El ministro de Justicia de Israel, Yariv Levin, calcula que durante la próxima legislatura quedarán vacantes diez puestos en el Tribunal Supremo. Considera que esa circunstancia le permitirá modificar la composición del tribunal, una de las principales metas de su reforma judicial, pese al enfrentamiento que mantiene con sus magistrados.
Levin sostuvo que los jueces que se oponen a sus candidatos tendrán cada vez menos capacidad para impedir los nombramientos si disminuye el número de magistrados en ejercicio. Por eso considera que la próxima Knéset puede ofrecer una oportunidad excepcional para completar los cambios que comenzó a impulsar desde el Ministerio de Justicia.
El ministro describió las negociaciones sobre los nombramientos como una disputa que también afecta a la imagen pública de la reforma. Afirmó que algunos magistrados estaban dispuestos a aceptar candidatos que él pudiera presentar ante sus votantes como un triunfo conservador, siempre que fueran personas previamente aceptadas por el propio tribunal.
Según su versión, los jueces pretendían conservar la orientación del Supremo mientras le permitían atribuirse un logro político. Levin mencionó que se habían negado a respaldar a juristas como el doctor Aviad Bakshi y el doctor Biton. Cuando insistió en designar a personas que ellos rechazaban, sostuvo, le advirtieron que utilizarían su poder de veto y que podían esperar a que otro ministro de Justicia asumiera el cargo.
“Tú te quedas con el crédito político y nosotros protegeremos nuestro Tribunal Supremo”, relató Levin al describir el mensaje que, afirma, recibió de los magistrados. Pese a esas diferencias, aseguró que está cerca de terminar la transformación que se propuso realizar.
La reforma no se limita a los nombramientos del Supremo. Levin citó los cambios en el Comité de Selección Judicial, cuya entrada en vigor está prevista para la próxima Knéset, así como la designación de jueces de tribunales inferiores, el nombramiento de un comisionado encargado de recibir quejas contra magistrados y modificaciones de la legislación sobre interpretación de contratos.
También incluyó entre los avances la exigencia de que haya un abogado defensor durante los interrogatorios de menores y personas con discapacidad. Afirmó que más de 150 jueces nombrados o ascendidos durante su gestión no habrían progresado anteriormente en el sistema judicial y calculó que aproximadamente un tercio de los jueces israelíes obtuvo un nombramiento o ascenso mientras él ocupaba el ministerio.
Levin negó que las protestas hayan logrado apartarlo de sus objetivos. Recordó las manifestaciones frente a su casa en Modiín, las realizadas durante el periodo de duelo por la muerte de su padre y las protestas contra él en el estadio Bloomfield. Explicó que la presión resulta más difícil para su familia, que no eligió participar en esa confrontación política, pero sostuvo que quien asume una responsabilidad de gobierno debe poder afrontar decisiones y situaciones difíciles.
Lo que más le afectó, afirmó, no fueron las críticas de la oposición, sino las procedentes de su propio sector político. A su juicio, algunos comentaristas y dirigentes presentaron soluciones rápidas para problemas jurídicos complejos y después le reprocharon que no obtuviera resultados inmediatos.
Una de sus principales discrepancias con sus aliados se remonta a marzo de 2023, cuando el Gobierno suspendió la tramitación de las leyes de reforma judicial. Levin aseguró que se opuso a esa decisión porque había advertido que la suspensión no produciría un acuerdo con los adversarios del proyecto. Considera que fue interpretada como una señal de debilidad y que provocó nuevas presiones.
El ministro dijo que no recibió el apoyo necesario de algunos dirigentes partidarios ni de diversos diputados de la coalición. Defendió que un Gobierno elegido para aplicar una política no debería renunciar a ella por las manifestaciones o la presión pública. Calificó aquella interrupción legislativa como una demostración de debilidad que tuvo un coste elevado.
De cara a las próximas elecciones a la Knéset, Levin advirtió que las divisiones entre partidos pueden impedir la formación de un Gobierno dispuesto a continuar la reforma. Cuestionó a los grupos pequeños que compiten por separado y corren el riesgo de no superar el umbral electoral, con la consiguiente pérdida de votos para ese sector.
Rechazó especialmente el argumento de que votar por una formación menor puede fortalecer al primer ministro Benjamin Netanyahu. “Si quieres fortalecer a Netanyahu, vota al Likud”, afirmó. En contraste, elogió la alianza entre Bezalel Smotrich, dirigente del Partido Sionismo Religioso, y Moshe Feiglin como ejemplo de cooperación entre políticos con diferencias.
Para Levin, las elecciones también determinarán la capacidad del próximo Ejecutivo para negociar con Washington. Identificó tres asuntos que considera decisivos: el peligro nuclear iraní, el futuro de las comunidades israelíes de Judea y Samaria y la composición del Tribunal Supremo. Afirmó que una posición política más sólida de Netanyahu podría ayudarlo a defender los objetivos de Israel ante Donald Trump.
Respecto a Irán, sostuvo que la colaboración entre ambos mandatarios puede contribuir a afrontar la amenaza nuclear. También planteó la posibilidad de un cambio estratégico en las relaciones con ese país si se produjera una sustitución de su régimen. Presentó ese escenario como una eventualidad futura, no como un cambio ya ocurrido.
El ministro manifestó además su intención de impulsar la aplicación de la soberanía israelí sobre al menos algunas zonas de Judea y Samaria. Afirmó que, durante los últimos años, se establecieron 104 comunidades nuevas y se realizaron obras de infraestructura y medidas para fortalecer localidades existentes.
En su opinión, los dos años restantes del mandato de Trump constituyen una oportunidad para avanzar en esa dirección. Advirtió que un cambio de Gobierno en Israel podría frustrarla y criticó las restricciones a la construcción y expansión de comunidades que atribuyó al Ejecutivo anterior.
Levin también exigió el fin del juicio penal contra Netanyahu y la creación de una comisión de investigación designada por el Gobierno para examinar la actuación de investigadores, fiscales y otros funcionarios implicados en las causas. Aseguró que los testimonios judiciales habían expuesto irregularidades graves y acusó a los jueces del proceso de no haber reaccionado de forma adecuada ante esas denuncias.
Argumentó que las facultades de las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley exigen transparencia, moderación e integridad, pues considera que un uso indebido de esas atribuciones perjudica a las instituciones democráticas. Tanto esas acusaciones como su exigencia de anular el juicio forman parte de la posición expresada por el ministro.
Levin afirmó que el respaldo recibido de ciudadanos favorables a sus propuestas fortalece su decisión de regresar al Ministerio de Justicia para concluir la reforma. Cerró su intervención con un llamado a votar por las fuerzas políticas dispuestas a mantener las medidas que defiende.










