La posibilidad de que un incidente militar limitado derive en enfrentamientos en varios frentes preocupa a los responsables de la defensa de Israel. Uno de los escenarios que examinan contempla una operación de Irán, de los hutíes o de otro grupo aliado de Teherán que provoque una respuesta israelí y, después, una escalada más amplia.
También se considera el riesgo de un error de interpretación entre adversarios. Un despliegue preparado para proteger posiciones podría ser entendido por la otra parte como el inicio de una ofensiva, con la consiguiente reacción militar. Estas posibilidades adquieren especial importancia ante las elecciones a la Knéset, previstas para octubre, y las elecciones de mitad de mandato estadounidenses, fijadas para una semana después.
En este contexto, el teniente general Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), ordenó cancelar los permisos de los militares durante la jornada electoral. La decisión se tomó ante la preocupación de que Irán o alguna organización aliada aproveche ese período para iniciar una acción contra Israel.
Durante la última semana, las FDI han seguido con especial atención la situación regional y las pruebas iraníes de misiles balísticos y aeronaves no tripuladas. Sin embargo, las autoridades de defensa aclararon que no cuentan actualmente con información de inteligencia concreta que indique la intención de Irán o Hezbolá de atacar Israel.
Zamir advirtió la semana pasada: “A la luz del aumento del número de alertas en todos los frentes y la sensibilidad de este período, el potencial de escalada ha crecido”.
El primer ministro, Benjamín Netanyahu, también se refirió a un eventual ataque iraní durante una entrevista con Canal 14: “Si Irán nos ataca, cometerá el error de su vida. También tenemos la capacidad de actuar de forma independiente, y no aconsejaría a ninguno de nuestros enemigos que nos ponga a prueba, de ninguna manera”.










