El satélite militar ruso Kosmos 2612 ejecutó en octubre una maniobra de aproximación a X-36, un satélite de radar de la empresa finlandesa ICEYE que proporciona información de inteligencia a Ucrania. La separación entre ambos aparatos llegó a ser de aproximadamente un kilómetro y, de acuerdo con algunas evaluaciones especializadas, pudo reducirse hasta unos pocos cientos de metros o menos. La operación ha suscitado sospechas de que Rusia ensaya procedimientos para atacar sistemas espaciales de otros países.

X-36 forma parte de una constelación comercial de radar cuyos datos utilizan gobiernos y fuerzas armadas occidentales. Entre sus usuarios se encuentra el Ejército ucraniano, que emplea esas imágenes en la guerra contra Rusia. Los satélites de ICEYE incorporan radar de apertura sintética, tecnología que permite observar el terreno con alta resolución durante la noche y bajo condiciones meteorológicas adversas.
El acercamiento destacó por su proximidad entre un satélite militar y otro civil en órbita baja. Thomas DiNanno, subsecretario de Estado de Estados Unidos, sostuvo en la red social X que Kosmos 2612 había efectuado una maniobra deliberada y peligrosa junto a un aparato comercial. A su juicio, el comportamiento es compatible con operaciones de armas en órbita terrestre.

El movimiento tiene antecedentes que se remontan a varios meses. Kosmos 2612 fue lanzado en abril como integrante de un grupo de seis satélites militares rusos y figura oficialmente como vehículo de inspección y vigilancia. En mayo, Moscú situó cuatro aparatos de ese grupo cerca de X-36. ICEYE tuvo que modificar la trayectoria de su satélite y después se produjeron nuevas maniobras rusas de seguimiento.
A comienzos de octubre, Kosmos 2612 permanecía varios cientos de kilómetros detrás de X-36. En cuestión de días acortó esa distancia hasta situarse, hacia mediados del mes, a cerca de un kilómetro. Los cálculos de algunos especialistas sitúan su máxima proximidad en apenas cientos de metros, e incluso menos. Posteriormente, el vehículo ruso volvió a alejarse hasta unos 400 kilómetros.

Greg Gillinger, analista espacial sénior de Integrity ASR, empresa que entrena a las fuerzas espaciales estadounidenses, considera que la maniobra tuvo un carácter particularmente amenazante. “Parece un ensayo general para un ataque”, afirmó. También la describió como la posición más agresiva que ha observado de Rusia contra satélites de otro país.
Gillinger, antiguo oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea estadounidense que ha seguido los desplazamientos orbitales, planteó que el objetivo probable era examinar la posibilidad de un ataque cinético, es decir, de una acción física contra el satélite. Su razonamiento es que una aproximación tan estrecha no resulta necesaria para tareas ordinarias de observación ni para interferir señales mediante guerra electrónica.

Aunque Kosmos 2612 ya se retiró de las inmediaciones de X-36, la actividad de la misma serie de vehículos continúa. Otros dos satélites rusos siguen una trayectoria de deriva orientada hacia X-37, un segundo satélite de radar occidental de la constelación. La compañía estadounidense de seguimiento espacial Comspoc ha identificado una disposición orbital que facilitaría reducir la separación respecto de ese nuevo objetivo.

El mayor general Michael Traut, comandante espacial de Alemania, explicó que estos encuentros pueden servir para distintos fines militares, en función del equipo del vehículo que se aproxima. Entre las consecuencias posibles mencionó desde interrupciones temporales del funcionamiento hasta la inutilización definitiva de un satélite. No obstante, advirtió que las trayectorias observables no bastan, por sí solas, para demostrar que Rusia prepara un ataque inmediato.
Para Andrew Turner, asesor espacial y antiguo oficial de la Fuerza Aérea británica, los movimientos incrementan el riesgo de que se produzca un ataque real. Ese peligro incluye tanto una acción intencionada como una colisión accidental entre objetos en órbita. La proximidad extrema puede crear consecuencias incluso sin una orden de destruir el aparato al que se aproxima otro vehículo.

La empresa finlandesa sostiene que X-36 mantiene su actividad normal. Anne Stevens, responsable de las operaciones de ICEYE en Estados Unidos, señaló que el satélite sigue operativo y produce imágenes de radar, y que el conjunto de la constelación está preparado para resistir perturbaciones y daños. El ministerio de Defensa ruso no respondió a la solicitud de comentarios sobre las maniobras.
La importancia militar de estas redes va más allá del caso de X-36. Los servicios de inteligencia han seguido durante meses las operaciones rusas cerca de satélites de ICEYE y advierten de capacidades que podrían amenazar constelaciones completas. Entre las redes que suscitan preocupación también está Starlink, de SpaceX, compañía de Elon Musk.

Desde la invasión rusa de Ucrania, los sistemas espaciales comerciales de comunicaciones, fotografía y radar se han integrado en las operaciones ucranianas. Los aparatos de ICEYE han contribuido a localizar movimientos de tropas y material militar ruso. Esa utilidad para el campo de batalla explica la importancia que han adquirido satélites civiles dentro del enfrentamiento.
Moscú ha advertido en repetidas ocasiones de que los satélites comerciales occidentales que apoyan el esfuerzo militar ucraniano podrían convertirse en objetivos legítimos de represalias. También ha enviado al espacio aparatos de reconocimiento e inspección con capacidad para modificar sus propias órbitas y efectuar maniobras cerca de otros vehículos.
La actividad coincide con una competencia militar cada vez más intensa en el espacio. Estados Unidos ha reconocido recientemente el despliegue de armamento especializado en órbita terrestre. Por su parte, el jefe del Comando Espacial estadounidense advirtió a comienzos de año de que Rusia también ha desplegado armas espaciales capaces de dañar satélites esenciales para la seguridad nacional de Estados Unidos. La capacidad de aproximarse a sistemas comerciales constituye así una preocupación directa para los ejércitos que dependen de ellos.










