La presión sobre la República Islámica y una eventual transformación política de Irán podrían alterar el equilibrio de poder en Oriente Medio y repercutir en la competencia entre Estados Unidos, China y Rusia, según Pejman Bijan, profesor asociado de relaciones internacionales en la Universidad de Trento, Italia.
“Hoy estamos en un momento de remodelación del equilibrio de poder, no solo de Oriente Medio sino de la política mundial”, dijo Bijan a The Media Line. A su juicio, la disputa regional forma parte de una competencia más amplia entre distintas esferas de poder, con Irán y los estados árabes del Golfo entre sus principales actores.
Bijan considera que en los próximos meses podrían definirse dos modelos regionales rivales. Uno estaría articulado alrededor de nuevas rutas comerciales, los Acuerdos de Abraham y una futura normalización entre Israel y un Irán democrático. El otro estaría vinculado, en su análisis, con China y Rusia y con gobiernos o movimientos asociados al islam político.
Dentro del primer escenario sitúa el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, conocido como IMEC, anunciado durante la cumbre del G20 de 2023. La red proyectada conectaría India con Europa mediante rutas marítimas y ferroviarias a través del golfo Pérsico, países árabes e Israel. Bijan plantea un trayecto desde Mumbai hasta los Emiratos Árabes Unidos y Haifa, antes de continuar por el Mediterráneo hacia el puerto italiano de Trieste.
Para que ese esquema avance, sostuvo, sería necesaria una aplicación más amplia de los Acuerdos de Abraham, que desde 2020 establecieron o ampliaron relaciones diplomáticas entre Israel y varios países árabes. Bijan añade a esa arquitectura los denominados Acuerdos de Ciro, una propuesta de futura normalización entre Israel y un Irán democrático.
En contraste, interpreta el reciente Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca entre Arabia Saudí, Pakistán y Turquía como parte de una posible alineación rival, aunque sus firmantes lo han definido como defensivo y no dirigido contra ningún país.
“En mi opinión, Pakistán está jugando un juego geopolítico más en nombre de China que de Washington”, afirmó. Si esa alineación se impusiera, añadió, Oriente Medio permanecería dentro de “un marco ideológico del islam político” y la República Islámica podría encontrar mayores posibilidades de supervivencia.
Bijan denomina a su alternativa el “Nuevo Oriente Medio”, que distingue de la iniciativa del “Gran Oriente Medio” asociada al presidente George W. Bush. “El Nuevo Oriente Medio es que todo el mundo quiere libertad, democracia y, especialmente, libre comercio”, dijo. Su propuesta contempla una alianza entre Irán, Israel y los países árabes del Golfo sustentada en vínculos comerciales.
También ve a Qatar y Pakistán como indicadores de una redistribución de influencias. Describió a Qatar como un país que durante años estuvo cerca de la República Islámica en la promoción del islam político, uno desde el ámbito suní y el otro desde el chií, mientras que atribuyó a Pakistán una creciente cercanía estratégica con China.
Según Bijan, el mayor papel de Islamabad como mediador refleja una reducción de la influencia británica y un aumento del peso de Pekín y Moscú. Vinculó a Qatar con redes políticas e institucionales radicadas en Londres, a las que llamó “London-istan”, cuya capacidad de influencia considera en retroceso.
Europa, en su opinión, llega debilitada a esta disputa por la ausencia de una política exterior común. “Por ahora no tenemos una política exterior común capaz de dictar una línea importante frente a Rusia y China y también en relación con nuestro aliado, que es Estados Unidos”, afirmó.
Bijan identifica además una división europea respecto de Irán. Según su análisis, sectores de centroizquierda buscaron durante años interlocución con dirigentes de la República Islámica considerados reformistas, entre ellos los expresidentes Hassan Rouhani y Mohammad Khatami. También mencionó a los exresponsables de política exterior de la Unión Europea Federica Mogherini y Josep Borrell.
“Siempre coqueteaban de alguna manera con una parte de la élite de la República Islámica”, dijo. Frente a esa corriente, situó a sectores centristas y de centroderecha que han respaldado un cambio político y a la generación iraní que reclama libertad y democracia.
“Ya no puedes cerrar los ojos delante del régimen. Es hora de tomar una decisión”, afirmó. Bijan reprochó a gobiernos y dirigentes europeos haber mantenido durante años acuerdos e interlocución con Teherán mientras continuaba la represión dentro de Irán.
La situación interna iraní ocupa el centro de su análisis. Bijan sostuvo que las recientes medidas estadounidenses han sometido al país a una presión económica sin precedentes. “Nunca ha ocurrido que la República Islámica haya estado tan bajo presión económica”, afirmó. “Ni siquiera la ayuda de China y Rusia es suficiente en este momento para evitar una posible caída del sistema de la República Islámica en el próximo mes.”
Ante esa presión, advirtió que el gobierno podría intentar generar inestabilidad fuera de sus fronteras. Sobre los informes de posibles ataques contra instalaciones estadounidenses en países europeos como Bulgaria, Chipre e Italia, sostuvo que “la posibilidad de que provoquen algo en Europa es realista”.
Bijan también pidió distinguir entre Irán como país y la República Islámica instaurada en 1979. Al referirse al estrecho de Ormuz, rechazó su caracterización como un activo estadounidense y lo definió como “una vía fluvial internacional”. Añadió que Irán mantiene una relación histórica con ese paso marítimo y sostuvo que Washington debería considerar a la sociedad iraní como un posible aliado.
El académico describió a la República Islámica como un “régimen híbrido” compuesto por distintas capas de poder, y no como un sistema autoritario concentrado exclusivamente en una figura. “Si matas al Guía Supremo, no estarás haciendo que el sistema se caiga”, afirmó.
En su esquema, dentro del establishment existen dos grandes tendencias. Una, a la que llama “oligarquía pragmática”, incluye integrantes de la Guardia Revolucionaria y del aparato diplomático favorables a negociar para preservar el sistema. La otra prioriza la confrontación con Occidente.
La primera, explicó, podría aceptar compromisos que no producirían libertad política en Irán, pero reducirían su confrontación exterior. La segunda mantendría una línea agresiva. “Este ha sido el juego del policía bueno y el policía malo de la República Islámica, y todavía continúa”, dijo.
Bijan respaldó el ataque del 28 de febrero que, según señaló, mató al líder supremo iraní, aunque consideró que llegó tarde. “Fue correcto, pero fue un poco tarde”, afirmó. También valoró el llamamiento del presidente Donald Trump para que los iraníes salieran a las calles, porque, según dijo, sectores de la población que se habían sentido abandonados interpretaron que finalmente contarían con apoyo estadounidense.
Considera a Trump y al secretario de Estado Marco Rubio más cercanos a lo que denomina “el nuevo Irán”. En cambio, cuestionó la posición del vicepresidente JD Vance, que comparó con la disposición de la administración Obama a negociar con dirigentes iraníes presentados como moderados.
Para Bijan, quienes se enfrentan al gobierno en Teherán y otras ciudades ya no constituyen simplemente una oposición política. “No lo llamo ni siquiera oposición; es la sociedad iraní, porque son el 85% de Irán”, afirmó.
Citó las protestas de diciembre, enero y febrero, además del movimiento Mujer, Vida, Libertad, como expresión de las aspiraciones políticas de esa parte de la población. “Mostraron que hay un nuevo Irán, secular, que quiere libertad”, dijo. “Dicen Azadi, quieren democracia, quieren pluralismo.”
Bijan advirtió, sin embargo, que los iraníes difícilmente volverán a movilizarse si no creen que recibirán apoyo efectivo. “Irán está preparado otra vez. Pero, por supuesto, no saldrán si no tienen la seguridad de que serán respaldados”, afirmó.
Las amenazas contra periodistas y personas que hablan con medios extranjeros han dificultado además la salida de información desde Irán. Pese a ello, Bijan sostiene que la presión económica ha debilitado al sistema y abierto una posibilidad de cambio político.
“Hay millones en Irán preparados para avanzar y cambiar todo el panorama de Oriente Medio”, dijo. No precisó qué forma debería adoptar la asistencia exterior y se limitó a señalar que existen “diferentes posibilidades de ayudar”.
Su recomendación a los responsables políticos occidentales es abandonar la expectativa de alcanzar un acuerdo duradero con la actual estructura de poder. “No escuchen a quienes siguen diciendo desde Londres y Washington que podemos llegar a un acuerdo con este sistema”, afirmó.
Para Europa, añadió, el cambio pasa por dejar atrás una política que, en su opinión, ignoró durante años la represión dentro de Irán. Frente a las visitas de políticos europeos que usaron velo en el país como gesto de respeto cultural, recordó a las mujeres iraníes que protestaron contra su obligatoriedad y sostuvo que la prioridad ahora es “intentar abrir los ojos”.










