Un Airbus A320 de Aer Lingus que viajaba de Dublín a Roma terminó este jueves en la base aérea francesa de Évreux, en Normandía. La tripulación del vuelo EI402 cambió su destino después de que se recibiera una advertencia específica sobre una posible bomba a bordo.

El cambio de ruta se produjo cerca del espacio aéreo de París. Los registros de seguimiento muestran que el avión trazó varias vueltas antes de tomar dirección a la instalación militar. En el aparato viajaban 115 pasajeros y seis integrantes de la tripulación.
El aterrizaje se completó sin incidentes y los 121 ocupantes quedaron a salvo. Los especialistas militares franceses en explosivos iniciaron la inspección de la cabina y la bodega para determinar si había algún artefacto peligroso.

La oficina del primer ministro francés, Sébastien Lecornu, confirmó que las autoridades seguían de cerca la emergencia. Durante la aproximación a Évreux, un caza Rafale habría acompañado al avión de pasajeros, de acuerdo con las informaciones difundidas en Francia.
En Bulgaria, otras tres aeronaves recibieron amenazas de bomba mientras volaban hacia Sofía. El Ministerio del Interior activó procedimientos especiales de seguridad para los tres servicios de Ryanair, cuyos puntos de partida eran Londres, Copenhague y Madrid.
Los aviones procedentes de Copenhague y Madrid llegaron al aeropuerto Vasil Levski de Sofía, donde fueron examinados. El tercero, que había despegado de Londres-Stansted, fue enviado a Plovdiv, la segunda ciudad de Bulgaria, en lugar de completar su ruta prevista.

En el momento de las primeras comunicaciones oficiales, las revisiones búlgaras no habían revelado objetos sospechosos ni un peligro concreto. La policía comenzó a buscar el origen de las alertas, tanto telefónicas como digitales, y examinó la posibilidad de que se tratara de avisos falsos.
Los cuatro vuelos afectados este jueves se suman a una serie de emergencias de los días anteriores. Solo el martes, las advertencias sobre posibles explosivos provocaron controles urgentes en al menos siete aviones que operaban rutas relacionadas con Polonia, España, Italia y Bulgaria.

En Polonia, un vuelo de LOT que había salido de Londres-Heathrow no aterrizó en el aeropuerto previsto de Varsovia, sino en Modlin. Los pasajeros fueron evacuados y los equipos especializados inspeccionaron la aeronave sin hallar explosivos.
Otro avión que viajaba de Copenhague a Varsovia, esta vez de Scandinavian Airlines (SAS), aterrizó en el aeropuerto Chopin y pasó por controles de seguridad. En España, la amenaza contra un Ryanair de Mánchester a Murcia también terminó sin el hallazgo de explosivos después de revisar el avión, los equipajes y a sus ocupantes.

Una de las intervenciones más visibles del martes ocurrió en Italia. Dos cazas Eurofighter despegaron para escoltar a un vuelo de Ryanair entre Dublín y Roma, que había recibido una alerta de bomba. La aeronave llegó al aeropuerto de Fiumicino y las comprobaciones posteriores descartaron la presencia de explosivos.
La ruta Lisboa-Roma de Ryanair también fue objeto de una amenaza. Los controles aplicados a ese vuelo no permitieron localizar objetos peligrosos o sospechosos.

La secuencia había comenzado al menos el lunes con un vuelo de Wizz Air de Londres a Sofía. La advertencia de bomba obligó a desviarlo a Budapest, con escolta de cazas Gripen de la Fuerza Aérea húngara. Tras aterrizar, se determinó que la amenaza era falsa.
La coincidencia de alertas contra aerolíneas, trayectos y países distintos llevó a las autoridades europeas a examinar si los episodios estaban relacionados. No se había establecido oficialmente la existencia de una operación terrorista organizada.

Los especialistas en seguridad aérea consideran varias explicaciones posibles: una persona o un grupo que emite amenazas falsas, imitadores de incidentes anteriores o una acción deliberada para interrumpir los vuelos comerciales en distintos puntos de Europa.
La consultora Osprey Flight Solutions destacó que los avisos no se concentran en una sola compañía, ruta o país. Ese patrón puede corresponder a un intento de provocar temor y perturbaciones generales en la aviación, en vez de dirigir las amenazas contra un operador específico.

Los avisos ya habían causado desvíos de vuelos, evacuaciones, movilización de cazas y numerosas inspecciones de seguridad. Aeropuertos y fuerzas especiales debieron dedicar personal y horas de trabajo a verificar las alertas.

Mientras los artificieros franceses continuaban con la inspección del Airbus de Aer Lingus en Évreux, la policía búlgara mantenía abierta la investigación para localizar a quienes originaron las amenazas recibidas por teléfono y por medios digitales.










