Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos estudian el uso de la bomba GBU-43/B MOAB contra instalaciones nucleares y energéticas de Irán, entre ellas el complejo subterráneo conocido como Pickaxe Mountain. La operación necesitaría la autorización del presidente Donald Trump. Aunque se trata de una de las mayores bombas convencionales estadounidenses, su diseño plantea limitaciones para atacar estructuras protegidas por grandes espesores de roca.
La MOAB, conocida como “Madre de todas las bombas”, pesa 9.850 kilogramos y contiene 8.500 kilogramos de explosivo H-6, con una potencia estimada equivalente a 11 toneladas de TNT. Está diseñada para detonar sobre la superficie y producir una onda expansiva, no para perforar hormigón reforzado ni formaciones rocosas. En Pickaxe Mountain podría destruir entradas, conductos de ventilación, conexiones eléctricas y edificios exteriores, sin alcanzar necesariamente las dependencias situadas a mayor profundidad.
Washington e Israel consideran que el complejo podría albergar componentes del programa nuclear iraní. Durante 2026 continuaron las obras en sus accesos, con nuevos refuerzos de hormigón y actividad en los caminos internos. No existe confirmación de que en el interior se efectúen operaciones de enriquecimiento de uranio.
Las refinerías, los depósitos de combustible, las estaciones de bombeo y las subestaciones eléctricas presentan condiciones diferentes. Su exposición las hace más vulnerables a la onda expansiva de la MOAB, aunque la distribución de los equipos en amplios complejos industriales limita el daño que puede causar una sola detonación. Un ataque contra instalaciones cercanas a áreas pobladas también podría afectar infraestructura civil.
El lanzamiento de esta bomba supone otra dificultad. Fue desarrollada para los aviones MC-130E y MC-130H, modelos que ya fueron retirados del servicio de la Fuerza Aérea estadounidense. La munición se extrae por la rampa trasera del aparato y, al carecer de propulsión, exige aproximarse a una posición adecuada sobre el objetivo. Una operación actual requeriría determinar qué aeronave puede transportarla y lanzarla de forma certificada, además de considerar las defensas antiaéreas iraníes que permanezcan operativas.
La GBU-57 Massive Ordnance Penetrator (MOP) responde a otra finalidad. Pese a contener solo 2.423 kilogramos de explosivo, cuenta con una carcasa de acero resistente que permite penetrar materiales endurecidos antes de la detonación. El 22 de junio de 2025, siete bombarderos B-2 estadounidenses lanzaron 14 bombas GBU-57 contra instalaciones nucleares iraníes, doce sobre Fordo y dos sobre Natanz. Su capacidad de penetración tampoco garantiza la destrucción de equipos situados a profundidades superiores a las que puede alcanzar.
La MOAB solo ha sido empleada una vez en combate. El 13 de abril de 2017, Estados Unidos la lanzó contra una red de túneles de ISIS-K en la provincia afgana de Nangarhar. Aquella operación afectó galerías accesibles, pero no demostró que el arma pueda destruir instalaciones profundamente enterradas bajo granito. Esa diferencia condiciona su posible empleo contra los objetivos iraníes que ahora se examinan.










