Estados Unidos e Israel han elaborado planes para una nueva serie de ataques contra Irán, con la posibilidad de ejecutarlos después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. La información procede de funcionarios estadounidenses y otras personas que conocen los preparativos citados por The New York Times. Una decisión definitiva sobre la operación, sin embargo, todavía depende del presidente Donald Trump.
El calendario electoral constituye uno de los puntos de desacuerdo. Informaciones recientes atribuyen al primer ministro Benjamín Netanyahu interés en reanudar los bombardeos, mientras Trump habría preferido postergar cualquier ofensiva hasta después de los comicios. Netanyahu negó este jueves que esas versiones fueran correctas y evitó revelar el contenido de sus últimas conversaciones con el mandatario estadounidense sobre Irán.
La incertidumbre no se limita a la fecha. Entre los escenarios considerados figura una ofensiva durante el propio mes de octubre, pero también la posibilidad de que Trump finalmente descarte una nueva intervención militar. El presidente ha cancelado en varias ocasiones durante los últimos meses el retorno a los combates. Una fuente describió las consecuencias de esos cambios de posición para los planificadores militares como una situación de continuos sobresaltos.
En paralelo, ambos países han intensificado las maniobras conjuntas. Aviones militares estadounidenses e israelíes han sobrevolado Irak, país situado al oeste de Irán, para ensayar procedimientos de ataque. Los preparativos apuntan a una operación breve y de elevada intensidad, mientras Estados Unidos aumenta su despliegue de armamento en la región, que se espera esté listo para actuar a comienzos de noviembre.
Los objetivos potenciales comprenden instalaciones nucleares, depósitos de misiles y aeronaves no tripuladas, además de infraestructuras energéticas iraníes. Entre las instalaciones mencionadas por personas familiarizadas con los planes se encuentra el complejo nuclear de Pickaxe Mountain. Algunos funcionarios consideran que otra campaña de gran magnitud podría perjudicar gravemente la economía iraní y obligar a Teherán a aceptar concesiones diplomáticas.
El alcance de los ataques sigue sujeto a decisiones políticas. Algunos funcionarios sostienen que Trump procuraría excluir la infraestructura petrolera iraní para evitar nuevas subidas del precio de los combustibles, que ya se han encarecido desde el comienzo de la guerra en febrero. La necesidad de mantener esa contención es uno de los factores que intervienen en la selección de objetivos.

La amenaza de una nueva ofensiva cumple también una función en las conversaciones entre Washington y Teherán. Estados Unidos pretende obtener cambios en el programa nuclear iraní y en el control del estrecho de Ormuz, mientras las negociaciones encaminadas a resolver el enfrentamiento permanecen prácticamente estancadas desde hace meses.
El desacuerdo nuclear continúa sin solución. Irán afirma que sus actividades tienen fines pacíficos, pero ha enriquecido uranio a niveles muy superiores a los necesarios para usos civiles, ha impedido el acceso de inspectores y mantiene un programa de misiles balísticos. Washington exige el desmantelamiento del programa nuclear. A comienzos de octubre, el vicepresidente JD Vance señaló que Irán debía reducir de manera “significativa” su capacidad de enriquecimiento de uranio para satisfacer las exigencias estadounidenses. Teherán ha rechazado esas condiciones.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, realizó esta semana una visita secreta a Israel y se reunió con Netanyahu para tratar las “amenazas en la región”. La Casa Blanca, por medio de uno de sus funcionarios, evitó pronunciarse sobre los planes descritos y sostuvo que todas las opciones permanecen disponibles para impedir que Irán obtenga armas nucleares.
El Gobierno iraní ha advertido de que una nueva campaña de bombardeos provocaría una ampliación de sus objetivos de represalia. Hasta ahora, sus amenazas han comprendido buques comerciales e instalaciones energéticas. Las autoridades de Teherán han incluido además entre los posibles blancos centros de datos y cables submarinos de internet.

También existen repercusiones electorales previstas para Israel. Una versión difundida días antes de estas informaciones atribuyó al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, teniente general Eyal Zamir, una advertencia a sus interlocutores estadounidenses: un ataque de esa naturaleza podría obligar a aplazar las elecciones israelíes programadas para la semana siguiente. En Jerusalén se considera que Irán respondería a una ofensiva estadounidense con un ataque masivo de misiles contra territorio israelí.
El 9 de octubre, Trump declaró que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones de medio término. Su posición mantiene especial relevancia para el calendario de los preparativos, en un contexto de bajos índices de aprobación del presidente y de decisiones militares que todavía no han recibido autorización definitiva.
La actual guerra comenzó el 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos iniciaron una campaña militar contra Irán. Las autoridades militares y otros dirigentes israelíes presentaron entre sus objetivos debilitar las capacidades armadas de la República Islámica, reducir las amenazas derivadas de sus programas nuclear y balístico y crear condiciones para que la población iraní pudiera derrocar al régimen.
En respuesta, Irán atacó con misiles a Israel y a otros aliados estadounidenses de Oriente Medio, además de bloquear el estrecho de Ormuz. Antes de la guerra, por esa vía marítima transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Estados Unidos, a su vez, ha establecido un bloqueo sobre los puertos iraníes y sostiene que consigue escoltar buques a través del estrecho pese a los repetidos ataques de Irán contra embarcaciones.

Las dos partes mantienen, por tanto, sus posiciones respecto del programa nuclear, al mismo tiempo que Estados Unidos e Israel continúan los preparativos militares. La posibilidad de utilizarlos permanece abierta, pero las decisiones sobre el momento, la extensión de los objetivos y la autorización final de una nueva ofensiva siguen sin resolverse.










