General Atomics Aeronautical Systems (GA-ASI) completó dos etapas clave para dotar a la aeronave pilotada de forma remota MQ-9B de capacidad de ataque a distancia con armamento lanzado desde el aire, una iniciativa anunciada hace algunos meses. La empresa concluyó la Revisión de Requisitos del Sistema (SRR) y la Revisión Preliminar de Diseño (PDR) correspondientes a la integración del misil noruego Joint Strike Missile (JSM).
Durante el Salón Aeronáutico Internacional de Farnborough 2026, GA-ASI informó que ambas evaluaciones finalizaron en Noruega el 30 de junio de 2026. El proyecto fue financiado por las dos compañías participantes y, según la empresa, la nueva capacidad estará disponible próximamente para el MQ-9B y sus operadores.
GA-ASI completó dos revisiones clave para integrar el misil JSM en el MQ-9B. El proyecto busca proporcionar a la plataforma no tripulada una capacidad de ataque aire-superficie de largo alcance.
Jens Gjestvang, vicepresidente sénior de Misiles y Aeroestructuras de Kongsberg, señaló en declaraciones citadas por GA-ASI que la incorporación del JSM a una plataforma no tripulada como el MQ-9B “permite ejecutar un conjunto de misiones de ataque de alta capacidad, ya sea en coordinación con aeronaves tripuladas o de forma independiente”. También sostuvo que “esta es una capacidad operativa que suscita un interés cada vez mayor en el sector de la defensa”.

La familia MQ-9B SkyGuardian y SeaGuardian ha ganado relevancia en misiones que requieren operar a una distancia de seguridad, dentro de entornos permisivos y con una autonomía prolongada sobre la zona de operaciones. Su antecesor, el MQ-9A, ha registrado pérdidas considerables en los conflictos actuales de Oriente Medio.
El MQ-9B amplía sus misiones más allá del ataque a distancia
Además de los ataques aire-superficie de largo alcance, el MQ-9B puede destinarse a tareas de guerra antisubmarina (ASW), defensa contra sistemas aéreos no tripulados (C-UAS), alerta temprana aerotransportada (AEW) y operaciones en el espectro electromagnético. El empleo de drones en estas funciones también permite reservar los sistemas tripulados, más costosos, para otras misiones.
El combate aire-aire constituye otra capacidad en desarrollo para este tipo de plataformas, como muestran los programas MQ-28A Ghost Bat, Kizilelma y FQ-44A Fury.
Niki Johnson, vicepresidenta de GA-ASI, subrayó la posibilidad de combinar las prestaciones de dos plataformas ya existentes para responder a las necesidades del campo de batalla. “Reconocemos el valor que el JSM aporta a nuestra plataforma MQ-9B. Este proyecto de integración demuestra que la industria puede colaborar con eficacia para incorporar nuevas capacidades y ponerlas con rapidez a disposición de nuestros combatientes”, afirmó.
La compañía calificó los modelos MQ-9B SkyGuardian y SeaGuardian como “sistemas aéreos no tripulados líderes del sector”, mientras que presentó el JSM de Kongsberg como “un sistema de armas de referencia para atacar objetivos de alta prioridad”.
“El MQ-9B es una plataforma no tripulada de gran autonomía que puede ejecutar misiones sobre tierra y sobre el mar. El JSM es un misil aire-superficie furtivo de quinta generación destinado a objetivos de alta prioridad”, agregó el comunicado.
GA-ASI estudia también la integración del JASSM y el LRASM

En febrero, cuando anunció sus planes para integrar en el MQ-9B el JSM, el misil conjunto aire-superficie de lanzamiento a distancia AGM-158B JASSM y el misil antibuque de largo alcance AGM-158C LRASM, GA-ASI explicó que sus ingenieros ya analizaban factores estructurales y cinemáticos. Entre ellos figuraban los efectos de estas armas sobre el alcance, la velocidad y la estabilidad de la aeronave.
La empresa identificó las grandes extensiones del Pacífico occidental como el teatro de operaciones que justificaría el desarrollo de estas capacidades. El propósito es mantener objetivos bajo amenaza desde distancias mayores y durante periodos más prolongados mediante una función independiente, aunque coordinada con aeronaves tripuladas.
El comunicado publicado entonces también describió un posible empleo operativo. Los MQ-9B podrían mantenerse fuera del alcance de los sistemas enemigos de largo alcance diseñados para negar el acceso y restringir las operaciones en una zona (A2/AD). Bajo control humano desde estaciones terrestres y conectados en red con otras plataformas tripuladas, podrían lanzar misiles de largo alcance tras recibir la orden de cualquiera de esos elementos.
Representación conceptual de varios MQ-9B equipados con misiles JASSM, LRASM y JSM. Crédito de la imagen: GA-ASI.
GA-ASI manifestó en aquel momento su confianza en que sería posible instalar estos misiles, de peso considerable, en aeronaves pilotadas de forma remota de gran altitud y larga autonomía (HALE). Asimismo, indicó que tenía previsto “efectuar el vuelo de prueba de al menos una de estas nuevas armas en 2026”.
La carga útil del MQ-9B condiciona las posibles configuraciones
La imagen conceptual difundida por la compañía mostraba tres MQ-9B. Uno aparecía equipado con tres misiles JSM, mientras que los otros dos transportaban un JASSM y un LRASM, respectivamente. Sin embargo, GA-ASI no ha aclarado si esas configuraciones representan la capacidad efectiva de carga del MQ-9B con dichas armas.
El SkyGuardian y el SeaGuardian disponen de una capacidad de carga útil de 2.155 kg, equivalentes a 4.750 libras, repartida entre nueve puntos de anclaje: ocho bajo las alas y uno en la línea central. El JASSM pesa 1.200 kg, o 2.600 libras; el LRASM alcanza los 1.250 kg, o 2.760 libras; y el JSM tiene un peso de 416 kg, equivalente a 917 libras. Sobre la base de estas cifras, la representación parece aproximarse razonablemente a la configuración real que podría emplear el MQ-9B.

Otras imágenes presentadas durante la edición de 2023 de la exposición Avalon, en Australia, ya representaban un MQ-9B SkyGuardian con dos misiles JSM bajo cada ala. Aquella ilustración conceptual incorporaba además un radar de búsqueda marítima en la parte inferior del fuselaje y dos contenedores de guerra electrónica Sledgehammer.
La configuración más reciente podría exigir la retirada de esas dos cargas para instalar los JSM. En ese caso, la designación y la actualización de los objetivos dependerían de la capacidad del misil para recibir modificaciones de misión después del lanzamiento. Según el fabricante, cada JSM pesa 416 kg, equivalentes a 917 libras.





