Israel esperó casi catorce años para recibir al Drakon, desde su encargo a los astilleros alemanes ThyssenKrupp hasta su primera llegada a Haifa, su puerto base. Es el mayor submarino que ha tenido la Marina israelí y la máquina de guerra más cara y sofisticada de sus fuerzas armadas. Las estimaciones sobre su capacidad de ataque le atribuyen posibilidades sin precedentes para alcanzar objetivos situados en el interior del territorio enemigo.
Buena parte de esa capacidad se asocia con un sistema de lanzamiento vertical, conocido como VLS, que publicaciones extranjeras sitúan a bordo. Ese equipo permite disparar misiles de crucero de gran tamaño. Las mismas fuentes apuntan también a la probable capacidad de lanzar misiles balísticos nucleares, con alcances que podrían llegar a miles de kilómetros.
El nombre del submarino admite dos lecturas. La Marina explica que eligió Drakon como homenaje al Dakar, por la semejanza entre las letras de ambos nombres. La alusión al dragón, la criatura legendaria que expulsa fuego, también da pie a una interpretación ligada a su armamento y a su potencia ofensiva.
Inteligencia y operaciones lejos de la costa israelí
El lanzamiento de misiles es solo una parte de las tareas de esta flota. Sus submarinos actúan como centros clandestinos de obtención de inteligencia, con sensores de tecnología avanzada, y cumplen misiones a miles de kilómetros de Israel. La navegación sumergida les permite penetrar sin ser detectados en la retaguardia enemiga y eludir los radares.
A esas funciones se añade el transporte de fuerzas especiales. Las publicaciones extranjeras atribuyen a los submarinos israelíes un espacio reservado para los integrantes de Shayetet 13, a quienes desembarcan de forma encubierta en destinos remotos de Oriente Medio.
Para las tripulaciones, ese trabajo exige pasar semanas enteras sin contacto con el mundo exterior. Ni siquiera el aislamiento a cientos de metros de profundidad evita que lleguen noticias familiares dolorosas. Hubo militares que supieron durante una misión operativa que había muerto un familiar y tuvieron que regresar de inmediato a Israel para asistir al funeral.
El mayor tamaño del Drakon mejora las condiciones de vida durante esas estancias. Dispone de dos duchas, una comodidad poco habitual en un submarino, y de unas cincuenta camas. Con ese número de literas casi desaparece la necesidad de recurrir a la agotadora “cama caliente”, el sistema de uso compartido por turnos.
Una Marina con mayor capacidad ofensiva
La incorporación del Drakon coincide con una transformación del conjunto de la fuerza naval. Las autoridades políticas y de defensa decidieron dejar atrás el modelo de una Marina compacta, orientada a la defensa, para convertirla en una fuerza con una amplia capacidad de ataque, comparable en ese aspecto con la Fuerza Aérea.
La última guerra, que puso de relieve la importancia del ámbito marítimo, forma parte de los motivos de esa decisión. También pesan el fortalecimiento de la flota turca y las ambiciones que Noticias 14 atribuye a Erdogan, a las que califica de imperiales.
En ese contexto, el estamento de defensa recomendó recientemente a las autoridades políticas que la flota israelí alcance los ocho submarinos. La propuesta contrasta con la controversia del llamado “caso de los submarinos”, ligada a la insistencia de Benjamín Netanyahu en aumentar de cinco a seis el número de unidades.
Noticias 14 sostiene que aquel caso fue un intento político de atribuir al primer ministro graves acusaciones de corrupción únicamente por su empeño en ampliar la flota. Esa es la interpretación que plantea sobre la controversia ante la actual recomendación de incorporar más submarinos.
La participación concreta de la flotilla en la guerra actual permanece bajo reserva. Su importancia estratégica reúne ahora un consenso público y de defensa, mientras estos buques conservan su lugar entre los recursos más sensibles del Estado de Israel.










