La empresa taiwanesa Thunder Tiger Technology completó la entrega de 1.520 drones de ataque FPV al Departamento de Defensa de Estados Unidos. El Pentágono aceptó la totalidad de los aparatos de un pedido valorado en unos $7 600 000, con un costo medio de $5 000 por unidad. La cifra de unidades aceptadas pasó de 760 en septiembre a 1.520 a comienzos de octubre.
La compra forma parte del programa estadounidense Drone Dominance, que busca incorporar drones de combate con cadenas de suministro compatibles con los requisitos militares del país y reducir la dependencia de la industria china. Thunder Tiger produjo los aparatos en colaboración con Farage Precision, empresa estadounidense que obtuvo el pedido, y Rehfeldt Group, que aportó contactos industriales en Taiwán.
Los drones entregados pertenecen a una versión personalizada de diez pulgadas de la familia Overkill FPV. Esta plataforma figura en la lista Blue UAS y utiliza el sistema de control de vuelo Skynode de Auterion, con funciones de autonomía y seguimiento de objetivos. La selección exige controles de ciberseguridad y procedencia de componentes, además del cumplimiento de las restricciones de adquisición previstas por la legislación estadounidense.
La familia Overkill incluye drones de ataque unidireccional, variantes de fibra óptica e interceptores. En las versiones de fibra óptica, el control y la transmisión de vídeo utilizan un cable físico, lo que permite mantener las comunicaciones ante interferencias de radiofrecuencia. Sin embargo, la longitud y el peso del cable, así como el riesgo de rotura, limitan su empleo.
Los FPV permiten que pequeñas unidades ataquen vehículos, piezas de artillería, radares, posiciones fortificadas y personal mediante imágenes de vídeo en directo. Su uso en Ucrania ha mostrado la utilidad de estos aparatos contra objetivos localizados por medios de reconocimiento, aunque su eficacia depende de la carga explosiva, las comunicaciones, las condiciones meteorológicas y las defensas del objetivo.
El programa Drone Dominance distribuye sus pedidos mediante pruebas competitivas que consideran el rendimiento de los aparatos, la evaluación de los militares, la capacidad de fabricación y el cumplimiento de los requisitos de suministro. En la primera competición, Gauntlet I, se seleccionaron once proveedores para un total inicial de 22.320 drones. Farage Precision ocupó el undécimo puesto, pero consiguió completar la aceptación de las 1.520 unidades adjudicadas. Otros fabricantes con mejores puntuaciones, como Skycutter y Perennial Autonomy, aún tenían entregas pendientes al inicio de octubre.
La principal dificultad para ampliar estas adquisiciones es el dominio de China sobre la industria comercial de drones, estimado entre el 70 % y el 90 % del mercado mundial. Su capacidad de producción abarca motores, cámaras, transmisores, baterías, controladores de velocidad y electrónica de vuelo. Las alternativas de otros países pueden costar entre un 25 % y un 70 % más. La sustitución de las celdas de batería de origen chino presenta dificultades adicionales.
El cumplimiento de la lista Blue UAS no exige que cada componente proceda de Estados Unidos, pero sí impone criterios de seguridad y revisión de la cadena de suministro. Para sostener compras de mayor volumen, Washington necesita proveedores alternativos capaces de fabricar a escala. Taiwán, por su parte, impulsa un programa industrial de seis años dotado con 44.200 millones de nuevos dólares taiwaneses, con partidas destinadas a investigación, desarrollo y adquisiciones.
Thunder Tiger también firmó en octubre un acuerdo con la agencia de desarrollo económico de Michigan para explorar actividades conjuntas de fabricación y pruebas. Otro acuerdo, suscrito con AeroVironment, contempla una posible coproducción de drones en Taiwán y la integración de lanzadores Switchblade en embarcaciones no tripuladas. Ninguno de los dos compromete todavía volúmenes concretos de producción. La entrega de los 1.520 FPV demuestra que un proveedor taiwanés puede completar un pedido estadounidense, aunque el aumento de escala dependerá de la disponibilidad y el costo de componentes ajenos a China.










