estrategias nacionales fuera de sus atribuciones.
El contraste plantea una cuestión sobre las prioridades que Bar había establecido para el organismo que dirigía. Las discusiones de julio de 2023 muestran a un jefe de inteligencia ocupado en materias que excedían su autoridad, hasta el punto de provocar reiteradas reprimendas del primer ministro.
La pregunta es inevitable: ¿la obsesión de Ronen Bar por intervenir en asuntos ajenos a sus competencias contribuyó a que el Shin Bet no proporcionara la advertencia de inteligencia que Israel necesitaba antes de la masacre del 7 de octubre?










